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La Habana que hay en mí: El Cristo de la bahía

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“Al rostro le imprimí serenidad y entereza, para dar la imagen de quien tiene la certidumbre de sus ideas" afirmó Jilma Madera, la escultura del Cristo. Foto: canal caribe icrt

Sentarse en el muro del Malecón, cerca de la bahía, recorrer con la mirada el conjunto armonioso del Morro y la Cabaña, obliga los ojos a completar la panorámica y detenerse en la figura monumental del Cristo de La Habana. En el invierno de 1987 cuando en un acostumbrado acto de fe, subí la vista, vi la enorme escultura cubierta con andamios de madera, quise saber qué ocurría con el Cristo y visité a Jilma Madera, la escultora que moldeó la estatua.

Había varias versiones circulando entre los “boleros”, una de ellas era que iban a quitar de ahí el Cristo. Como aquello me pareció un agigantado sin sentido, lo comenté con el fotógrafo que casi siempre me acompañaba desde Bohemia: el irrepetible Tony Martín. Jilma y él se conocían de años atrás y me concertó la entrevista.

En el barrio habanero de Porvenir, en la calle B, en una discreta casa que se confundía con las del entorno, vivía Jilma Madera.

“¿No me digas que pensaste lo que muchas otras personas? Me tenían loca llamándome aquí. Qué si iban a quitar el Cristo, que si lo habían vendido a no sé cuál país, en fin querida, el cubano que es muy creativo, inventa mucho, pero lo que mejor hace son historias”, me comentó la autora del Cristo de La Habana, una de las mujeres más simpática, alegre y ocurrente. Conversar con ella era un regalo de Dios.

Jilma estaba feliz porque se estaba reparando el Cristo, su más relevante y querida obra. Pero ésta no era la única vez que la estatua era atravesada por un rayo.

“Una noche del año 1961, mientras veía el noticiero de Televisión, escuché una noticia que me impactó a punto de que me subió la presión arterial, casi me da un infarto. Cuenta Jilma. La nota decía así: ‘Las inclemencias del tiempo no han respetado ni al Cristo de La Habana, puesto que un rayo le ha perforado la cabeza en la tarde de hoy’.

“No dormí en toda la noche pensando qué hacer. Al amanecer salí hacia Casablanca y comprobé que se había abierto un boquete en la pieza número 67, en la parte posterior de la cabeza.

“Me fui a la tienda La Época (había de todo y sin libreta, jajaja, era el año 1961), compré una gran cantidad de vinyl y mande a hacer un gorro enorme que cubriera a la estatua toda la cabeza hasta el cuello. Pedí ayuda a los bomberos de la calle Corrales para que me prestaran un carro con escalera alta.

“Yo misma subí y tapé el orificio para que la lluvia no penetrara e hiciera mayores estragos en la armazón interior de hierro, si el agua hubiera penetrado podía desmoronar la estatua en poco tiempo”.

“En aquella época el Cristo no importaba mucho, por tan obvias como equivocadas razones, y si yo no actúo rápido, allí lo que habría ahora sería un parque con bancos y unos viejos contando: aquí hubo un Cristo enorme que fue devorado por las lluvias”.

El Cristo, según cuentan, se hizo debido a que Martha, la mujer del entonces Presidente, el sanguinario Fulgencio Batista, había hecho la promesa de poner un Cristo en la bahía porque su esposo se había salvado en el asalto a palacio, donde murieron José Antonio Echevarría y otros valiosos jóvenes aquel trece de marzo de 1957.  Habían librado la convocatoria de un concurso para una escultura de un Cristo monumental.

“Qué bueno es hacer promesas así, cuando uno no las paga con su bolsillo, pues ese dinero saldría de las arcas del gobierno. Algunos amigos se me acercaron para decirme que no debía presentarme al concurso porque era una patraña política más de Batista. Pero yo necesitaba el dinero y si no era yo lo iba a hacer otro, y con negarme a hacer el Cristo no iba a “tumbar” a Batista” me confesó Jilma.

