Observo con frecuencia a personas intelectualmente eruditas, socialmente brillantes, poseedoras de insignes tÃtulos académicos, que en la vida privada son irritables, destempladas, emocionalmente infantiles. No soportan crÃticas y mendigan elogios. En ellas existe una nÃtida división (y un conflicto) entre lo racional y lo emocional.
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