
La carrera hacia la Casa Blanca. Foto: Getty Images.
Le perdí un poco el aprecio a los pronósticos y encuestas (aunque no tenemos una alternativa mejor en la que creer) después de noviembre de 2016, pero me siento bastante seguro de la siguiente predicción: Trump tratará de reutilizar o cambiar solo un poquito sus viejos tuits y trucos de publicidad en la presente campaña electoral.
No se espera del actual presidente ningún escrúpulo, sentido de la moral o respeto a la ley. Es lo que le ha funcionado hasta ahora y piensa que nada va a cambiar, que el pueblo estadounidense carece de memoria histórica.
Todo eso ha variado, tanto debido al creciente desgaste por el juicio político como por las opiniones dentro del pueblo llano estadounidense. Se observa a diario el despliegue de racismo, discriminación de la mujer y xenofobia; la improvisación ultraderechista en política exterior, el craso oportunismo en cada tema y otros acentuados males de la actual Administración. Si Trump piensa que puede ganar usando la misma “música” que en 2016, está rotundamente equivocado.

Mapa electoral al cierre de enero del 2020 (promedia los resultados de más de 2 000 encuestas recientes). En rojo aparecen los estados republicanos; en azul, los demócratas, y en gris oscuro o con franjas los que pueden cambiar para uno u otro partido (swing states, en inglés). Los tonos más oscuros de azul y rojo indican mayor certeza de que esos partidos ganen y viceversa. Los números son la cantidad de votos electorales por cada estado.
Para ganar las elecciones, es necesario obtener al menos 270 votos de los estados. Como se observa arriba, hay 87 votos electorales en estados como Arizona, Florida, Pensilvania, Michigan y Wisconsin, que pueden ser decididos por una pocas decenas de miles de votantes.
Incluiría también a Texas, con sus recios 38 votos electorales. La razón es que la vasta población de origen mexicano está muy disgustada con Trump por haber dicho que “los mexicanos son violadores y asesinos”, por su racismo y xenofobia y por pretender descargar el problema de las drogas en México, cuando estas son producidas porque hay quienes las compran en Estados Unidos.
En Florida, la incrementada población de origen boricua, sobre todo después de los terribles huracanes María e Irma, y los sismos recientes, va a votar mayoritariamente por el lado demócrata. Lo importante es que vayan a votar. En esos estados decisivos, el voto independiente dirá la última palabra y está cada día más contra Trump.
Los factores ganadores en el próximo noviembre
La campaña para la reelección de Trump se basa en varias premisas, todas falsas o mal presentadas: que “gracias a Trump”, la economía estadounidense es muy fuerte y las tasas de desempleo son muy bajas; que “Trump va a ganar de todas maneras”, ¿para qué molestarse en hacer campaña contra él? Incluso, ¿para qué ir a votar?; que Biden no tiene personalidad y es un corrupto, mientras que Bernie Sanders es un socialista radical y Estados Unidos y su pueblo “no están preparados para eso”; que ambos son muy viejos.
Muy comedidamente, creo que unos pocos factores ganadores en las elecciones serían:
- aumentar el sueldo mínimo a 15 dólares por hora, que es la forma práctica del crecimiento económico. La gente no cobra una porción del producto interno bruto, sino un salario,
- restringir seriamente la adquisición de armas de fuego y los permisos y las verificaciones necesarias para obtenerlos,
- extender los seguros de salud a todo el pueblo, disminuir drásticamente el costo de las medicinas (tendría particular impacto en votantes de más de 50 años),
- garantizar la gratuidad o moderar el costo de la educación en las universidades estatales (muy importante para los jóvenes, muchos de los cuales votan por primera vez),
- impulsar una política exterior pacífica, de cooperación y reducción de los gastos militares,
- invertir en la protección del medioambiente (sobre todo en el frente energético) y emprender una acción enérgica para que Estados Unidos enfrente el cambio climático.
