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La Real Sociedad de Alguacil y Olabe

La Real Sociedad es el ejemplo a seguir hoy para los clubes históricos de España. Foto: Marca.

Muchos partidos han ganado sobre la cancha y su convincente juego basado en la tenencia de la pelota ha enamorado a los aficionados al fútbol, pero el gol más importante de la Real Sociedad en la actual temporada ha llegado desde los despachos del hermoso estadio de Anoeta. El mérito de los txurriurdines, nadie lo niega, pasa por la labor pedagógica y perfeccionista de su entrenador y, también, por los constantes aciertos en los mercados de fichajes y la claridad en su proyecto del director deportivo Roberto Olabe.

Sería insensato restar un ápice de responsabilidad a Imanol Alguacil en los éxitos que han bañado la ciudad de San Sebastián durante las dos últimas temporadas, pero a veces la clave del triunfo en los deportes está más allá de lo que ve el hincha común, en el funcionamiento interno de clubes con canteras y estructuras muy complejas, y de cuyo manejo dependen los resultados finales. O si no, basta con echar un vistazo a otros ejemplos, como el Zaragoza, añejado en la Segunda, o peor aún, el Deportivo o el Racing, que se arrastran hoy por los campos de la Segunda División B.

La Real Sociedad es el ejemplo a seguir hoy para los clubes históricos de España que quieren subir un peldaño a nivel deportivo e institucional. Gestiona con eficiencia su presupuesto que, si bien dista de ser de los más pobres de la categoría, tampoco es comparable con la élite, recoge hoy el fruto de años de esfuerzos y de ponderar la inagotable cantera de Zubieta y de plantar cara al potente vecino vasco (el Athletic) para tentar a las jóvenes promesas de la región, además de arañar en los mercados en busca de sesiones y compras baratas a jugadores que todavía no han dado el salto hacia grandes clubes, pero que reúnen las condiciones para hacerlo.

Eso es la Real: un conjunto plagado de jóvenes, unos salidos de Zubieta (Oyarzabal, Zubimendi, Barrenetxea, Guevara), otros con el talento suficiente para explotar en la Primera de España y fichados gracias al buen ojo de Olabe (Isak, Portu, Merino, Le Normand), quienes unidos a rostros consagrados como William José o David Silva, llegado por demás a coste cero desde el Mánchester City, conforman uno de los grupos más interesantes de la categoría, o lo que dirían en España, una grey de jugones que saben qué hacer con la pelota y, además, gracias a Alguacil, no sufren sin ella.

Dirán los entendidos que les durará poco el liderato en La Liga y puede que tengan razón. No todos los años aparece un Leicester City al cual se le alinean todos los astros para competir y ganar un certamen en el cual convive con monstruos. Este año, por ejemplo, el Madrid y el Barcelona van tambaleándose por la ruta, pero queda el Atlético, otro gigante con hambre, cuya solidez le convierte en serio candidato una temporada más.

Pero lo que nadie le puede quitar a la Real Sociedad es la condición de equipo que mejor juega al fútbol hoy por hoy en España. Y no lo digo porque gusten de la posesión de la pelota. A fin de cuentas, eso de jugar bien es relativo y no siempre está ligado a manejar el balón más o menos tiempo. Bastaría mirar al Getafe de Bordalás, o al Granada de Diego Martínez, o tantos otros ejemplos que hay en las diferentes ligas europeas.

La Real gana y gusta porque crea más ocasiones del rival, porque mira hacia adelante siempre y no duda en atacar, porque se defienden como jabatos y conceden pocos goles, porque han sabido conseguir la madurez de chavales que en otros clubes jamás sabrían gestionar la presión.

Punto y aparte para Alguacil, a quien algunos quisieron echar hace un par de temporadas cuando perdió en Cornellá la posibilidad de asistir a la Europa League en un choque decisivo ante el Espanyol en el cual alineó a Barrenetxea. Le tildaron de loco por ofrecer tantas opciones a juveniles. Le quisieron hacer ver que no llegaría a ninguna parte con tan poca experiencia. Y se equivocaron. Él tomó nota. Mantuvo su línea y trajo a veteranos que le ayudaran a balancear al equipo: el caso más sonado es Silva, pero si el canario aporta, también lo hace Monreal, líder en defensa.

El tiempo dirá si están o no capacitados los vascos para mantenerse en la puja por los puestos más elevados de la tabla, pero por lo pronto, ellos se mantienen allí, mirando desde arriba a los demás, vivos en todas las competiciones y con una final de Copa del Rey por disputar ante sus rivales más enconados. Si les hubieran dicho eso hace algunos años a los fieles de Anoeta, jamás lo hubiesen creído. Así es el fútbol.

La frase:

“En esta vida lo único que no puedes cambiar es de madre y de equipo”. (Diego Simeone)