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Madre y trabajadora: ¿qué más pedir?

Ilustración: Edilberto Carmona / Cubadebate

Ser una mamá que se divide en un millón de pedazos, mi hijo, la casa, el trabajo…es, desde hace unos meses, parte de mi día a día. Un año y medio atrás todo parecía más fácil. Era una mujer felizmente casada, amante del Periodismo en todas sus expresiones, con tiempo libre para salir, compartir, conocer… pero llegó Ernesto y lo cambió todo. Hoy soy mucho más madura y feliz; pero el tiempo no me alcanza. Ha llegado el fin de la licencia de maternidad y ahora me toca aprender con ustedes cómo enfrentar los años de mamá trabajadora que vienen.

Como yo, no sé cuántas madres y padres pasan o habrán pasado por el difícil momento de la llegada al trabajo después de un año en casa con el bebé. Es cierto que a la mayoría de las mujeres nos encanta dedicar un año por entero a cuidar de nuestros pequeños; pero llega también el momento en que la vida real nos llama y tenemos que volver a la carga.

En Cuba, las madres y padres trabajadores contamos con el enorme beneficio de una licencia por un año con posibilidad de extender hasta 3 meses de licencia sin sueldo; pero después de esta etapa llega siempre el regreso. Entonces, de jóvenes inmaduras pasamos a convertirnos en madres y padres trabajadores, y arranca un nuevo escenario que nos cambia para siempre la vida.

¿Nos dará el tiempo para ser buenos padres y al mismo tiempo trabajar en la calle? ¿Podremos rendir?, ¿o el cansancio nos consumirá ante el fregadero o la computadora ¿Y cuando lleguen los catarros y otras enfermedades de círculos infantiles? ¿Cómo sobrevivir a esos difíciles años en los que tendremos que ejercer la carrera que amamos en medio de las dificultades que impone cuidar de un pequeño ser humano y los trajines del hogar? Por supuesto que es bien difícil.

Las madres la mayoría de las veces la tienen mucho más difícil, según hemos constatado en la vida cotidiana y en los comentarios que ustedes como lectores nos dejan; pues no son pocas las que cuentan con muy poco apoyo de sus parejas y deben enfrentar cada día una doble jornada laboral, o simplemente renunciar a sus proyectos profesionales para ejercer de cuidadoras.

Sea este su caso, o no (pues también es cierto que muchas mujeres hoy escapan del estereotipo burgués y liberal de la maternidad y comparten sus proyectos profesionales con el cuidado de los hijos), no es menos cierto que la reincorporación al mundo laboral se convierte en un desafío cuando se tiene un bebé pequeño.

Es algo así como enfrentarnos a ese secreto a voces que nunca nos contaron. Desde pequeños nos preguntan: ¿Qué quieres ser cuando llegues a grande? Y todo el mundo da por hecho que será esposa, madre, y a la vez doctora, maestra, abogada, científica... pero nadie se imagina lo difícil de combinar todo eso.

Ilustración de Mafalda. Foto: Archivo.

Ser madre y trabajadora es agotador, y aventurada es quien decide asumir esta dualidad.

Pasemos a una rápida descripción:

Ser mamá y trabajdora es:

  • Vivir las constantes interrupciones en tu trabajo por las llamadas del círculo.
  • Supeditar todos tus planes en función de la salud de tu hijo y su bienestar
  • Andar siempre con dos bolsos, el tuyo, y uno de tu bebé con agua, jugos, toallitas, culeros y una moda de ropa por si se ensucia.
  • Sentir dolor en el pecho cuando llegas de última a recoger a tu hijo y lo vez mirándote con ojos llorosos
  • Envidiar a quienes han renunciado al trabajo y tienen tiempo para reuniones, fiestas, o largas tardes en el parque.

Ustedes que me están leyendo sabrán que no miento si digo que ser madre es un trabajo a tiempo completo: una labor de 24 horas al día y 7 días a la semana, que además no es remunerado, o al menos no económicamente. Una mamá o un papá cualquiera tiene que madrugar para llegar al trabajo, preparar biberones de jugo, yogurt y dos platos de comida al día, recoger bajo las camas cientos de juguetes regados, cambiar varias mudas de ropa sucias de compota o frijoles, llevar a su hijo al círculo, recogerlo, bañarlo, alimentarlo, y finalmente dormirlo.

En Cuba el tema de regresar al trabajo está muchas veces relacionado con si el niño camina o no. Conozco muchos bebés que han sido cuidados por sus abuelos o tíos y los padres pueden seguir con naturalidad su ritmo de trabajo. Pero los círculos estatales y las cuidadoras particulares tienen como exigencia que el pequeño pueda ser capaz de caminar sin caerse, y esta condición retrasa muchas veces la llegada al círculo y la consiguiente reincorporación al trabajo. Igualmente, otra demanda que reflejan mucho las madres tiene que ver con la poca disponibilidad de matrículas en los círculos estatales y las demoras para la asignación, un tema que por su complejidad no voy a abordar en esta entrada (les propongo acercarnos en un próximo trabajo), pero que indudablemente por su importancia requiere atención urgente.

Pero cuando finalmente el niño puede ir al círculo no están acabados los problemas, pues entonces llegan las dudas ¿Se comerá toda la comida? ¿Y si otros niños lo empujan? , ¿y si se mete algo en la boca? ¿Me extrañará? ¿Lo mecerán allí para dormirse? Realmente, es difícil confiarle a lo más grande que tienes a otra persona y además asumir la multiplicidad de tareas que como padres y trabajadores nos esperan. Es duro, siempre nos han contado lo bonito, pero la maternidad tiene un fuerte componente de sacrificio. Es trabajar hasta que la salud de tu bebé lo permita; correr para recogerlo antes de las 4 y 30. Saber decir hasta aquí pude llegar, aún cuando llas obligaciones se te acumulan.

Retomar tu vida laboral implica multiplicar el cansancio, pero a la vez es una pequeña habitación de descompresión de los problemas del día a día. Un espacio propio donde podemos desintoxicarnos de las cuatro paredes de la casa y coger nuevas fuerzas para devolvérsela en abrazos a nuestros hijos.

Si nos ponemos a pensar, son más las mujeres y hombres que hemos conocido como madres y padres que trabajan, que aquellos que viven una vida calmada, donde su única preocupación es su casa, su familia o el trabajo. Más diminuto aún es el porcentaje de mujeres y hombres desocupados y sin familia, que solo sufren por su físico o por no tener dinero para salir. La gran mayoría queremos familia y al mismo tiempo desarrollo profesional y económico, y este desafío entraña no pocos problemas.

Por eso, mi consejo paras las madres y padres trabajadores es que no se rindan nunca, y que sigan adelante. Nada de tristezas, culpabilidades ni ansiedades. Busquen apoyo en la familia, y abracen a esas abuelas que se quedan en las casas y se convierten en nuestros tesoros para que los padres podamos seguir adelante. Sí se puede, y la vida lo dirá.

Ustedes que me han leído hasta aquí ¿Qué ideas tienen para compatibilizar familia y trabajo? ¿Han pasado por este momento? Cuéntenme en los comentarios.