“Presenté mis bocetos y gané el concurso. Entendí todo lo que me reclamaban mis detractores, pero nunca me he lamentado por haber ido a ese concurso, no soy de las que se arrepiente, pues además no soy creyente, mi interés era artístico y mi motivación: el dinero que iba a recibir.

“Tenía un interés profesional con el Cristo, pues siempre acaricié la idea de plasmarlo como lo había concebido: un líder que se anticipó a su época, creador de una nueva doctrina de convivencia fraternal y de amor entre los hombres. Seguí mis principios e intenté lograr una estatua plena de vigor y firmeza humana, me comentó.

“Al rostro le imprimí serenidad y entereza, para dar la imagen de quien tiene la certidumbre de sus ideas, nunca lo pensé como ese rubicundo frágil que muestran en algunas iglesias, ni como un angelito entre nubes, sino con los pies firmes en la tierra: Mi Cristo era hombre, fuerte, trigueño, moro y estaba buenísimo. ¡Y que Dios me perdone! , me dijo Jilma que era una bromista de lujo.

“Como artista sumamente exigente le hui a la imagen de Cristo a que nos tenían acostumbrados. Quise darle la austeridad, el amor y la fuerza que lo colocaron al lado de los pobres de la tierra, como dijera Martí.

“Su rostro, sobre todo sus labios, los copié de un amor que tuve en París, era un árabe estupendo, era bello y fuerte, no sé qué será de él, pero para mí es mi Cristo, me reveló Jilma antes de soltar una pícara carcajada.

De primera mano la autora del Cristo me contó que de pronto se vio en la región que posee los mejores mármoles del mundo: Carrara, Italia. “Allí me instalé sin saber ‘ni papa’ de italiano, pues la obra apremiaba y las piezas serían esculpidas allá. Tenía sobre mí la responsabilidad de dirigir a obreros y técnicos italianos, pero siempre he sido una mujer sin miedos, tenía que vencer todos obstáculos. El proyecto se demoró tres meses en llegar, como me aburría, iba mucho al cine, repetía las películas hasta tres veces y así aprendí a hablar y a comprender el idioma de Botticelli, aunque no lo creas”

Durante un año trabajaron en Carrara, se hizo todo en mármol blanco, en piezas, como las de un rompecabezas que fueron esculpidas en Italia, para luego armarlas en La Habana.

Al final resultó todo tal y como se planeó: una estatua de 20 metros de altura con doce estratos horizontales de 67 piezas. Pesa 320 toneladas. Cada pedazo va cogido interiormente entre sí y atado a una armazón de hierro. El acabado final de manos y rostro se lo dio Jilma en Cuba, así como las modificaciones propias de una figura que se agranda tanto, precisa Jilma.

“El Cristo fue inaugurado el 24 de diciembre de 1958, y no pocos cubanos decían que era milagroso, porque solo pasaron 7 días para la huida de Batista. Otros pensaban el milagro al revés, decían que el Cristo había salvado por segunda vez a Batista, un hombre tan malvado y asesino y al final pudo huir con la familia y las maletas llenas de dinero sin que fuera ajusticiado. Ya ves, es como te digo, cada cual acomoda el santo de la forma que le conviene, y que Dios me vuelva a perdonar”.

Tres rayos y un pararrayos ha vivido el Cristo de La Habana. Cada vez que se formaba una tormenta tropical Jilma Madera, sufría por el peligro de que se perdiera el Cristo.

“No sé cuántas veces insistí para que se colocara allí un pararrayos junto a la estatua, pues a la altura en que está situado, con su tamaño agigantado, más la armazón de hierro interior, era un blanco seguro de cuanto rayo pasara por ahí. Pero en los últimos días de la dictadura estaban tan apurados robando y robando, que ninguno quiso gastar unos pesos para proteger una obra que tanto dinero y esfuerzo había costado.

“El rayo de 1961 lo restañé yo, como te dije, en 5 meses. Yo misma me subí y lo arreglé con mis propias manos. El 1982 el segundo rayo le estremeció la cabeza, estuve haciendo trámites para arreglarlo pero ya yo no podía subirme a hacer las reparaciones.

