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Qué no triunfe la insensibilidad y la voluntad de pocos

Molestia e indignación imperaban al mediodía de este sábado en una larga cola de personas que esperaban en las afueras del Bodegón "Las Terrazas" de 7ma y 32. Buena parte de ellos habían llegado al establecimiento para comprar puré de tomate, que anda medio desaparecido, y unos paquetes de albóndigas que habían sacado a la venta.

Pero lamentablentablemente, fueron unos pocos los que alcanzaron su objetivo, pues un grupo de unos cuatro o cinco hombres había entrado repetidas veces y con total impunidad habían comprado por cajas todo el tomate disponible para la venta y numerosos paquetes de albóndiga.

¿Si hay un producto en baja disponibilidad, en medio de las tensiones financieras y el bloqueo que vivimos, es lógico que se permita la venta en grandes cantidades a un grupito? ¿No se puede limitar la cantidad por personas para que se beneficien más?

Interpeladas por la población indignada, las trabajadoras de turno en el Bodegón respondieron que ellos no podían establecer límites a la venta, que sólo podía hacerlo el administrador, quien no se encontraba. Sin embargo, sí habían tenido toda la autoridad para hacer pasar impunemente, por delante de la larga cola, a la mujer que fungía al parecer como cabeza de estos compradores por cajas, que también salió con su carga respectiva.

Cuando llegué a este establecimiento para intentar adquirir un pomo de aceite, la cosa estaba encendida. "Son para revender" decían indignadas las personas, a lo que con desfachatez y bravuconería respondió uno de los supercompradores, mientras metían en varias mochilas parte del botín adquirido. Desde una de las motos eléctricas en que se mueve este equipo rápido de compras masivas, la Jefa miraba socarronamente hacia la enervada cola.

Alguien comentaba que no era la única vez que lo hacían. Otro señalaba la complicidad de los trabajadores. Un tercero decía que días atrás la misma mujer junto a uno de los hombres presentes había entrado igual de impune a la tienda, sin respetar la cola, adquirió numerosas botellas de ron y pagó sus productos por delante de los que esperaban para pagar los suyos.

Ante tal panorama y las numerosas quejas de compatriotas que recibí en unos minutos, inquirí por el administrador con la mujer que ejercía el control de la puerta , y la respuesta fue la misma: No se encuentra. No había autoridad para darle frente al asunto.

Me fijé entonces que con espacio en la tienda, eran decenas los que esperaban inexplicablemente afuera a que los mandaran a pasar; que, existiendo dos cajas sólo funcionaba una, mientras una dependiente se dedicaba al cuestionable trabajo de abrir y cerrar la puerta; que, en los portales del establecimiento había varios productos no disponibles aun para la venta que llevaban como tres días en ese sitio, según me contó una vecina del lugar.

¿Por qué se actúa con insensibilidad y poco interés por el prójimo? ¿Por qué en vez de ofrecer servicios logramos obstaculizarlos? ¿Por qué se olvida el respeto al pueblo como premisa esencial? ¿Qué combustible hace falta para mover los mejores valores en un colectivo?

No son tiempos para la desidia, la indiferencia, el dejar que imperen unos pocos por sobre muchos.

Los difíciles momentos que vivimos convocan a la sensibilidad, el buen trabajo, la solidaridad, la capacidad de solucionar problemas en el lugar dónde se manifiestan.  Como ha dicho la dirección del país, las nuevas circunstancias requieren de pensamiento y soluciones nuevas. Y hay muchos ejemplos positivos por estos días.

Lamentablemente no se logra en todos los lugares. Desafortunadamente no pasa en una unidad comercial como el Bodegón de 7ma y 32 de Tiendas Panamericanas.

De la serie PENSAR. Diseño: Rogelio Carmenate