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La normalización de lo absurdo

Necesitamos como sociedad del pensamiento crítico. Imagen: Integramente

Normalizamos lo absurdo. Dejamos que, impunemente, violen nuestros derechos, nos ultrajen hasta sentirnos vulnerables. ¿En qué momento llegamos a este punto? Y uso “nos” porque me incluyo, porque soy de quienes ante un “no aceptamos transferencia” –uso el ejemplo más común por estos días–, bajo la cabeza derrotada y saco el poco efectivo que tengo o me quedo sin la compra.

Pienso: “Es mi derecho, puedo pagar como desee. ¿Dónde están los inspectores, los que tienen que velar por que esto se cumpla? ¿En qué momento permitimos que se quebranten las leyes a diestra y siniestra?”. Cuestionamientos de muchos que flotan en el vacío.

Ante tanta inacción e inobservancia de lo establecido, me resigno, busco el producto en el siguiente comercio y recibo igual respuesta. Normalizo lo absurdo e intento creerme las mismas excusas gastadas: que si ya recibí todas las trasferencias del día, que si la conexión está mala, que si olvidé el QR en la casa, o un rotundo NO, sin la más mínima justificación, como si fuesen intocables, los mesías salvadores a los que siempre, por desgracia, tenemos que acudir.

Ilusa ante el poco frecuente sí, pregunto: “¿Es pago en línea?”, y la interrogante se responde automáticamente cuando me dan un número de tarjeta escrito en un papel. Entonces, la esperanza de la bonificación desaparece, transfiero sin cuestionarme, porque llega un punto en el que la falta de control nos convierte en personas resignadas y permitimos que nuestros derechos sean vulnerados sin oponer resistencia.

Sí, normalizamos lo absurdo, y lo absurdo no viene solamente de mipymes o del sector no estatal, hasta en el propio Coppelia –donde históricamente hemos normalizado las bolas huecas y el agua caliente– no nos admitieron el pago por transferencia el pasado 14 de febrero.

Aceptamos esas constantes violaciones de la ley, tanto los perjudicados como los que deben velar que se cumpla lo establecido, hasta el descabellado escenario en el que no nos cuestionamos por qué pagamos la malanga o el tomate a una cifra exorbitante si supuestamente los precios de los productos agropecuarios están topados, o damos los tres billetes de 100 al chofer del almendrón cuando es sabido que ese no es el dinero que cuesta la ruta. No hay opciones, excepto caminar o que te falte la vianda en la mesa.

Multiplicamos por cero las leyes, nos olvidamos de que existen y el consumidor, el pasajero, el cliente, pasan a ser el lado débil por el que siempre se rompe la cuerda. A río revuelto, bien lo dice el refrán, ganancia de pescadores. Y si ese río no tiene control, el escenario pasa a ser un cardumen de pirañas.

Ayer, después de las inundaciones, el video del niño siendo succionado por la alcantarilla se compartió una y otra vez en las redes sociales. Días antes, uno en el que se reían y burlaban de una persona drogada. El morbo se multiplica cada vez que alguien comparte videos de ese tipo en su perfil. Vivimos en una sociedad en la que para algunos es más urgente grabar y distribuir el contenido que dar la mano y ayudar. Y pocos se cuestionan. Se normaliza lo absurdo. 

Lo más preocupante es al punto al que nos está llevando esa inacción: una sociedad que normaliza lo ilógico, que prioriza el morbo sobre la empatía y que se conforma con ser espectadora.

¿Queremos una Cuba así, despreocupada, de brazos cruzados, que  se deja avasallar cuando no se cumple lo establecido, zombis de la tecnología, sin pensamiento crítico, a los que solo les interesa consumir la banalidad y mediocridad? ¿A dónde vamos a parar si seguimos normalizando lo absurdo?

Urge revisitar nuestros valores, cuestionar lo que vemos y actuar con responsabilidad, exigir el cumplimiento de las leyes, defender nuestros derechos ciudadanos, recuperar la empatía y el sentido común, dejar que lo absurdo sea solo eso: lo opuesto al buen sentido, lo arbitrario, lo improcedente, lo disparatado, lo que no puede convivir en nuestra sociedad socialista. Definitivamente, lo absurdo no puede ser la norma.

En video, aparece cuerpo del menor reportado desaparecido durante la inundaciones