
Ivan Rakitic en un partido de liga contra el Celta. Foto: SportBall.
Comienza Kafka uno de sus textos menos kafkianos: “existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación”. El Barcelona menos Barcelona de los últimos tiempos, quizás también el menos imperfecto, llega a la salvación a partir de procedimientos aparentemente insustanciales: el fútbol no tiene que ver con la posesión, la verticalidad o las superioridades, sino con el mantenimiento compensado de los espacios.
El 4-4-2 de Valverde implica ciertos hábitos orientados a la importancia de lo que sucede detrás del balón. No se le ocurrió a Guardiola, que defendía en campo rival. No se le ocurrió a Luis Enrique, que defendía con el mediocampo abierto. No se le ocurrió tampoco al Tata Martino, a quien, realmente, no se le ocurrió demasiado. El Barça, desde hace más de dos años era ya un equipo estrecho y no conseguíamos darnos cuenta. La marcha de Xavi (y no otra cosa) fue el golpe más recio en el fútbol de los últimos tiempos. Probablemente también el más sutil: el Barcelona siguió alzando títulos (un doblete incluso, como el de este año). Valverde entendió entonces que, a falta un tipo que lidiara con líneas distantes, necesitaba a alguien que regulara la rigidez, algo que a casi nadie le interesa dominar. Fiscalizar el juego sería una manera de sobrevivir: organizar los movimientos desde la comprobación del estado del resto. Sacó de la banda a Messi. Acabó con la posibilidad del tridente. Dio a Rakitic la responsabilidad de velar por todos, quizás como si fuese un compromiso indecoroso, como si existiesen los compromisos indecorosos en los deportes de equipo. Lideró desde el medio al Barça menos decorativo. Quizás nadie lo recuerde dentro de unos años: el fútbol es una irremediable obsesión de portadas y marcas.
Contra el Madrid en el Camp Nou, Rakitic volvió a ser un tipo sensato para desestimar el trastorno posicional que significaba jugar con diez hombres. Si el Barcelona fue mejor en situación de inferioridad fue porque llevaba un año entero ensayando con las líneas compactas, a disposición del centrocampista croata, como si estuviese en una prueba definitiva donde Rakitic debe existir para moderar las iniciativas sobre la base de lo que nunca había hecho antes, como aquella vieja historia de Marlon Brando cuando recibía clases de actuación. Les piden a los alumnos que hagan como unas gallinas que acaban de descubrir una bomba en el corral. Todos se mueven de un lugar al otro, aleteando. Brando se queda tranquilo. Le preguntan qué estaba haciendo. Dice que es una gallina y no tiene la menor idea de lo que es una bomba.
Estadísticas de Rakitic en la actual temporada de liga

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