Cuando James Rodríguez no fue más lo que Louis-Ferdinand Céline llamaba un individuo (“muchacho sin importancia colectiva”), el Bayern dejó de ser hosco y comenzó, sin darse cuenta, a “complacerse” a través de espasmos delirantes. Delirante mientras durase lo frenético, lo impulsivo, lo impetuoso.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo