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La Habana que hay en mí: El Parque Central (+Video 360°)

En 1905 se colocó en el centro del parque una estatua de José Martí. Foto: Radio Habana Cuba

Siempre vi al Parque Central como un lugar de paz y sosiego. Nada que ver con lo que ocurre allí ahora. Lo conocí de muy chica, era un remanso para familias, parejas de enamorados, y sobre todo para los niños que disfrutaban del trino de los pájaros y del fluir del agua de sus fuentes. No había mucho movimiento vehicular, ni paradas de ómnibus, ni tantos hoteles. Era desde entonces, el paso de Habana Vieja para Centro Habana.

Recuerdo con mucha claridad cómo minutos antes de caer la tarde, una avalancha de jóvenes: ellas uniformadas y ellos de traje, atravesaban el Parque. Era la salida de los empleados del comercio que terminaban su jornada y partían a sus domicilios.

Mi tía Conchita Tesoro trabajaba en el Departamento Económico de una tienda en la calle Muralla, famosa por la venta de retazos de tela, los tejidos más privativos y caros, eran vendidos por pedazos al costo de centavos. El comentario familiar era que la tía había estudiado contabilidad con mucho esfuerzo, pues las clases eran caras y los materiales de estudios también. Y no era posible trabajar en uno de esos establecimientos si no tenías estudios y probada eficiencia.

Donde hoy está el ya afamado hotel Manzana de la cadena Kempimsky, se erguía un fabuloso centro comercial: La Manzana de Gómez, cuyas galerías se entrecruzaban en un paso peatonal en cruz que facilitaban el acceso y la visión a las vidrieras. Cuando el comercio decayó, este hermoso y sólido edificio resistió a los embates de varios destinos, entre ellos una escuela de enseñanza media.

En mi recuerdo de infancia el Parque estaba ya escoltado por los Hoteles Inglaterra, Plaza, El Gran Teatro de La Habana, el Centro Gallego, el Centro Asturiano, el cine Payret, el Capitolio y la reconocida esquina de Prado y Neptuno, que otrora la veía como un cruce muy populoso por la cantidad de tiendas y cafeterías.

San Rafael era otra cosa: comercios más calmados, aceras de granito y bronce, pero lo que mejor recuerdo eran las salas de cine Duplex y Rex. Una de las pérdidas imperdonables con las que cargará quien tuvo esa responsabilidad en cultura y de ahí hacia arriba. Abandonar estos dos fabulosos centros, fue realmente un acto criminal en contra de las tradiciones habaneras.

El Duplex y el Rex Cinema compartían la misma fachada, el mismo edificio y la entrada. El primero exhibía filmes de todas las épocas y reponía los estrenos. Tenía 500 butacas, todas con un movimiento que permitía recostarse sin molestar a los demás espectadores.

El Rex Inaugurado en 1938 fue el primer cine de Cuba dedicado exclusivamente a la exhibición de filmes documentales, cortometrajes y noticieros. Tenía 750 butacas.

Varias remodelaciones se han hecho en San Rafael: se hizo peatonal, y luego decenas de cambios, pero estas salas de cines permanecieron ocultas, incluso como espacios insalubres. Quien recuerda las cortinas rojo vino y el dorado de los brazos de las butacas, sabe de la elegancia y el glamour que mostraba este lugar.

Frente a estos cines estaba el Cinecito donde exhibían los últimos estrenos de Animados salidos de Walt Disney primero con los muñequitos del Pato Donald, Mickey Mouse, la Pequeña Lulú, Tom y Jerry, entre otros. Y no con menos éxitos las historias de Elpidio Valdés, obra de ese genio del cine cubano llamado Juan Padrón.

Todo este entramado cultural, comercial y social rodeaba el Parque Central. En los principios de los años 60 era, como dije, más calmado, pero de allá a la fecha allí hubo, permuteros, coleros, revendedores, la famosa tertulia donde se discutía en términos muy ardientes sobre pelota, en fin que allí se ha visto casi todo de cuanto ha pasado por la mentalidad del invento cubano.

El Parque conserva algunos árboles centenarios, su diseño muestra un trazado de sendas que convergen en pequeñas plazas interiores, adornadas por fuentes y pequeñas esculturas, bordeadas de bancos de piedra y canteros.

Los jardines destacan por sus 28 palmas reales en alusión al día del natalicio de Martí. Se observan también ocho tumbas simbólicas en forma de canteros o jardineras, con las cuales se rinde tributo a los estudiantes de Medicina injustamente fusilados por los colonialistas españoles el 27 de noviembre de 1871.

En 1905 se colocó en el centro del parque una estatua de José Martí, a instancias de una encuesta popular realizada en el año 1899 por el semanario El Fígaro. A la pregunta que hiciera la revista: ¿Qué estatua debe ser colocada en nuestro Parque Central?, se recibieron 105 respuestas distribuidas de esta manera: José Martí, 16 votos; Carlos Manuel de Céspedes, 13 votos; la Libertad, 8 votos; José de la Luz y Caballero, 7 votos; Cristóbal Colón, 5 votos; Cuba Libre, 4 votos; la República, 3 votos; la Independencia, la Revolución y la Concordia, dos votos cada una. El resto de las opiniones se repartió entre otras personalidades y figuras simbólicas que obtuvieron un voto cada una.

La estatua la moldeó el escultor cubano José Vilalta de Saavedra, ganador del concurso convocado, y que la ejecutó en su estudio en Roma, en mármol blanco de Carrara. Finalmente, fue develada el 24 de febrero de 1905.

El jueves 10 de marzo de 1949 un buque portaviones de la marina de los Estados Unidos, ancló en el Puerto de La Habana y, al día siguiente, alrededor de las 9 de la noche, sus tripulantes bajaron a tierra y realizaron una grosera afrenta a la imagen del Héroe José Martí.

De forma espontánea se fue colmando el lugar de ciudadanos indignados por semejante infamia para exigirle al marine que pretendía orinar sobre Martí que bajara. Borrachos y prepotentes hicieron caso omiso de aquellos cubanos y una andanada de botellas y vasos de los cafés aledaños volaban hacia los intrusos.

La mayoría de los provocadores, escoltados en caravana por el pueblo, fueron conducidos después a la Sección de Turismo de la Tercera Estación de Policía, situada en Dragones, entre Zulueta y Montserrate.

Robert Butler, embajador de Estados Unidos en La Habana, colocó ante la estatua de Martí una ofrenda floral y pronunció desafortunado discurso de desagravio. Y el domingo 13, un consejo de guerra de la armada solo condenó a Richard Choinsgy, el agresor principal, a quince días de prisión en las celdas del Rodman, barco que abandonó la Isla ese mismo día junto al resto de la flotilla.

Algunos de los defensores de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sentirán la nostalgia de aquel parque quieto, con sus fuentes azules de cerámica morisca vertiendo agua, con sus pajarillos, en fin, les arropará la añoranza de lo vivido.

Para mí, el Parque de hoy, remozado, rodeado de nuevos y viejos hoteles, ha renacido en una nueva época que se llena de celulares, de turistas, y sigue siendo un punto de encuentro, un hito en La Habana.

El Parque atesora una historia de tradiciones, cultura, antimperialismo y patriotismo que merecen el respeto y cariño de los cientos de miles de cubanos -y de cualquier sitio del mundo- que se detienen allí cada día para hacerse un selfie junto a la estatua de José Martí, con lo cual el Parque sigue siendo un espacio vivo.

Vea el Parque Central en video 360°: