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De Maquiavelo a Twitter (I)

Desde mucho  antes de celebrarse el Noveno Congreso de la UNEAC, su comisión de creadores del cine, la radio, la televisión y las redes sociales, con la intervención de altos  ejecutivos del ICRT y el ICAIC, más especialistas del  Ministerio de Cultura, se han reunido para debatir acerca de cómo lograr mejores audiovisuales, propuestas radiofónicas y en las redes.

Existen avances: el primero es la sistematización de un diálogo. Pero como dijo el presidente Miguel Mario Diaz-Canel en un encuentro con representantes de la UNEAC y de las instituciones, había que pasar de la concertación de opiniones a la ejecución de las obras.

Hay claridad de que en el siglo XXI no se puede pensar el cine como en su época de oro, esa importante franja que cubre el pasado siglo y que  ya no es así.

Ni la televisión es igual: ¿se imaginan una escenografía de cartón que simule un bosque en un programa de hoy? Hasta los niños se reirían.

Pero todos los que escribimos, dirigen, actúan, crean música, tiran fotografías o iluminan con una lámpara ¿sabemos para qué público trabajamos, especialmente para que segmento?

Sé que el Centro de investigaciones sociales, del ICRT, CIS, tiene esa tarea. ¿Es suficiente? ¿Se sabe por edad, opción sexual, género, qué espera la población de las obras audiovisuales y radiofónicas  que se realizan?

En el libro “Revolución, socialismo, periodismo” de Julio García Luis (lo debe leer cualquier persona que desee comunicarse) se razona “Tener un sistema de retroalimentación de la población mucho más eficiente, rápido y completo. Sabemos muy poco, Lo que tenemos hoy es realmente primitivo. Un sistema de comunicación no puede estar subordinado al mismo que puede ser criticado”.

Ese volumen se imprimió en el 2013 pero responde a una acuciosa investigación para el doctorado que realizo Julio durante varios lustros.

Recuerdo en plenos de la Unión de Periodistas de Cuba en los que se debatía muy fuerte sobre la necesidad de investigar a los públicos para los que se crea un artículo, una novela o un documental.

Desde que Nicolás Maquiavelo escribió El príncipe hasta nuestros días la elaboración del mensaje ha sido vital. Porque ni entonces ni ahora se procesan ideas para nosotros mismos, sino para los otros.

El siglo XX fue un ejemplo de estudios de los públicos que realizó Goebels y sus seguidores, especialmente en ese primer mundo de narices blancas y respingadas, con la vanguardia en Estados Unidos.

¿Por qué los negros en EEUU empezaron a ser intelectuales, cosmonautas o científicos en los filmes? Las luchas civiles consiguieron parte de esa reivindicación, pero fue el mercado el que  impuso a “los de color” en el celuloide. Tenían que satisfacer a un sector poblacional (no blanquitos) con cierto poder económico, para que no siguieran siendo los tíos Tom de la cabaña.

La película más inocente de Disney o de Hollywood en general, tiene un fin de venta: unos zapatos, un colchón, un creyón de labios y siempre un modo de vida. Y lo saben hacer desde en una película de 100 millones, un video clip de 10, o un anuncio de unos pocos pesos, ellos sí conocen los públicos y casi siempre saben llegar a ellos.

Claro, lo que se gasta en encuestas, marketing y publicidad para una película o serie en EEUU, es más sustancioso de lo que invierte en  salud un pueblito centroamericano.

Entonces estoy más que clara de que una institución no tiene presupuesto en Cuba para investigar a fondo sobre qué y por qué gusta un audiovisual de hoy y otro no. Pero en nuestro país no existe solo el CIS, está el Centro Juan Marinello, el de investigaciones sicológicas y sociales,  el de la juventud y muchos más.

¿Sería imposible uniendo todos los saberes y esfuerzos saber por dónde va el gusto de los adolescentes del Vedado, de Buey Arriba y de Trinidad? ¿O cómo se comportan los hijos de los profesionales? ¿Son los mismos gustos los de personas de la tercera edad de Miramar, que los de Gerona, o Gibara? Quizás, incluso, existan múltiples investigaciones en ese sentido que duermen en una gaveta o fueron tesis de grado, defendidas ante un tribunal y nada más.

Conocer los gustos no es para ofrecer precisamente eso que satisface, sino con el fin de usar tales  recursos para que una buena canción, (por ejemplo), tenga la fotografía, la historia, efectos especiales que hacen buenos videos clip desde el punto de vista del empaque, algunos con canciones execrables.

Realizar un levantamiento enjundioso acerca de los gustos audiovisuales y radiofónicos, permitiría corregir el tiro en lo que transmitimos en nuestras pantallas.

No es un secreto que la mayoría de los jóvenes se conectan en el mundo hoy mediante las redes, donde se lee y se ve de todo. Desde la pornografía más burda hasta  la imagen que muestra la división del átomo.

¿Es suficiente el trabajo que se hace desde las productoras audiovisuales para inundar youtube, FB, Twitter con dramas capsulares, musicales o no, que reflejen nuestra historia? ¿Basta hoy para llegar a los jóvenes que cada sábado la televisión transmita una excelente serie sobre la Lucha contra bandidos en Matanzas? ¿Por qué alguno de esos actores no hacen la historia de los personajes que ellos interpretan de forma corta y atractiva, como “gancho” de la serie y circulan en FB?

Son muchas más preguntas que respuestas. Y el espacio se me acaba… dentro de siete días seguiré con el tema ¿Porque nos hemos preguntado dónde los jóvenes, estudiantes universitarios o no, leen acerca del audiovisual de hoy y ahora? Espero su comentario…

(Tomado de Televisión cubana)