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¿Por qué es legítima la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela?

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Venezolanos salen a las calles para apoyar el proceso constituyente. Foto: Agencias.

Venezolanos salen a las calles para apoyar el proceso constituyente. Foto: Agencias.

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Derrotados en las urnas el 30 de julio por más de 8 millones de infantes de la paz, el imperio y sus adláteres en Venezuela y en otros sitios han iniciado la nueva etapa de su arremetida para destruir la Revolución Bolivariana.

Intentaron boicotear el proceso más democrático que pueda realizarse en cualquier país: la elección por la gente, a través del voto secreto, libre y directo de una asamblea nacional constituyente con poderes soberanos plenos.

Desde 1999 el imperio y la oligarquía venezolana no han parado mientes en su empeño de destruir el proyecto emancipador bolivariano y chavista. Pero nunca como ahora actuaron con tanta alevosía y desenfreno. Las tropelías recientes son conocidas. El emperador acaba de sancionar al digno presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros. Cayeron todas las máscaras. Incluso las de varios presidentes latinoamericanos, que se han convertido en cómplices del plan imperial, cargado de imprevisibles consecuencias para la paz regional y los principios sagrados de soberanía y autodeterminación de las naciones.
Luego de la elección de la ANC, han comenzado a utilizar el subterfugio previsto para escalar la agresión. Pretenden deslegitimar a la ANC con el argumento de que la abstención superó el 58 %. Y los más torpes, como Henry Ramos Allup, Henrique Capriles Radonski, Julio Borges y otros voceros de la contrarrevolución aducen que solo votaron algo más de 2 millones de electores

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La noticia no es el monto de la abstención. Lo extraordinario es que ejercieran el voto más de 8 millones de personas, a pesar de los estragos provocados por la inhumana guerra económica, y a contrapelo de miles de acciones violentas, más de 100 crímenes horrendos, cientos de heridos, sanciones contra figuras del Estado, y las campañas mediáticas fascistas ejecutadas por el imperio y la contrarrevolución.

Hubo presiones insólitas vísperas de los comicios, como la amenaza del presidente Trump de que adoptaría sanciones económicas "rápidas y firmes", si el gobierno de Venezuela seguía adelante con la Asamblea Nacional Constituyente. También aplicaron castigos a varios funcionarios del Estado y jefes militares e hicieron la advertencia pública al personal diplomático estadounidense en Venezuela, para que abandonara urgente el país ante la inminencia de acontecimientos imprevisibles en un país supuestamente anarquizado.
Tal cruzada para aterrorizar al pueblo venezolano a fin de que no saliera a votar, en verdad reflejó el temor a que este ejerciera el poder de modo directo y soberano por medio de la ANC.

El acoso, los crímenes y las amenazas levantaron aún más la hidalguía de mucha gente. 8 millones 69 mil 320 venezolanas y venezolanos nadaron a contracorriente del maremoto de violencia y falacias mediáticas generado por el imperio. Y triunfaron. A pesar de tales circunstancias sufragó el 41,5 % de los electores. Una proeza histórica.

Al ejercer el voto y no sucumbir ante el terror y la coerción, ellos reafirmaron el coraje y la sabiduría del pueblo bolivariano. Enviaron un mensaje inequívoco al mundo: Votaron por la paz, y por el derecho de decidir por sí mismos su destino.

¿Acaso la abstención del 58,5% hace ilegítima la elección de la ANC? ¿Es inusual ese nivel de abstención en Venezuela? La respuesta podemos hallarla al comparar el actual proceso constituyente con el de 1999.

Es asombroso que dieciocho años después, luego que el imperio empleara contra la Revolución Bolivariana buena parte de su arsenal, en esta ocasión el pueblo venezolano, con más madurez política, organización, experiencia y conciencia de su rol histórico, ha tenido una participación numérica y cualitativa más elevada que en 1999.

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Recordemos los tres eventos comiciales del proceso constituyente de 1999. Entonces la Revolución daba sus primeros pasos y el gobierno de los Estados Unidos suponía que el joven presidente electo Hugo Chávez no era un peligro para sus intereses en Venezuela y menos a escala continental y global.