“En 1986, el tercer rayo, hice una enorme cantidad de gestiones, hasta que tuve la oportunidad de entrevistarme con Fidel Castro. Inmediatamente la Empresa de Monumentos de Ciudad de La Habana comenzó la reparación, fue exactamente el 23 de abril de 1986. Fidel dispuso que el trabajo quedara incluido en los planes de este año con pararrayos y todo. Por eso es que yo digo que con un Fidel en cada cuadra, no habría problemas en Cuba.

“Ser recibida por un hombre tan excepcional como Fidel Castro fue la culminación de la obra de mi vida. Es culto, humano, atento a todo y sabe escuchar a un artista, algo que muy pocos funcionarios, incluso de cultura, no saben.

Hablamos del Cristo, pero también de Celia Sánchez y del Martí del Turquino, otra obra de Jilma Madera, quien era desde muy joven miembro de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano, y en una de las reuniones ordinarias en 1952, una maestra pinareña propuso que de la misma forma que en los Andes existía un busto de Simón Bolívar, en el Pico Turquino debía haber uno de nuestro José Martí

“Me propusieron para hacerlo y acepté sin pensarlo dos veces pues me daba mucha satisfacción hacer un escultura de Martí.

“Lo primero fue contactar con el marqués Álvaro Caro, el dueño de la finca donde queríamos colocar el monumento. Porque el Turquino tenía dueño, increíble, pero lo tenía. Álvaro Caro me dio una carta para Antonio Moreno, administrador de la finca, y a la vez el periodista Pérez Acevedo me facilitó la dirección del doctor Manuel Sánchez Silveira. Le escribí una carta al doctor Sánchez a su casa en Manzanillo número 80.

‘Mi familia está muy interesada en conocerla, tengo 6 hijas, pero hay una que me ha encargado pedirle su aprobación para acompañarlos al Pico cuando vayan a colocar el busto’.  No tengo inconveniente alguno, le dije”.

“Aquel mismo día, una figura frágil, fresca, con aire de mujer sencilla y compleja a la vez, se me puso delante, me extendió la mano y me dijo: ‘Yo soy Celia Sánchez, la hija del doctor’. Y yo Jilma Madera, encantada de que subas con nosotros, le respondí.

“Contratamos a doce campesinos, quienes por cuatro pesos y cincuenta centavos diarios, subieron hasta el Pico Turquino con un busto de bronce de 163 libras, agua, cemento y arena. Además, ellos mismos hicieron el pedestal usando las piedras de los alrededores, pedestal que quedó muy alto porque aquellos albañiles improvisados no supieron leer el plano.

“El regocijo de Celia era visible, estaba feliz, y cuando vio terminada la obra me invitó a fotografiarnos delante del busto de Martí. Yo también estaba contenta, era una obra fruto de muchos esfuerzos, y la llevamos a cabo con ilusión y amor.

“Mientras bajábamos esa montaña, la más alta de Cuba, me puse a pensar: ¿quién vendrá hasta aquí a ver ese monumento? Era entonces tan difícil llegar hasta allí. Estaba convencida de que sería un monumento anónimo y que pocas personas lo verían. Algo de eso le comenté a Celia, y ella más que optimista, visionaria, me dijo: no creo eso, todo lo contrario, verás cuantos cubanos y de otros países vendrán un día a este Monumento. Y así ha sido.”

El 5 de noviembre de 2017 , el Cristo fue declarado Monumenrto Nacional. Para otorgar dicha condición las autoridades de la Comisión de Monumentos tuvieron en cuenta los excepcionales valores artísticos, y como la pieza devino en un hito del paisaje de la bahía e icono de alto arraigo popular en la identidad capitalina.

La historia del Cristo de La Habana, es reciente y antigua a la vez, pero a pesar de los pesares un poco de Jilma y de Celia ilumina el monumental Cristo y el modesto Martí del Pico Turquino. Dos figuras que se dieron a los demás en una entrega de amor infinito, ese que nuestra Habana a sus 500 años nos devuelve cada amanecer.