Si alguien supone que estos factores no los pensé personalmente, tiene razón. Los copié del programa de Gobierno de Bernie Sanders.

El nivel de movilización anuncia un voto joven muchísimo más alto que en 2016. Foto: La Opinión.
Nada estará decidido hasta la noche del 3 de noviembre. Esa es la verdad pura y simple que Trump y sus acólitos quieren ocultar, para desanimar a sus oponentes, y lo hacen tanto que convierten ese concepto en una suerte de “verdad goebbeliana”. Pero no lo están logrando por completo, sobre todo por el rechazo a Trump –tanto conceptual como por el desagrado que generan su grosería y su torpe imagen pública, que se extiende cada vez más.
Desde hoy hasta esa fecha, debe quedar claro que el desgaste de Trump es un factor decisivo, unido a un mayor frente común contra el déspota y una mayor motivación de los “indecisos o independientes” para ir a las urnas y votar. Si depositan su voto más del 60–62% de los votantes habilitados el día 3 de noviembre (mucho de ese incremento relacionado con los jóvenes), las posibilidades de victoria de Trump se reducirían notablemente.

La activista sueca Greta Thunberg ha tenido un gran impacto con su denuncia ambiental entre millones de jóvenes, muchos de los cuales votarán por primera vez en noviembre de 2020. Foto: Milenio.
Peligro de fraude y de “no aceptación de los resultados”
Quiero poner un ejemplo: el 5 de noviembre de 2019, el conteo inicial mostró al gobernador de Kentucky, el republicano Matt Bevins, perdiendo ante su retador demócrata, Andy Beshear. Pero en lugar de admitir que perdió lo que se suponía una fácil reelección, Bevins declaró que había “irregularidades”, sin dar pruebas de su afirmación. Finalmente, Bevins tuvo que admitir la derrota ante la evidencia contraria.
Podríamos imaginar un escenario similar este noviembre. ¿Qué pasaría si el presidente Trump tuviera una ventaja temprana, esta se evaporase a medida que se contaran los votos, y luego se niega a conceder su derrota? La idea no es demasiado descabellada. Después de ganar en el Colegio Electoral en 2016, a pesar de perder el conteo popular por unos tres millones de votos, Trump afirmó, sin pruebas en absoluto, que al menos tres millones de votos fraudulentos habían sido emitidos para su oponente, Hillary Clinton.
En 2018, el presidente criticó las elecciones en Florida y California, donde los últimos conteos se desplazaron hacia los demócratas, sugiriendo (sin evidencia, como siempre) que hubo juego sucio.
Durante el juicio de impeachment de Trump, la semana pasada, el representante Adam Schiff (demócrata por California) dijo que “no podemos estar seguros de que el voto será bastante ganado” en noviembre debido a las acusaciones de que Trump estaba tratando de “engañar”, presionando a Ucrania para que anuncie una investigación sobre Joe Biden y su familia.
La votación de este año es particularmente vulnerable. Hay una crisis de legitimidad porque la confianza de los estadounidenses en las elecciones ya es baja. Una encuesta de la agencia NPR encontró que solo el 62% de los estadounidenses piensan que las elecciones serán justas. Una serie de factores están contribuyendo día a día al crecimiento de esa preocupante percepción.
Los republicanos han aprobado procedimientos para suprimir votos demócratas. El estado de Kansas aprobó una ley que obliga a las personas que se registran a votar a presentar una prueba de ciudadanía, y unas 30 000 personas vieron sus registros suspendidos o cancelados.
Las “restricciones” electorales tienden a ser más agudas en las grandes ciudades, donde hay generalmente más votos para los demócratas. Los republicanos acusan a todos de manipulación intencional del voto. Durante el recuento de 2018 en Broward, Trump acusó a Brenda Snipes, jueza de ese condado de la Florida, de hacer trampas para ayudar a sus oponentes, nuevamente sin evidencia alguna.
Las elecciones intermedias de 2018 y otros eventos recientes han evidenciado el uso de trucos sucios, tanto de alta tecnología como anticuados, utilizados con sorprendente frecuencia. También hemos visto un sustancial aumento de retórica incendiaria hablando de elecciones “robadas”.
En un mitin de su campaña en octubre de 2016, en Pensilvania, Trump le dijo a una multitud exaltada, en su mayoría blanca, que “es muy importante que vigilemos a otras comunidades, porque no queremos que nos roben esta elección”, llamando directamente a las minorías como “el enemigo”.
La combinación de estos factores crea una mezcla volátil en unos muy polarizados Estados Unidos, y puede conducir a dramáticos y muy negativos resultados. No debemos olvidar que entre los aliados de Trump se cuentan el Ku Klux Klan y otros grupos violentos que agrupan a los llamados genéricamente “supremacistas blancos”. Uno de los tatuajes preferidos durante el 2019 en el sur del país fue la esvástica.
Desafortunadamente, no tenemos ninguna buena corrección a corto plazo disponible entre ahora y noviembre. No se puede confiar absolutamente nada en Donald Trump y el fascismo estadounidense para asegurar la transición democrática y la aceptación de los resultados electorales.
Las respuestas republicanas a las audiencias del juicio político (impeachment) y señalamientos de que Trump alentó la injerencia extranjera en las elecciones de 2020, no son para nada alentadoras. Muchas elecciones impugnadas van a terminar en los tribunales. Pero la Corte Suprema en sí misma está polarizada, y no es seguro que los demócratas acepten una decisión de un tribunal de mayoría republicana a favor de un republicano. ¡Mucho peligro y enfrentamiento social!
Los enemigos de Cuba y las elecciones de noviembre
Yendo de lo general a lo particular, en el ámbito de la Florida se advierte el desgaste de la ultraderecha de Miami. Entre la comunidad de personas nacidas en Cuba o de origen cubano crece el rechazo al bloqueo.
Muchas de estas personas no pueden aprobar que sus familiares no puedan recibir sus visas en Cuba; que vean menguadas las remesas; que ellos lleguen al Aeropuerto Internacional José Martí cuando quieren ir a Matanzas, Santa Clara, Camagüey, Holguín o Santiago; que sus sobrinos no tengan medicinas y un larguísimo etcétera.
En las celdas del Servicio de Inmigración y Aduanas murió el lunes 27 de enero un cubano en espera de deportación, la sexta víctima mortal desde octubre del 2019. Los factores de votación ahora trascienden, en muchos casos, lo político y lo ideológico.
Simplemente, votar por Trump se ha convertido en votar contra nuestros padres, hermanos, familiares y amigos, y compatriotas en general. Los anticubanos han cruzado un umbral de no retorno cuando atacan de la forma más indecente y brutal a la familia cubana.
Una cantidad creciente de los cubanos en los Estados Unidos (en particular en la Florida) no apoyan que quieran matar de hambre a sus hermanos para recobrar una finca o central azucarero o cualquier cosa. En noviembre de 2020, además de las elecciones presidenciales, serán llevados a votación 34 de los 100 escaños senatoriales, y la totalidad de los 435 en la Cámara de Representantes.
En el distrito electoral 25 de la Florida, Mario Díaz–Balart está siendo enfrentado por una candidata que me hace recordar el llamado de Chibás de “vergüenza contra dinero”. Su nombre es Yadira Escobar.
Algo debe estar claro. Estas no serán elecciones comunes. Este es un enfrentamiento entre el fascismo y la “democracia” capitalista o burguesa, entre la civilización –con todas sus limitantes– y la más abierta barbarie. Como dice el título de este trabajo, se cierne una gran tormenta sobre Estados Unidos, que puede afectar de una forma u otra al mundo entero.

Yadira Escobar defiende a Cuba y está categóricamente en contra del bloqueo. Está en intensa campaña por ser representante en el Congreso de los Estados Unidos. El mensaje es poderoso para las élites republicanas. La ultraderecha de Miami no controla el voto cubano como antes.