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Divorcio a la italiana

Divorcio a la italiana grande

Estamos ahora frente a una comedia italiana realizada en 1961 y con un humor casi feroz. Es una de las mejores comedias de su género de todos los tiempos, y hay que tener en cuenta que esta cinematografía fue pródiga en este género.

Un dato esencial para comprender este filme que ataca con sus carcajadas una sociedad feudal (Sicilia) con un código de valores muy tradicional y frustrante, es la proscripción del divorcio. Como referencia debemos tener que cuando se rodó este filme, el divorcio estaba aún prohibido en Italia. Para que una pareja pudiera separarse legalmente sólo existía una manera: hacer nulo el matrimonio a través de un trámite, que además de complejo y costoso, era un proceso que duraba años, por lo que el tema del divorcio o la separación de la pareja era una cuestión sustancial para la sociedad en su conjunto.

El divorcio se vino a aprobar en Italia en 1970 con todas las reticencias habidas y por haber en los sectores más conservadores de la sociedad. Cuando en Cuba disfrutamos de esta película, no teníamos el telón de fondo de lo que significaba la desunión de la pareja en Italia.

El argumento del filme es un ataque contra la doble moral de la sociedad. El arma utilizada: la risa, pero todos los cineastas sabemos que la comedia es el género más difícil. Es factible hacer llorar en el cine, sin embargo, lograr la risa es solo el arte de la gran comedia.

Divorcio a la italiana, es un filme particularmente exitoso, pero tenía todos los elementos para lograrlo. El director y parte del equipo de guionistas, Pietro Germi, era un conocedor de los resortes del cine, un artista consumado y con una obra que en varios géneros se dedica a explorar la sociedad de su tiempo.

La carta de triunfo de esta película es  Marcello Mastroianni, uno de los mejores actores del siglo XX en Italia y en el resto del mundo. En este filme, Matroniani tenía más menos 40 años, lo que coincide con la edad del personaje, una edad en los que muchos quieren realizar un cambio de vida en una sociedad asfixiante, en este caso, cambiar de pareja en la búsqueda de la eterna juventud.

El papel que interpretó Mastronianni es el de un noble arruinado en un momento en que aún existía una casta de nobleza empobrecida y en vía de extinción económica, social… y sexual.

Fefé, que así llamaron al personaje, está casado con una ¿ingenua? mujer gorda, amorosa, ¿fiel? que asfixia a nuestro personaje con sus ansias de cariño (caricaturizado) y una risa contagiosa que desespera a Fefé y al público.

Fefé a su vez está enamorado de su prima Ángela papel que interpreta Stefanía Sandrelli ,una belleza a la altura de las hermosísimas actrices italianas como Sofía Loren o Gina Lollobrígida, pero Stefanía Sandrelli fue en su momento la super diva en este género.
Stefanía Sandrelli en este filme tenía la mirada beatífica e hipócrita de una joven que pasaba la semana en un convento. Su padre velaba por su honor y los fines de semana los pasaba con su familia, incluyendo a Fefé.

El personaje de Fefé enloqueció cuando “la prima Ángela” le hizo cierta señal amorosa, entonces Fefé comenzó a concebir un plan para deshacerse de su esposa y correr a los brazos de su prima.

El plan de Fefé, copiado de la noticia de un periódico local, donde un esposo asesina a su mujer en el mismo momento en que le es infiel, y la justicia es blanda con el asesino porque lo hizo defendiendo su honor.

Basándose en aquella noticia concibe un plan descabellado para deshacerse de su mujer. Se ausenta de la casa con frecuencia asegurándose de que un antiguo amor de la esposa pase el mayor tiempo posible a solas con ella.

Cuando el plan parece no funcionar por la fidelidad de la esposa, aparece un nuevo elemento: la cónyuge del programado amante entra en escena, insulta y escupe a Fefé por no defender el honor y en otra secuencia ella misma ultima a la mujer de Fefé, éste asume la culpa para poder ser juzgado por el asesinato de una mujer infiel.

El juicio es de un humor delirante, la justicia en este sistema subdesarrollado y feudal vibra con las palabras del fiscal que no sólo defiende a Fefé, sino que lo muestra como víctima porque su honor fue mancillado. Lo condenan a tres años de cárcel.

Fefé cumple su condena, y comienza a disfrutar de una nueva vida con su prima. El final del filme es antológico. En un pequeño yate navegan plácidamente Fefé y su prima Ángela, en una actuación estelar de ambos muestran ser completamente felices. La cámara indiscreta hace un panning y descubre que mientras la prima acaricia a su nuevo esposo, roza con el pie a un robusto y joven marinero que conduce el yate. ¡Pobre Fefé!