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París, día 12: Ni vikingo, ni gimnasta, Erislandy es campeón olímpico de boxeo

Erislandy vence a Sofiane Oumiha. Foto: Ricardo López Hevia.

Fue el último en alcanzar el boleto olímpico por la escuadra de boxeo y el único que regresará de París con el oro en su pecho. Fue el único de la propia selección que desde el primer combate salió a pegar golpes y no a fintar o esperar contrataques. Fue el único pugilista capaz de silenciar el Estadio Philippe-Chatrier, el mismo donde se celebra el Roland Garros, y recibir aplausos y respeto por su victoria ante un ídolo local.

Erislandy Álvarez nos recordó en su pelea ante el campeón mundial Sofiane Oumiha, por el título más codiciado, aquel estilo de combate de Armando Martínez, Ángel Herrera, Robeisi Ramírez, Adolfo Horta, y otros tantos que, apenas sonaba la campana, sus puños se convertían en máquinas afiladas para llenar de moretones la cara del adversario, tuviera el palmarés que tuviera.

El 7 de agosto, el muchacho de Cienfuegos se proclamó campeón con un primer round convincente, efectivo, sin miedo, con la guapería de dar y que no te den, o de dar dos y recibir uno. Le aceptó los retos de las combinaciones por dentro, al estómago y ahí mismo los cinco jueces inclinaron sus boletas por él.

Ya en el segundo asalto volvió a la misma táctica, pero solo dos hombres de blanco lo vieron triunfador, por lo que en los últimos tres minutos salió como un tren por la única vía férrea posible y sin frenos para llegar más temprano a la cita con el Olimpo. Y lo consiguió, convenció a un tercer juez y su mano levantada fue la expresión más exacta de que todavía en el deporte gana siempre el mejor.

Su recuerdo de la gimnasia artística lo puso de inmediato sobre el ring mientras celebraba el día más feliz de su vida, después de su cumpleaños. Dio giros mortales hacia atrás, hacia delante, bailó, enseñó su expresión más sincera de cubanía y felicidad. Y no faltó quien le gritara: “Arriba, vikingo, arriba”, como tantas veces le dicen en los entrenamientos, en la finca del Wajay.

Solo que esta vez ni vikingo, ni gimnasta. Erislandy es el monarca olímpico de París 2024 en la división de 63.5 kilogramos del boxeo. Es el oro 42 para Cuba en la historia olímpica de este deporte. Es el regalo que tanto le debía a su abuela recién fallecida, precisamente el día que lograba el cupo para París.

Es también el impulso final a una delegación que tuvo su mejor cosecha por estas horas, pues Yusneilys Guzmán entró a la historia de la lucha femenina como la primera medallista olímpica con su plata en 50 kilogramos, en tanto Gabriel Rosillo sacó un bronce en 97 que, sin ser todo lo que esperábamos, complace también. Para ellos habrá otras crónicas. Hoy Erislandy Alvaréz se robó el show. Su show olímpico.