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Moulin Rouge

moulin rouge

El cine musical, el gran espectáculo que nos ofrecen estos filmes, se pensaba que era patrimonio exclusivo de Hollywood. No se puede negar que el cine norteamericano inventó y codificó este género, que por cierto, no ha sido continuado en el tiempo con la misma intensidad que en su época de oro.

Es aquí que irrumpe en 2001 un filme australiano: “Molino Rojo”, que es todo un descubrimiento. Se filmó completamente en estudios en Australia, y su estrella es la gran actriz Nicole Kidman, una de las figuras más importantes del cine actual, incluyendo el norteamericano.

El marco en el que se desarrolla la historia es interesante y original, porque refleja toda una época de la cultura francesa a principios del siglo XX. El cabaret Molino Rojo, referente obligado de la cultura francesa y parisina.

Toulouse-Lautrec, un pintor y hombre bohemio que hizo famoso con su obra pictórica las bailarinas del célebre “Can Can”, acuñó la frase “Revolución Bohemia” a lo que sin dudas fue un amplio movimiento artístico en el cual se movieronsurrealistas,expresionistas,pintores, actores, en una explosión de talento y ganas de cambiarlo todo.

Sin dudas, por lo menos todo el arte y la cultura de los comienzos de siglo XX, estuvieron marcados por esta forma de pensar, eso explica que en un cabaret de variedades donde se interpretaba un baile popular, el pintor Toulouse-Lautrec y el movimiento cultural de que hablamos, lo convirtieron en una joya de la cultura.

Nuestra historia comienza cuando a un personaje muy rico, físicamente desagradable y con título de nobleza, El Duke (Richard Roxburgh), se le ocurre financiar una obra para el teatro de Montmartre que siempre había tenido problemas financieros. Las intenciones de este personaje no tienen nada que ver con el arte, ni con la música, sencillamente ha quedado extasiado con la actriz “Satine“ (Nicole Kidman), una mujer muy bella y además con todo el misterio de la vida bohemia que para El Duke es un enigma.

Queda bien claro, en los tratos económicos entre El Duke y el director de escena Harold Zidler (Jim Broadbent), que la estrella del espectáculo debe compartir con él algo más que una relación económica, en fin tiene que prostituirse artísticamente.

Comienzan los preparativos, pero surge un problema inesperado: la actriz está siendo cortejada por un escritor joven con el nombre de Christian (Ewan McGregor). Este joven es el típico héroe de la Revolución Bohemia, vive muy pobremente en una buhardilla de mala muerte. Su ilusión es escribir la historia del teatro, aunque también aquí funcionan otras intenciones.

La actriz no sospecha los sentimientos del joven, sencillamente no se le ocurre semejante situación, ella va a hacer su obra con su elenco habitual y va a seguir su vida, pero el joven enamorado, en un momento del filme le confiesa su amor, lo hace en el tono apasionado y sincero de una verdadera pasión. Ella lo escucha sin darle importancia, aparentemente, sin embargo tiene un recurso de gran actriz, se hace la que no le interesa, pero algo en ella está cambiando.

Ella le replica con un cinismo que también ya tiene algo distinto. Le aclara: “Soy una cortesana y debo servir a los hombres”. El joven, por supuesto, siguió escribiendo, acosándola, no dejará nunca de amar a Satine.

En medio de este melodrama tan interesante se comienza a montar la obra. Carpinteros, escenógrafos, tramoyistas, hacen su trabajo, y aquí hay que recalcar que la fotografía del filme es extraordinaria, la belleza nunca falta, el director y productor (Baz Luhrmann) se propuso y logró un gran espectáculo.

Pero mientras se desarrolla la acción para montar la obra, el joven enamorado mantiene su ilusión y sigue enamorando a la actriz que al fin le empieza a corresponder. El responsable del teatro Harold Zidler (Jim Broadbent), se acerca a la actriz con gran dulzura y le advierte que no aspire a lo imposible pues la obra tiene que hacerse para salvar el Teatro, además, le recuerda que El Duque es un hombre con muchas posibilidades y el joven es un más que pobre escritor.

Este romance típicamente melodramático se desarrolla como es de esperar, comienzan a verse a escondidas, El Duque, para conjurar las evasivas que ella le da, contrata a un matón que la sigue todo el tiempo con un revolver enorme, que menciono porque ocupa un momento interesante en la trama.

Lleguemos al final. La joven actriz, que tose continuamente, descubre sangre en su boca. ¡Qué horror!, está tuberculosa según el médico que la ve de inmediato. Esta enfermedad era mortal en esa época.

Esto es otro impedimento para el romance, pero ella, ni nadie de la compañía teatral le dice nada al joven, éste, en un arranque de ira, en el escenario frente a toda la compañía tira unos billetes para pagar los favores de la actriz.

Escenario típico de una obra que tenía que terminar así. En una de las representaciones, la actriz se desmaya, los pocos que saben lo que pasa, acuden corriendo, se nos muere Satine.

El desenlace final es que la joven perece víctima de su enfermedad, El Duque manda a asesinar al joven escritor, pero el enorme revolver se le escapa de las manos y en un efecto óptico, choca contra la Torre Eiffel, éxito de la Revolución Bohemia.

En los planos finales vemos al joven en la misma buhardilla de siempre, tratando de escribir la obra, cada vez más compleja, sobre la historia del teatro. El final tiene una música excepcional, al igual que toda la obra, pero en las películas de este género el final es final y la música es conmovedora. Excelente filme, me parece de lo mejor que se ha hecho en el cine musical en muchos años, los australianos, con sus técnicos y actores dieron una lección de muy buen cine.