No nos volvamos a engañar: nuestra frágil democracia sigue en riesgo. Recuerdo el gobierno de João Goulart a inicios de la década de 1960 y sus declaraciones de que llevarÃa a cabo reformas de base. Las Ligas Campesinas levantaban a los nordestinos. Los sindicatos defendÃan con ardor los derechos adquiridos durante la presidencia de Vargas. La Unión Nacional de Estudiantes era temida por su poder de movilización de la juventud. Era obvia la inquietud de la elite brasileña. Empezó a conspirar en el Instituto Brasileño de Acción Democrática, el Instituto de Investigaciones y Estudios Sociales y otras organizaciones hasta hacer eclosión.
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