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Hacia una guerra civil: Lo que busca Trump en Venezuela

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Varios manifestantes durante una protesta contra el Gobierno de Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto:Carlos Garcia Rawlin/ Reuters.

Varios manifestantes durante una protesta contra el Gobierno de Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto:Carlos Garcia Rawlin/ Reuters.

Mientras América Latina celebra el fin del conflicto violento más largo de la región en Colombia, he visto con mucho dolor y decepción como su vecino, y mi otra patria, Venezuela, se acelera rápidamente hacia una guerra civil. Yo viví más de una década en Venezuela, una gran parte de ese tiempo como amiga y asesora informal del presidente Hugo Chávez. Creí firmemente y defendí con fuerza y pasión sus iniciativas para erradicar la pobreza, fortalecer la democracia participativa, redistribuir la inmensa riqueza petrolera de Venezuela y asegurar la salud, la educación y la dignidad de todos los venezolanos. Hoy, muchos de esos programas bandera de Chávez que promovían la justicia social están siendo desdibujados debido a la crisis económica y política que parece seguir en escala incontrolable bajo el gobierno de su sucesor, Nicolás Maduro.

Más de cien venezolanos se han muerto durante meses de protestas anti-gubernamentales, algunos a manos de las fuerzas del estado y otros por los propios manifestantes usando armas letales.  Las manifestaciones son el resultado de varios factores, incluyendo el descontento con la situación económica del país y la falta de productos básicos de consumo, además de la alta inflación y lo que muchos ven como una erosión de las instituciones democráticas y la poca transparencia en la toma de decisiones oficiales. La oposición ni siquiera ha intentado encubrir su objetivo de lograr un "cambio de régimen" y los esfuerzos del Presidente Maduro para dialogar se han encontrado con oídos sordos. Un diálogo entre sordos tampoco puede abrir el camino hacia una resolución pacífica a la crisis en el país. Hasta ahora, ningún lado parece realmente dispuesto a negociar con sinceridad y seriedad para lograr una salida antes de que se convierta en la próxima guerra prolongada en la región.

La convocatoria del Presidente Maduro a una Asamblea Constituyente para reescribir la constitución que fue promovida por el Presidente Hugo Chávez y aprobada por la inmensa mayoría de los venezolanos en 1999 ha sido rechazado con fervor por la oposición y ha causado grandes divisiones dentro del movimiento oficialista. Maduro alega que la Asamblea - previsto para ser electa el 30 de julio - traerá paz a la nación y profundizará los derechos del pueblo y la democracia comunal. Sin embargo, él ha ofrecida razones ambiguas y retóricas para fundamentar esa afirmación, y los críticos de la iniciativa cuestionan como se puede lograr la paz si la oposición rechaza participar en este proceso.

Los críticos acusan al Presidente Maduro de utilizar la Constituyente para prolongarse en el poder, dado a que los propios promotores de la Constituyente han dicho que tendrá un poder supremo sobre todas las otras instituciones y poderes constituidos en el país, particularmente sobre la Asamblea Nacional con su mayoría opositora. Han dicho que podrían hacer leyes y ejecutarlas, y hasta actuar como un supra-sistema judicial. Hasta ahora la Constituyente no tiene una fecha prevista para terminar su trabajo y podría mantenerse activa por un tiempo indefinida.

No obstante, los que apoyan el proceso constituyente lo ven como una oportunidad de ampliar los derechos protegidos por la constitución, incluyendo la formalización de las misiones sociales como derechos constitucionales, y la oportunidad de diversificar la participación de los sectores populares en un diálogo político nacional. Existen sectores en pro y en contra, y aunque está agitando las tensiones, hasta ahora la oposición no ha ofrecido otro escenario más allá de un cambio de gobierno.

Un grupo de manifestantes construye una barricada durante una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto: Ueslei Marcelino/ Reuters.

Un grupo de manifestantes construye una barricada durante una protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto: Ueslei Marcelino/ Reuters.

La cobertura internacional de las protestas anti-gubernamentales ha sido abiertamente sesgada y pro-opositora. Ni siquiera han intentado mostrar la realidad venezolana de forma balanceada. Las únicas voces representadas en los principales medios internacionales son anti-gubernamentales y hasta los mismos reporteros no esconden su postura crítica contra el gobierno de Maduro. Es como si no existieran las millones de personas que siguen creyendo en el proyecto chavista. Los grandes medios internacionales desestiman y censuran este importante sector, invisibilizando e ignorando su existencia.

A cambio, las manifestaciones violentas han sido tratadas como "pacíficas" y "democráticas" en casi todos los medios internacionales. Periódicos de influencia mundial como el New York Times han glamorizado y tratado la imagen de los jóvenes encapuchados con bombas molotov en mano con romanticismo, como si fueran los 'freedom fighters' (luchadores por la libertad) del siglo XXI. Si transportáramos esos manifestantes a las calles de Washington con sus armas letales caseras y su discurso golpista, serían inmediatamente calificados como terroristas y la reacción del estado sería sin merced. En Estados Unidos cualquier manifestante que desobedece la ley o intente protestar sin permiso se enfrenta la detención y cargos penales. Si usara armas contra las fuerzas estatales o empleara un discurso violento contra el gobierno o el Presidente, pagaría con muchos años de prisión.

La cobertura manipulada sobre la situación en Venezuela no es nada nuevo y forma parte de una estrategia más amplia de justificar alguna intervención o acción para lograr la instalación de un gobierno favorable a los intereses estadounidenses. Hay que siempre recordar que Venezuela es un país petrolero, y no cualquiera. Tiene tal vez las más grandes reservas petroleras del mundo y está a pocos kilómetros de la frontera estadounidense. Washington considera a los recursos estratégicos de Venezuela como parte de sus intereses, porque están en su zona de influencia y los perciben necesarios para su seguridad nacional.

Desde antes del golpe de estado contra el Presidente Chávez en 2002 los principales medios internacionales han compartido una agenda de "cambio de régimen" en Venezuela y han moldeado la opinión pública internacional para justificarlo.  Y cuando sucedió ese golpe contra Chávez, medios como el New York Times, Washington Post, Wall Street Journal y otros aplaudieron esa grave erosión de la democracia en Venezuela, simplemente porque Chávez era inconveniente para los intereses de Washington. No tenía nada que ver con la protección de la democracia y el orden constitucional.

El interés de Estados Unidos nunca es la protección de los derechos del pueblo, es el control de los recursos estratégicos. Su alianza con el más grande abusador de los derechos humanos en el mundo, Arabia Saudita, es una prueba contundente de eso.

Esto no quiere decir que todo marcha bien dentro de Venezuela porque no es así. Venezuela tiene sus problemas, y son los venezolanos que deberían resolverlos dentro de su marco constitucional. Pero la sistemática manipulación de los sucesos en Venezuela para favorecer a la oposición representa un peligro muy grande para la soberanía y la salud democrática de América Latina.

Ahora Donald Trump se ha metido en la tarima contra Venezuela. Es verdad que el Senador republicano cubano-americano Marco Rubio tiene su oído y está detrás del incremento en agresiones contra el gobierno venezolano, pero no es la única razón. Trump tiene un desprecio total para los latinos y para América Latina. Es una persona racista y xenófoba. Su odio hacia el Presidente Barack Obama no tenía nada que ver con temas políticas ni nada ideológica porque incluso Trump antes era miembro del partido demócrata. Era por su color de piel.

Durante toda su campaña presidencial y ahora como presidente, Trump ha mantenido un discurso totalmente racista y agresiva hacia los latinos. Ha calificado a los mexicanos como "violadores" y "criminal