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Fuego en la tabla de la Liga

El Madrid atenazó su ventaja sobre el Athletic en un San Mamés majestuoso. Foto: As.

Arde y arde La Liga. Jornada tras jornada, partido tras partido, el humo sale de cada estadio porque la tabla ve a un líder ahora y otro a los cinco minutos, como si los hinchas no tuvieran el corazón lo suficientemente apretado. Es lo hermoso del fútbol, sí, más la tensión de este final puede resultar nociva, sobre todo para los dos equipos grandes de Madrid, casi abrazados en la cima y abrasados por el fuego de un final de leyenda.

Este fin de semana a Simeone casi le tienen que llevar a servicios coronarios, presa del espanto en la zona técnica del Metropolitano, cuando Budimir heló a miles de colchoneros y Osasuna le pegó la daga al cuello al Atlético. Osasuna, precisamente Osasuna, una de las entidades más temidas por el Real Madrid con su clásico infierno en el Sadar, casi le tiende la mano a los merengues y le arranca el título a los indios.

Mas el Atlético tiene un don especial. Empuja, empuja siempre incluso cuando otros le ven morir. Nunca se rinde. Y basa su fútbol en eso: en empujar y empujar, como si no le bastaran los pases, los centros, los remates. El Atlético tiene un halo que es más que fútbol y ha perdido tanto que ya rema más con el corazón que con las piernas. Osasuna, un equipo chico pero bravo, no soportó la ventolera y cayó de rodillas, para calmar un poco las aguas.

El Madrid atenazó su ventaja sobre el Athletic en un San Mamés majestuoso, pero tan atípico que da hasta tristeza verlo con las butacas vacías. Uno imagina el rugir de la gente y piensa que una Catedral sin su gente no es tanta Catedral.

Y aún así visitar Bilbao tiene demasiado peligro y Zidane mandó a los suyos a ir hacia delante hasta que encontró el gol ganador. Entonces soportó cuando pudo, sin sufrir demasiado, mirando con un ojo el césped y con el otro el partido del Wanda.

Toda la previa había sido aderezada con el chisme de la marca de Zinedine otra vez del Madrid. Un deja vu del pasado. Un nuevo reto para Florentino, tan tranquilo con su mimado Zizou de capitán, tan concentrado en la construcción de su estadio. Habrá que ver qué sucede, mas este Real Madrid puede darse por complacido, puede ensalzar su grandeza para pujar por todo con un equipo remendado, casi tambaleante de tantas bajas.

Habrá que esperar al final, porque el Atleti visita el Zorrilla ante un Valladolid que lame su herida de muerte, con pie y medio en Segunda. Pocos apuestan por un zarpazo pucelano. Por si acaso, el Madrid debe vencer al Villarreal, cuyo cierre a todo tren motiva las dudas en Valdebebas. Las posibilidades apuntan en favor de Simeone. Zidane, si se va, querrá irse con la cabeza arriba. Esta Liga de locos no deja tranquilidad ni en sus últimos chisporroteos.