
Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución. Foto: Alejandro Azcuy/Cubadebate.
¿Se ha preguntado usted alguna vez cuál es la edificación más alta de La Habana? Sin lugar a dudas, el edificio Focsa y el del hotel Habana Libre, así como el monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, son las tres alturas máximas conseguidas por la mano del hombre en la capital cubana.
Desde luego no son las únicas. Llaman la atención asimismo por su elevación el edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, con 24 pisos y 94 metros de altura desde sus cimientos. No queda fuera de esta relación, entre otras edificaciones posteriores a 1959, el edificio del Hospital Hermanos Ameijeiras, con una torre principal de 112 metros.
A lo largo de la historia hubo siempre una edificación que, aunque hoy nos parezca ridícula por la escasa escala conseguida, fue la más alta de su tiempo. La torre de la Basílica Menor de San Francisco de Asís, con algo más de cuarenta y cuatro metros, fue la mayor altura que se consiguió durante la Colonia, no solo en La Habana, sino en toda la Isla. Ya en la República, uno de nuestros primeros rascacielos lo fue, en la década inicial del siglo XX, la Lonja del Comercio. Causó sensación y escándalo con sus cinco pisos de entonces y sus elevadores, aunque el ascensor era ya un invento conocido en La Habana desde los finales de la centuria anterior. Años después, el edificio Carrera Jústiz, en San Lázaro y Manrique, alcanzaba asimismo categoría de rascacielos. Tenía ocho pisos.
Fue en 1779 cuando se construyeron en la ciudad las primeras edificaciones de dos plantas. En el siglo XIX empiezan a ser frecuentes los edificios de tres plantas, y ya hay algunos con apartamentos para alquilar, modalidad esta que se generalizará después de 1917. El 28 de diciembre de 1928 el presidente Gerardo Machado abría con una llave de oro la puerta principal del hotel Presidente, en la calle G del Vedado. Era entonces, con sus diez pisos, uno de los edificios más altos de La Habana.
Ocupan sus lugares en este registro la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en la calzada de Reina, con 81 metros de altura total, y el edificio de la Gran Logia Masónica, en Carlos III y Belascoaín. La cúpula del Capitolio es, por su diámetro y altura, la sexta del mundo. La linterna que la remata se halla a 94 metros del nivel de la acera, y en el momento de inaugurarse el edificio solo la superaban, en su estilo, la de San Pedro, en Roma, y la de San Pablo, en Londres, con 129 y 107 metros de alto, respectivamente.
El edificio López Serrano, en 13 esquina a L, en el Vedado, con catorce pisos, incluyendo las cuatro plantas de su torre, le robó, en 1932, la primacía, en lo que a altura se refiere, al edificio Bacardí, de la calle Monserrate, con doce plantas, edificado en 1930, en solo 300 días. Así como el López Serrano le arrebató la preponderancia al Bacardí, el edificio América, de la calle Galiano, le discutió la altura al López Serrano, y aunque tal vez no lo superó sí fue, en 1941, con sus doce plantas y dos pisos más en la torre, una de las mayores alturas de la capital cubana.
En 1952 el presidente Batista firmó el decreto que reglamentó el sistema de construcciones llamado de Propiedad Horizontal. A partir de ahí La Habana continuó creciendo hacia arriba con más fuerza. En 1956 se construyó el edificio del Retiro Odontológico, en la calle L. Al año siguiente corresponde el edificio del Retiro Médico, en 23 esquina a N, en El Vedado. Ambos merecen la Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos.
El hotel Habana Riviera tiene 71 metros de altura sobre el nivel del mar. En cambio, el hotel Habana Libre, inaugurado el 19 de marzo de 1958, alcanza 126 metros de alto sobre el nivel del terreno. Cinco metros menos que Habana Libre tiene el edificio Focsa, con 121 metros. Era en 1956 el segundo inmueble de hormigón más alto del mundo, superado solo por el edificio Marinelli, de Sao Paulo, en Brasil.
La mayor altura conseguida por la mano del hombre en la capital cubana es, sin duda, el monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución. Su pirámide mide 141,95 metros hasta sus faros y banderas.
La estatua de Martí tiene 18 metros de alto. Fue esculpida en mármol blanco por Juan José Sicre. La cabeza fue tallada en un bloque de tres metros de alto por 2 de ancho y un peso aproximado de 18 toneladas. En total, la escultura se dividió en 52 piezas que fueron talladas al pie del monumento.
Y ya que de estatuas hablamos, digamos de paso que la Estatua de la República (14,6 metros) del Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio, es la tercera bajo techo más alta del mundo, mientras que el Cristo de La Habana, obra de la cubana Jilma Madera, con 15 metros y sobre una base de tres, es la mayor escultura ejecutada por una mujer para ser exhibida al aire libre.