Hay algo en el ADN de este país que reacciona patrióticamente cada vez que Estados Unidos, con un territorio 90 veces mayor, amenaza a Cuba. Es un acto instintivo de autoprotección nacional, el clic de un conmutador que actualiza el pacto de solidaridad ciudadana, el grito de resistencia que empezó el 7 de febrero de 1962, primer día del “bloqueo férreo y desalmado”, como lo llamaría Gabriel García Márquez.
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