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Semblanza de Fontán, para quienes nacieron en la patria libre que anheló

Gerardo Abreu, Fontán.

Este sábado 8 de febrero se cumplen 62 años del asesinato en La Habana de Gerardo Abreu, Fontán. Su cuerpo con 57 punzonazos, la lengua cortada, sus órganos genitales destrozados y 15 balazos para rematar el sadismo, apareció al lado del entonces edificio del Tribunal Supremo de Justicia, (hoy sede del Consejo de Ministros y el Comité Central del Partido Comunista de Cuba) demostrando así sus asesinos, su irrespeto total por la justicia.

No me agrada describir tales detalles de sus torturas y su muerte. Solo lo hago para que, los que han nacido en la patria libre que anheló, sepan cuántos sacrificios y valor la están en sus bases .

Concebían esos sicarios que quienes conocieran el castigo reservado a los que como él pretendían cambiar la situación caótica creada por la tiranía, flaquearían al ver tales mutilaciones.

No se daban cuenta que, junto con el dolor por la pérdida de un hijo valiente de la patria, estaban dejando un mensaje que ellos mismos no eran capaces de entender. Ese fue un mensaje de coraje y convicciones pues ni aún así lograron arrancarle un dato, una dirección, o el nombre de los muchos que como él o junto con él luchaban por lo mismo.

Tenía solo 26 años y, sin dudas, de haber sobrevivido, hubiera sido un pilar en la aún más compleja obra que tuvimos que hacer y continuamos haciendo para consolidar sus sueños ya hechos realidad.

Es triste pensar que no pudo ver esas ilusiones, ya parte de nuestra vida cotidiana, pero consuela constatar que no murió en balde y que su ejemplo es parte del arsenal político e ideológico para los que biológicamente pudieran ser hoy sus hijos o nietos.

Con apenas 20 años, al producirse el golpe de estado del 10 de marzo, decide buscar cómo luchar contra la tiranía. Se vincula al Partido Ortodoxo y dentro de sus filas llega ser un prestigioso dirigente de base. Un año más tarde, después del asalto el Moncada, participó en la campaña para lograr la amnistía de los moncadistas encarcelados. Conoce y se une a Ñico López, participante al asalto al cuartel de Bayamo que logró no ser detenido, y quien por orientación de Fidel comenzó a organizar las brigadas nacionales del 26 de julio, en la capital.

Ñico le encarga responsabilidades relacionadas con la labor de propaganda. El joven logra que aparezcan en las calles letreros con consignas revolucionarias, algunas de las cuales todavía han sobrevivido en los viejos muros.

Tiene una disciplina, honradez, inteligencia natural, valentía y sentido de la organización natos y particularmente una comprensión poco común entonces, –yo la adquirí mucho después en la prisión–, de la importancia de la unidad con otras fuerzas políticas como el Partido Socialista Popular muy estigmatizado por las campañas anticomunistas y por errores de esa organización que se magnificaban con ese propósito.

Cuando Ñico parte hacia México para enrolarse en la expedición del Granma, Fontán asume la dirección de las brigadas del 26 de julio en La Habana. Su actividad tan intensa atrae la atención de la tiranía, que empieza a perseguirlo tenazmente.

Tiene que sumergirse en la más absoluta clandestinidad y va conquistando la admiración, respeto y el cariño de los restantes dirigentes del Movimiento y de los hombres que combatían bajo sus órdenes.

Participa en la acción organizada por Sergio González, El Curita, jefe de los grupos de acción del MR-26-7, que el pueblo calificó como la noche de las cien bombas el 7 de noviembre de 1957.

Tuve la suerte de conocerlo en “la farmacia de Isa”, radicada en la calle L, entre 23 y 21, que fue el centro de contacto con el coordinador del MR-26-7 en la capital, Faustino Pérez, y de los jefes de acción René Rodríguez y El Curita. Y otra vez en el apartamento de Isa, en la propia calle de L, donde yo iba con mucha frecuencia, porque no fue hasta finales del '57 que tuve que pasar a vida clandestina.

Él sabía, no porque se lo dijeran, sino por su instinto conspirativo que mis relaciones estrechas con Isa se basaban en los mismos objetivos que él defendía.

No sabía su nombre ni él el mío. Me decía “doctor” por mi habitual bata blanca y porque así me llamaba Isa. Un día le pregunté a Isa por él. Me dijo su apodo, Fontán, y que era de los nuestros. No me dijo más.

No era necesario ni prudente detallar lo que cada cual hacía. Por eso allí y en la farmacia y en la casa de isa hablamos de distintos temas. Yo solía relatar mis “andanzas” en la sala Gálvez de ortopedia del Calixto García y se reía de mis anécdotas y hasta me vaticinó que sería un gran ortopédico. Pensé que era un joven universitario, como yo, pues evidenciaba naturalmente cultura y educación y me sorprendí y admiré años después del triunfo cuando supe que solo había cursado hasta el cuarto grado.

También, después del triunfo, me convencí de que tuvo que tener cualidades sobresalientes, pues acaudillar a numerosos jóvenes habaneros en aquellos tiempos siendo negro requería condiciones que no pude aquilatar entonces.

En el MINREX es particularmente recordado porque algunos compañeros suyos, cuando se constituyó la milicia en el organismo, la denominaron con su nombre.

Este próximo sábado iré al cementerio donde reposan sus restos, en vigilia,  desde allí nos estará acompañando en los nuevos combates y luchas.

Estoy seguro que habrá algunos compañeros de los que lo conocimos, pero siempre asistirán un centenar de jóvenes que escucharán allí un recuento de su vida y ese relato les servirá para dar continuidad a la obra que él emprendió y no pudo ver.

Ofrenda floral en recordación del líder clandestino Gerardo Abreu Fontán, en la sede del Consejo de Ministros de Cuba, en La Habana, el 7 de febrero de 2018. Foto: Omara GARCÍA Mederos/ACN.

Notas:
Isa, Dra. Isabel Rico Arango: Después del triunfo se incorporó a trabajar en un laboratorio farmacéutico donde fue elegida como “Heroína Nacional del Trabajo”. Jubilada fue delegada de circunscripción y elegida diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular por 10 años. Siempre acudió al cementerio en los aniversarios de la muerte de Fontán.
Ñico López: Fue asesinado después del desembarco del Granma. La Escuela Superior del Comité Central del Partido lleva su nombre.