El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes sorprendió a todos. En silencio había tenido que hacerse. Para romper tantas ataduras, se imponía otra vez la guerra necesaria. La acción armada de la mañana del 26 de julio formaba parte de una estrategia a largo plazo, elaborada a partir de una lectura productiva de la experiencia histórica y de un lúcido análisis de la realidad contemporánea.
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