Ante la arremetida contra la España republicana, en 1937, los intelectuales se reunieron en defensa de la cultura. El desafío de la contemporaneidad se coloca, en gran medida, en ese terreno. Exige la formación de un ciudadano lúcido, bien informado, consciente de las realidades de su tiempo, afincado en principios éticos y en los valores identitarios que lo definen.
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