Los presidentes de los Estados Unidos (Bill Clinton), Gran Bretaña (Tony Blair), España (José María Aznar), Colombia (Andrés Pastrana), Argentina (Carlos Saúl Menem), Brasil (Fernando H. Cardoso) y otros, todos defensores del neoliberalismo y de la democracia burguesa tradicional se acercaron a Chávez y buscaron comprometerlo. Adoptaron una postura de apariencia neutral y en buena medida respetaron el proceso político venezolano, hasta que en septiembre de 2001 el nuevo gobierno estadounidense (G.W. Busch) decidiera derrocar a Chávez y destruir a la Revolución Bolivariana.

Vinieron después los numerosos sucesos e intentos conocidos: golpe de Estado de abril de 2002, golpe petrolero de diciembre 2002 y enero 2003, financiamiento y asesoría electoral a ONG’s y partidos opositores para derrotar a Chávez en el referendo revocatorio de 2004 y en posteriores elecciones, guarimbas, intentos para asesinar al líder bolivariano, uso de paramilitares colombianos, presiones y maniobras diplomáticas, sanciones a figuras bolivarianas, acciones subversivas copiadas de las llamadas revoluciones de colores, campañas contra la figura de Chávez acusándolo de dictador y populista, desconocimiento del gobierno de Nicolás Maduro, declaración de que Venezuela representa una amenaza inusual para la seguridad nacional de los Estados Unidos, guerra económica despiadada, presiones en la OEA para aplicarle a Venezuela la Carta Democrática, boicot al proceso constituyente y al diálogo de paz promovidos por el presidente Maduro. Y todo lo demás que acontece en nuestros días…

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Pero regresemos a 1999, a fin de poder hacer algunas comparaciones.

El primer evento comicial ocurrió el 25 de abril, cuando fue necesario preguntarle a los electores si estaban de acuerdo en que se convocara una ANC, consulta necesaria porque tal variante no estaba incluida en la Constitución de 1961. La abstención ascendió a 62,2%.
Al sumar la cifra de los que no votaron (6’850,747) y los que votaron en contra (300,233) resulta que del total de electores inscritos (11’022,031), se aprobó activar el proceso constituyente por el 35 % de los votantes (4’129,547). ¡El 35%!

El segundo acto comicial se realizó el 25 de julio, para elegir a 128 integrantes de la ANC. O sea, es la elección equivalente a la que acaba de celebrarse.

En aquella ocasión la abstención ascendió a 53,8%. De los 128 escaños a elegir, la alianza chavista (Polo Patriótico) obtuvo 123 y la oposición solo cinco. En porcentaje de votos, el Polo Patriótico sumó 78 % y la oposición 22%.

De los 10’ 986 871 electores, sufragaron a favor de los candidatos del Polo Patriótico 3’ 961 967. De tal modo, el 36 % de los votantes inscritos dieron la inmensa mayoría de los escaños a la alianza chavista. ¡El 36%!

El tercer evento fue el referendo del 15 de diciembre, para aprobar el proyecto de Constitución Bolivariana. Esta vez la abstención ascendió a 55,62%. La Constitución fue respaldada por el 72% de los electores y la rechazó el 22%, entre ellos Julio Borges, Henry Ramos Allup, Henrique Capriles, Antonio Ledezma, Leopoldo López, la cúpula de la iglesia católica, y toda la amalgama de entes políticos que hoy dicen defenderla.
Del total de electores (10’940,596) ejercieron el voto 4’819,056 (44,38%) y se abstuvieron 6’041,743 (55,62%). Por el NO votaron 1’298,105. La suma de esta cifra con los que no votaron, alcanza 7’339,848 (67% de los electores).

En resumen, la Constitución resultó aprobada por el 33 % del total de los votantes inscritos. ¡El 33%!

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Durante el proceso constituyente de 1999 los partidos y otros sujetos políticos de la IV República, al igual que casi todos los medios de comunicación privados de Venezuela y del mundo occidental, y la jerarquía católica, actuaron contra el empeño constituyente. Primero para evitar que fuera convocada la ANC, después para ganar el control de esta y, finalmente, oponiéndose al proyecto de la nueva Constitución y llamando a votar contra él.
Fueron muchísimas las acciones mediáticas al mejor estilo de la Guerra Fría para engañar al pueblo. Por primera vez se acusó a Chávez de ser un dictador por promover el poder soberano de la ANC y se quiso presentar a la Constitución Bolivariana como una copia de la cubana. Hasta Fidel Castro tuvo que ofrecer una conferencia de prensa en