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Arlenis es la poesía del ciclismo cubano: Sexto lugar mundial en Wollongong

Arlenis Sierra, primera campeona de los Juegos Centroamericanos de Barranquilla. Foto: EFE.

Desde que la vi ganar por vez primera en una competencia grande, aquellos Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, siempre supe que estaba destinada no sólo a escribir grandes actuaciones sobre una bicicleta.

Arlenis Sierra Canadilla es la poesía del ciclismo cubano y este 24 de septiembre escribió una estrofa más: sexto lugar en el Campeonato Mundial de Ruta en Wollongong, Australia.

No es capricho periodístico jugar con las letras para calificar esta actuación como otro verso estremecedor, dictado por sus piernas y su indomable fortaleza física y espiritual. Estuvo a una milésima de segundo de entrar en medallas, incluso de ser campeona mundial. ¡Así literalmente se ve en la llegada! Salió quizás un poco adelantada al sprint por la derecha de otra grande, su compañera del Movistar Annemiek Van Vleuten, a la postre ganadora a pesar de tener un codo fracturado.

Pero la carrera de 164.3 kilómetros fue una rima libre para la antillana. Subió lomas entre las primeras, se preservó en las escapadas, desafió la lluvia, controló los descensos húmedos y todo eso sola, sin compañera para ayudarla en nada. De las 130 que tomaron la arrancada solo 78 llegaron, pero Arlenis siempre pedaleó sola, con su experiencia y calidad como únicas armas. ¿Acaso alguien duda que rubricar la mejor latinoamericana en este mundial de ciclismo no es poético y lírico?

Un detalle más falta por contar. Desde Cuba su novio, Leandro Marcos, se recupera de una operación de urgencia. La primera llamada, el primer mensaje pasada la meta y tomar un poco de agua fue para él. “Papo, quería regalarte la medalla, la tuve más cerca que nunca, pero no pierdo las esperanzas de que nos las regalaremos algún día”. Y cuenta desde su cama el velocista de nuestro equipo nacional que alcanzó apenas a sonreír con lágrimas en los ojos.

Esa es la Arlenis que ya en el 2021 había quedado quinta en una lid universal como esta. Su ambición deportiva es también una aliada permanente cuando se monta sobre una bicicleta, se ajusta el casco y sale a escribir sobre el asfalto una ruta poética. Hoy en Wollongong el verso final que colocó es tan bello como aquel de Guadalajara 2011: “Para Cuba mi corazón, para el ciclismo mi vida”.