
Mi esposo y yo, en la semana 36 de mi embarazo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Mamás, papás, embarazadas y abuelitos, los invito una vez por semana a hablar sobre la maternidad en Cubadebate. Somos tantos las mujeres y hombres en Cuba que cada año nos enfrentamos a la experiencia de ser padres… que por qué no tomarnos unos minutos para reflexionar sobre aquellos temas que más nos alegran o nos quitan el sueño: el embarazo, el parto, los primeros meses del bebé, la lactancia materna, la alimentación complementaria, los primeros juegos o la llegada al círculo infantil… la lista podría ser larga, porque temas sobran si de los más pequeños se trata.
En un espacio para compartir información y experiencias quiero que se conviertan estas entradas. Un sitio para los que han sacrificado paseos, maquillaje, cine, teatro o descansos matutinos, porque han comprobado que nada es comparable con la emoción de ver a un bebé virarse en la cuna por primera vez, decir mamá, o saborear su primer puré de malanga.
He decidido ponerle por título De madre y de padre ¿Por qué ? Como todos sabemos, “de madre” es una expresión muy coloquial en Cuba, que solemos usar indistintamente cuando algo nos parece más complejo de lo normal. “Hay un calor de madre, de madre que se haya acabado la carne, la maestra se puso de madre”. De seguro muchas veces lo hemos escuchado, pero si hacemos justicia con el enorme papel que tienen los padres cubanos desde que un bebé está en la barriga, es mucho mejor corregir la frase. Así, por ejemplo: cuidar de un bebé puede ser de madre sí, pero de padre también.
En esencia, de cosas de madres y de padres estaremos conversando por aquí, de las más complejas y que nos dejan con ganas de llorar, pero también de las que nos sacan la ternura y la alegría que llevamos más dentro.
Les cuento un poco de mí: tengo 28 años, soy periodista y di a luz este agosto a mi primer bebé. Un varoncito juguetón que me ha cambiado por completo la vida, pero que me hace tan feliz que no cambio una mirada suya ni por todo el oro del mundo. Ahora soy madre, mujer, hermana, hija, esposa, pero lo más importante es que cargo en mis brazos la responsabilidad más grande que había tenido: amamantar, amar y velar cada segundo por el crecimiento y desarrollo del ser humano más pequeño que había visto jamás.
Aunque llevo 5 meses en que no pongo un dedo en una computadora, apenas salgo del cuarto, y no consigo tener tiempo para leer un libro o mirarme al espejo, me he aventurado a llevar a este espacio dentro de Cubadebate un poco de mi experiencia en este largo camino que comenzó cuando mi bebé apenas tenía el tamaño de un grano de arroz, y en el que todavía sigo dando tropezones, pero con unas ganas de aprender gigantes, y creyendo a cada segundo que lo único que hace falta para ser la mejor madre del mundo es amor.
Si les cuento un poco más les digo que soy una madre cubana como otra cualquiera: primeriza, sí, pero no tan diferente a la que tiene 3 hijos y sabe con maestría entender por qué llora su bebé; de licencia de maternidad por un año, y de seguro muy parecida a las miles de cubanas que ansían el momento de reincorporarse pero viven con preocupación el inicio de su niño en el círculo infantil. Soy, como tú que me lees, una mamá de las que amanece cada día con las tendederas llenas de pañales, de las que descansa a ratos, de las que pasa trabajo para extraerse leche para dejarle una toma a su bebé, o de las que- lo confieso- alguna que otra vez lloró con la vacuna de su niño.
Hace unos días escuché con tristeza en el Noticiero Nacional la noticia de que en Cuba decreció en mil 894 el número de nacimientos en 2017. En estos meses en que tengo el instinto maternal a pulso, lo lamenté mucho y dije para mis adentros: “Entiendo, pero lo que se están perdiendo los que lo dejan para más adelante”. No voy a adentrarme ahora en temas peliagudos que llevarían otro análisis sobre miles de aristas que influyen en el descenso de la natalidad. Simplemente, para los que aún a pesar de los problemas y las angustias económicas por el precio de los culeros desechables y las compotas siguen creyendo que vale la pena este camino, va este espacio.
Mi bebé ahora me llama desde su cuna. Me despido por el momento, pero espero desde ya por sus comentarios, y prometo hacerlos el alma viva de estas entradas. Cuéntenme sobre aquellos temas de los que le gustaría debatir o sobre sus experiencias y preocupaciones como madres y padres.

Cuidar de un bebé puede ser de madre sí, pero de padre también. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.