Se han publicado 11 comentarios



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  • 100% cubana, habanera. dijo:

    Muy buen artículo, me gustó mucho. Realmente estar allí, junto al Cristo de La Habana, es un relajamiento total, si Jilma Madera estuviera viva estuviera feliz, pero donde quiera que esté, lo está!!!, porque ha bendecido nuestra capital con algo bello irradiando bendiciones para todos los cubanos.

  • Ari@vileña dijo:

    Muy interesnte y bello artículo, muchas veces se pierden las historias con el devenir de los años, es necesario recordar anécdotas como estas para no olvidar como se han forjado obras tan hermosas e importantes que son parte de la identidad de Cuba, maravillosa Jilma Madera, fue una artista excepcional.

  • CDMF dijo:

    Gracias por lo que escribe, lo disfruto muchísimo y aprendo.

  • Marga dijo:

    Esa obra es un orgullo de nuestra Habana... Imponente, la he visitado varias veces y siempre me sobrecoge!

  • Dr. Eduardo Sagaro Glez dijo:

    Evidentemente Susana sabe como escribir bie. Muy buenos articulos

  • Marta O. Carreras Rivery dijo:

    Interesante y precioso artículo por la sinceridad, el humanismo y la vocación de amor de la artista -y de la periodista, para con los suyos: nosotros, los cubanos los de ayer, hoy y mañana. Gracias Susy Tesoro; de verdad: eres un tesoro. :-)

  • Amaury Ricardo Sarmiento. dijo:

    Yo fui integrante de la brigada de la restauración de año 1986 .La encabezaba el escultor Gerardo Piquera Leon.Además de la cabeza se restauró el brazo y codo derecho.

  • RealxEver dijo:

    Menos mal que surgiò Eusebio Leal y su plan para restituir a la Habana parte de lo que el tiempo y la desidia se llevo. El Cristo que yo conoci no se veia de ninguna parte de la bahia y habia que aventurarse al "otro lado" donde se descargaban los barcos con carbon, para entre malezas y arbustos apreciar su tamaño y blancura. Era 1973...

  • Eva dijo:

    Bello el artículo. Hace unos años lleve a los niños de mi CDR a visitar la casita de Marti, después fuimos caminando hasta el muelle y montamos la lanchita de CasaBlanca, subimos la escalera de Casablanca hasta el Cristo y les expliqué que la había hecho la escultora cubana Jilma Madeira, la misma que hizo el Marti del Turquino y que esta estatua fue inaugurada unos días antes del Triunfo de la Revolución.
    Le recomiendo el recorrido a los padres, es muy pintoresco. No sé si la escalinata esta transitable en estos momentos pero el Municipio debía contemplarla como un atractivo turístico. Gracias a la periodista Susana Tesoro por sus artículos sobre LaHabana, ojalá los recopile y lo publique para que llegue a más personas, puede ser hasta para el turismo para que conozcan el antes, el después y el rescate de muchos de estos lugares.

  • María dijo:

    Excelente artículo, mágico, la inspiración de Jilma vino de Dios, su cuidado por mantener la escultura, su empeño. De Fidel ni se diga, él es único, también inspirado, siempre estuvo del lado de la justicia, confió en el mejoramiento humano, tuvo una educación cristiana, que aunque no lo hizo creyente le inculcó valores extraordinarios, él mismo lo reconoció en su última Reflexión. Gracias a Jilma, a Fidel y a la periodista por tan interesante trabajo.

  • mariae dijo:

    el sábado 16/11/19 tuve la dicha de estar ahí donde se realizo una misa para bendecir a todos los cubanos y especialmente nuestra habana una emocionante tarde muy linda obra tan hermosa como la del Cristo

Se han publicado 11 comentarios



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Susana Tesoro

Susana Tesoro

Periodista cubana. Ha trabajado como reportera y columnista en la Revista Bohemia, como comentarista en Radio Rebelde, ha sido guionista y asistente de Dirección en la Televisión Cubana. Es editora y reportera de Cubadebate. En Twitter @esetesoro.

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