Murieron todos y más los colibrÃes y luego, todas las banderas, los altos grados de los fusiles, las mujeres, los cuerpos, las esferas. Se nos fue Rancaño y pareciera que descansó su cuerpo de misiles. No puedo asimilarlo, fue la espera y la tristeza inmensa que le sigue. Te voy a llorar, amigo, siempre.
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