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Premier 12: La estocada mortal de Corea y una certeza dolorosa

Cousin salió de una primera entrada casi por arte de magia, pero en la segunda los nervios volvieron a complicarlo con pelotazo y boleto. Foto: Yuhki Ohboshi.

Con una espesa lechada a seis manos, siete carreras bien producidas y muchas incongruencias e insatisfacciones dentro de nuestra selección nacional, Corea cumplió su guión y dio un remate esperado a Cuba en el adiós al Premier 12, torneo del que regresamos con una agónica victoria y par de reveses, pero sobre todo con una certeza dolorosa: estamos lejos de los conceptos del béisbol moderno.

El partido de este 8 de noviembre en el estadio Gocheok Sky Dome, de Seúl, casi se perdió antes del primer out. Sin cambios demandados en la alineación, con un pitcher previsible al descontrol como abridor y con un peso psicológico muy fuerte por el mal momento ofensivo frente al mejor pitcheo del Grupo C —y quizás hasta del certamen—, cuando el árbitro ordenó jugar muchos sabíamos que se encaraba un ascenso a lo imposible.

Cousin salió de una primera entrada casi por arte de magia (error y bases por bolas), pero en la segunda los nervios volvieron a complicarlo con pelotazo y boleto. En su defensa salió de inmediato Yariel Rodríguez, pero tras meter el inning en dos outs, no pudo evitar el hit de Ha Seong Kim al  izquierdo en conteo de 3 y 2 para remolcar dos carreras que hubieran bastado para mandarnos de regreso a casa.

El racimo de cuatro en el quinto fue la sentencia a una hoguera en la que más allá de si debió abrir o no esa entrada Yariel, se combinó la efectiva manera de producir carreras en el béisbol actual, a partir incluso de regalos inconcebibles de nuevo como  boleto y pelotazo, a los que le siguieron par de cañonazos, un fly de sacrificio y un tercer imparable.

La última rayita del séptimo fue solo para enseñarnos más tendencias universales que jamás podemos concretar nosotros: hit, robo de base, passball y doble remolcador. Se aprovecha todo y de preservar cada out se encargan los tiradores: uno primero con pitcheo submarino y cinco más con diferentes ángulos de salida y actuando no más de una entrada.

¿Qué respuesta presentamos ante los coreanos? Una inmovilidad de alineación que se pedía a gritos y que se traducía en Gracial en otro puesto que no fuera el tercero, Cepeda un descanso en el banco, Raúl como titular de nuevo y oportunidades para al menos dos peloteros que no viajaron de visita a Seúl, sino para jugar pelota: Pavel Quesada y Yoelkis Guibert.

Nada de eso ocurrió y Gracial falló de nuevo con dos hombres en base en el tercero y terminó el Premier sin hits; Cepeda se tomó su sexto ponche de la justa (algo casi increíble por su sobrado tacto), al tiempo que tardíamente Pavel empuñó de emergente en el noveno y se anotó el último imparable de Cuba en el torneo. Por cierto, en este último cotejo varios jugadores hicieron, por fin, la cruz en cuanto a los indiscutibles: Prieto, Ayala y Arrubarruena; mientras Samón y Roel se ratificaron como los de mayores ajustes ofensivos del equipo.

Así se sentenció una derrota anunciada y que nos sacó fuera de la lid porque al empatar con Canadá y Australia en igual balance de una sonrisa y dos fracasos, la fórmula reglamentada para el desempate es el TQB (carreras  anotadas/ Entradas a la ofensiva – carreras pemitidas/ Entradas a la defensa)  y en ella Cuba tenía saldo negativo: -146, Canadá 46 y Australia 67. De ahí el avance a la Súper Ronda de los de la Isla-Continente.

Moralejas del partido y del Premier