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Fidel Castro y la cultura de lucha y resistencia revolucionaria

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Desde los años 80 del pasado siglo se ha generalizado el concepto “política de resistencias”, para expresar nuevas formas del accionar popular en el enfrentamiento a la ofensiva neoliberal y a las consecuencias del derrumbe del campo socialista. Al mismo tiempo en muchas ocasiones se ha repetido que la Revolución Cubana es un ejemplo de resistencia frente a las políticas del imperialismo norteamericano que incluyen el bloqueo económico, financiero y comercial, disímiles formas de acciones terroristas, junto con guerra mediática y de pensamiento.

Fidel. Foto: Archivo.

Por supuesto que es válido expresar que somos un pueblo ejemplo de resistencia frente a muchos obstáculos y agresiones. Pero esa es una apreciación incompleta, si no se tiene en cuenta que la forma de resistir no se limita a acciones defensivas, sino que incluye la permanente ofensiva revolucionaria.

El hecho cierto es que en Cuba se ha desarrollado una cultura que integra dialécticamente lucha y resistencia, y su artífice ha sido Fidel Castro.  Su legado socio político demuestra que frente a las agresiones e injerencias del imperialismo norteamericano y sus lacayos no basta el rechazo defensivo, sino que debe involucrar la lucha y acción revolucionaria a partir de los intereses de la nación y la sociedad cubana, sin admitir imposiciones, ni condicionamientos.

Fidel demostró que la transformación revolucionaria a favor del socialismo ha sido el núcleo de la resistencia. Aquí radica uno de sus aportes a la teoría y práctica de la revolución social: enfrentar y desafiar los diversos intentos por subvertir la revolución y hacerlo a través de acciones transformadoras y de una cultura de lucha frente a las adversidades y agresiones.

Es un  concepto que tiene en cuenta las contradicciones externas y el antiimperialismo en los procesos hacia el socialismo. El tema se refuerza si se recuerdan los problemas enfrentados por Ho Chi Minh en Viet Nam y Salvador Allende en Chile, junto con Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro en la República Bolivariana de Venezuela, donde hoy se está librando una heroica batalla por la soberanía y la independencia nacional. Son solo algunos ejemplos de contextos diferentes en los que la dialéctica lucha-resistencia ha tenido, y tiene, expresiones muy dramáticas.

Cultura de lucha y resistencia desde las perspectivas de Fidel se expresa en el despliegue de una praxis plagada de firmeza política, radicalidad, ética y acumulado simbólico y en un pensamiento crítico de la hegemonía imperialista, de los argumentos a favor del capitalismo y en una posición política desde los intereses del pueblo.

También porque Fidel transformó los mecanismos tradicionales del ejercicio de la política al propiciar el involucramiento consciente del pueblo en las acciones defensivas y constructivas que de forma integral deben desplegar los procesos revolucionarios como el cubano. De igual forma porque promovió el aprendizaje en el pueblo, lo que se convierte en una de las fortalezas para desafiar a las fuerzas contrarrevolucionarias internas y externas, superar los miedos a hacerlo y ganar batallas para preservar la soberanía nacional y continuar la construcción del socialismo en nuevos y complejos escenarios internacional e interno.

Fidel tuvo conciencia de que la construcción del socialismo no es un camino recto o lineal, por lo que requiere de permanente renovación y descubrimiento de los nudos que pueden afectar su avance. El análisis de su obra y concepciones sociopolíticas muestra que  tuvo bien claro que se trata de un proceso contradictorio y plagado de desafíos que exige una permanente tensión creativa para evitar que decisiones coyunturales arriesguen los objetivos estratégicos.

Uno de los núcleos de la correlación entre creación revolucionaria y resistencia frente a las amenazas ha sido el reconocimiento de las tendencias del desarrollo social y del rol que tienen la subjetividad y la acción consciente de los seres humanos en la elaboración de la estrategia revolucionaria y en la implementación de las tácticas que cada momento requiere. Fidel lo reconoció utilizando el arma de la crítica para devaluar el sistema capitalista y para rechazar las concepciones dogmáticas sobre la nueva sociedad; y lo hizo desde una posición autocrítica a lo largo de  la Revolución Cubana.

El “sentido del momento histórico” le permitió adentrarse en importantes problemáticas que condicionan el desenvolvimiento de la revolución social: la salida del subdesarrollo; las vías al socialismo; la pluralidad del sujeto revolucionario; la revolución como movimiento de masas en correlación con el tema del poder político y la concepción de la revolución como proceso continuo.

Desde esas perspectivas resulta evidente que para Fidel la acción revolucionaria es la vía para enfrentar disímiles desafíos por lo que tiene que ser  creativa, permanente y progresiva. Debe basarse en los intereses del pueblo y del país; no puede estar condicionada por intereses y presiones foráneas. Para él ha sido el combate la vía fundamental de resistencia a las acciones imperialistas y a las pretensiones de cualquier variante de  reformismo antisocialista encaminado a  abortar el proceso revolucionario.  Pero además debe tener al pueblo como protagonista

Desde la perspectiva del involucramiento del pueblo y de los trabajadores en particular, las medidas y transformaciones revolucionarias han sido decisivas en los escenarios más críticos. Han funcionado como la mejor forma para resistir agresiones o enfrentar desajustes internos. Incluso han influido en la  renovación del consenso político a favor de la revolución y se han convertido en oportunidades aprovechadas para una mayor democratización de las decisiones. Varios ejemplos dan fe de la existencia de una cultura política que combina lucha y resistencia, entre los cuales destacamos los siguientes:

Entre los mecanismos políticos fomentados por Fidel se destaca la capacidad de crítica y autocrítica que con gran altura ética fue capaz de promover reflexiones y rectificaciones para enfrentar las amenazas externas e internas susceptibles de existir en el complejo proceso de transición socialista. Ejemplos de gran trascendencia e impacto social fueron la apertura de un proceso de rectificación de errores a partir de 1985 y  su intervención el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana en la que intercambió con estudiantes y profesores acerca de la meritoria hazaña del pueblo que impidió que en Cuba se produjera el derrumbe del socialismo como ocurrió en otros países, a la vez que realizó un profundo análisis de problemas endógenos que podían arriesgar la continuidad de la revolución.

En todos los casos han sido escenarios adversos que debieron ser enfrentados con medidas revolucionarias y con educación política e ideológica. En esa combinación están las bases de la resistencia, junto con las bases para la continuidad de la revolución.

Ese es uno de los legados de Fidel que contribuye al avance de la revolución: el combate como resistencia a las acciones injerencistas, a la imposición de valores y patrones de conducta ajenos a la liberación nacional y al socialismo. Es también el legado de la Revolución Cubana y un arma para enfrentar las acciones contrarrevolucionarias y la guerra de pensamiento que hoy tenemos que librar contra el imperio del norte y sus acólitos de turno, los internos y los externos. 

(Tomado de La Pupila Insomne)