Con la llegada del verano, volvemos a asistir a los repetidos y a veces trágicos asaltos contra las murallas alambradas de Melilla, llevados a cabo –con sofisticadas técnicas y artimañas de asedio medieval– por disciplinadas columnas de jóvenes subsaharianos. En otras zonas, los “invasores” llegan casi siempre a las playas de noche –cuando no zozobran–, en silenciosas embarcaciones.
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