
Messi celebra el gol de penal conseguido ante Chile. Foto tomada de Marca.
Después del partido contra Chile en la cancha de River hemos confirmado lo siguiente:
1.- A algo raro debe jugar la selección Argentina cuando Mascherano, quarterback fallido, no necesita de snap para recoger el balón, mandarlo hacia adelante y “dirigir el ataque”. Un pase, incluso, provocaría el penal de la victoria.
2.- Lo del Patón es claro: un mariscal de campo en cada línea excepto en la de punta (Messi sería más bien un wide receiver o, lo que es lo mismo, un receptor abierto). Marcos Rojo, el encargado de los pelotazos en el fondo, acostumbrado por su posición preferente de lateral izquierdo, no dio un pase correcto hacia el frente. Quizás, en su alegato, pueda referir que no es lo mismo mandar balones al área desde un costado que desde el centro de la defensa. Tal vez pueda decir que el movimiento de la pierna, antes del impacto con el balón, es diferente.
3.- Biglia en la selección de Bauza y no en la Lazio, claro está, forma parte del club de los Eternos Mediocampistas Rellenadores de Plantillas FC que existen en todos los equipos del mundo. La culpa no es del jugador. La culpa la tiene el técnico que es quien establece los roles de cada uno con plumón encima de la pizarra. Si Mascherano tiene que ser a la vez quarterback y defensive tackle, entonces Biglia vendría siendo un ciudadano ilustre del limbo: a veces nose guard (buscando estar cerca de la nariz de Alexis porque, inexplicablemente, Valdivia saltó al campo en los últimos minutos y Vargas poco propuso) y en otras, center, para darle el balón al “jefecito” y, luego de ello, dedicarse a seguir efectuando el metabolismo, la respiración y otras cosas importantes.
Como quiera que se lea el esquema de Bauza: 4-2-3-1 sobre el papel que se convierte generalmente en un 4-4-2 en defensa (por ese hábitat anómalo para Agüero que es la mediapunta) o en un 4-2-2-2 (digámoslo distinto ahora: por ese extraño ecosistema para el Kun que es jugar detrás del 9), Biglia sigue sobrando. Como único podría rescindir contrato el antiguo mediocampista del Anderlecht con los Eternos Mediocampistas Rellenadores de Plantillas FC, sería en el caso de que la selección jugase con un 4-3-3 (en el centro un volante defensivo, uno ofensivo y otro de apoyo). Con los pulmones de Kenenisa Bekele y Haile Gebrselassie, el bonaerense podría ser el de apoyo.
4.- Mercado y Mas, más de lo mismo. En el fútbol moderno, por lo general, si tienes un lateral que se va mucho al ataque, entonces el otro debe quedarse para no dejar descompensado al equipo en la transición de ofensiva a defensa. Mercado, quizás un wide receiver retrasado, fan de las internadas y los autopases, deja demasiados espacios atrás. Craso error si por esa misma banda juega Messi, a quien a veces se vio bajar a tapar; en esa función recuperó una pelota al inicio del partido y se ganó par de aplausos Lo de Chile casi siempre llegó por ahí. Sánchez y Beausejour se combinaron en algunas ocasiones pero acabaron en nada. O en casi nada.
En su carrera, Mas comenzó jugando en el mediocampo como hombre de banda. Anotó goles en San Martín de San Juan (4 en 108 partidos) y en San Lorenzo (9). En Argentina se dice que marcó el mejor gol anulado de la historia. Su desempeño en la albiceleste es bastante gris. Solo proporciona libertades a Di María por ese carril. Es, casi siempre, una especie de cornerback con clavos enterrados en los pies que lo fijan al suelo.
5.- Higuaín y Agüero. En el once sobraba uno de los dos. O los dos. Correa o Banega por Agüero. Pratto por Higuaín. Si Mascherano es el quarterback y los balones vuelan por los aires, es mejor entonces tener a Pratto (1,88 m de estatura) que al menos le hizo un buen gol a Colombia de cabeza en la fecha anterior. No obstante, la Argentina de este siglo -y seguramente la de ningún siglo anterior ni futuro- nunca ha tenido un gran juego aéreo.
6.- Bauza tiene que pasar, de una vez por todas, del Mascherano-Garoppolo al Messi-Brady o poner alrededor de Dybala un campo de fuerza para evitar lesiones. O dejar de apostar por el fútbol americano. O no convocar a Biglia si va a jugar con dos centrocampistas. O renunciar y regresar a San Lorenzo de Almagro. O acordarse de aquellos versos que cantó en el tema Patón y conductor, del disco de Adrián Abonizio dedicado a Rosario Central, Música para canallas: “La luna brilla perfecta/ cinco estrellas me saludan/ y está muy cerca la sexta”. La sexta no está tan cerca, pero una llamada a Milán quizás pudiera cambiar muchas cosas. O dejar de decir sobre Messi, como hace un mes: “se le ve bien, ha llegado a otra final” (se refiere a la de la Copa del Rey). A las finales llegan también los terceros porteros de cada club. O que la afición cante dos de los versos de la canción del Patón: "si el triunfo no se comparte/ pa qué sirve el medallero".
Eliminatorias europeas

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