
Foto: Joel García.
Desde que la vi ganar por vez primera en una competencia grande, en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, supe que estaba destinada no solo a escribir grandes actuaciones sobre una bicicleta, sino a vencer esos imposibles que nacen al bajarse la bandera de cuadros. Y ahora no fue diferente.
Arlenis Sierra Canadilla es la poesía del ciclismo cubano y este 22 de octubre sumó otra estrofa a su larga lista de premios: segundo lugar en la prueba contrarreloj individual de los Juegos Panamericanos (26:07.11), solo superada por la estadounidense Kristen Faulkner (25:45.38), sexto lugar mundial en el 2022.
Quizás sea capricho periodístico jugar con las letras para calificar esta actuación como otro verso estremecedor, dictado por sus piernas y su indomable fortaleza física y espiritual. Quedó a 21 segundos de la monarca y apenas sacó 17 milésimas de segundo a una chilena bien conocida, Aranza Villalón.
Pero esta prueba contrarreloj de 20 kilómetros fue una rima libre para la cubana.
“El circuito parecía fácil, pero era siempre hacia arriba y complicaba las cosas. Traté de que se cayera el paso lo menos posible. Cumplí el objetivo de ganar una medalla y que me sirviera de preparación para la ruta que será el próximo domingo”.
¿Acaso alguien duda de que igualar la mejor actuación de Cuba en una contrarreloj (Yaciel Ojeda fue plata en 1995) no es poético y lírico?
Un detalle más falta por contar. Desde Cuba, su familia, su novio Leandro Marcos y su suegro Héctor Marcos vivieron cada pedalazo con la misma tensión de la primera vez.
A ellos les dedicó el primer mensaje pasada la meta y sin tomar un poco de agua. “Ellos saben que puse el extra. La tuve muy cerca, pero sabía que la estadounidense era favorita. En los últimos tiempos, he corrido más contrarreloj que ruta y me está gustando. No pierdo las esperanzas de ganarla algún día”.
Esta es la Arlenis que ya en el 2021 quedó quinta en una lid universal de ruta. Su ambición deportiva es también una aliada permanente cuando se monta sobre una bicicleta, se ajusta el casco y sale a escribir sobre el asfalto una ruta poética. Hoy, en Isla de Maipo, el verso final que colocó es tan bello como aquel de Guadalajara 2011: “Para Cuba, mi corazón; para el ciclismo, mi vida”.