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Crónicas inconclusas: Números, a contracorriente

Como norma, intento siempre acercarme y alejarme de los números al mismo ritmo. Los leo, sí, los estudio y comparo también, pero casi nunca los esgrimo cual argumentos en sí mismo, como si fueran suficientes, determinantes e ideales, quizás porque siempre me han parecido armas propias, y letales por tanto, del proceder burocrático.

Manejados a distancia de la complacencia y de cuantas tesis tendenciosas puedan existir, enseñan, explican, ilustran, sacuden, pero un tratamiento, otro, lo sabemos, esconde olas de argucias detrás de porcientos, algoritmos, tablas estadísticas e infografías de todo tipo.

Para la seguridad de Toronto y el discurrir óptimo de los Juegos Panamericanos, hubo una erogación de 240 millones de dólares en seguridad, trabajan unos 1 500 vehículos y se cuenta con el concurso de 2 300 voluntarios.

Puestas esas numeraciones por caso, servirían para cuanta lectura puede usted urdir ahora mismo.

Ello, claro, si a renglón seguido no escucha que los Can I help you, No problems, I’am sorry…, la sonrisa perene a flor de labio, la seguridad y mano amiga en cualquier recodo de la ciudad, más la prestancia y eficacia de policías y voluntarios para resolver dificultades o entuertos de los muchos idiomas reunidos aquí, condenan las cifras a las oscuras manos del olvido y vuelven un placer trabajar y moverse en la ciudad, incluso cuando fallan las fuerzas para hacer lo uno o lo otro.

En el deporte —que de él hablamos aquí— comenzaron hechos calendarios y dorsal, pero evolucionaron, digámoslo así, y ahora son faz y causa, reverso y efecto, por qué y luz, noticia, lo cotidiano y lo trascendente.

Y Cuba, su delegación en los XVII Juegos, no escapan a ese fenómeno, menos ahora que cinco (las jornadas hasta la víspera) deviene dígito convenido —como 10 o 15— para sumarios parciales.

Como es lógico, las atenciones primeras se vuelcan sobre el medallero, donde aparece apretada por Canadá, Estados Unidos y Brasil arriba, contra Colombia debajo, la imagen que encuentro a mano para advertir de cuan complicado —heroico, puede decirse sin pudor— será lidiar por el segundo lugar.

Pero también es otros números, al margen del cambio de circunstancias y escenarios respecto a Río de Janeiro-2007 o Guadalajara-2011.

Es, por ejemplo, una delegación con promedio de edad de 25 años, producto de la mayor renovación dentro de un “ciclo panamericano” y que terminará por competir en 225 de 364 pruebas convocadas.

Encima, Cuba es la nación con más entrenadores trabajando con selecciones de América y, también, la de más atletas nacidos en el archipiélago antillano en países del área, que es algo así como engendrar dentro de sí su propia competencia.

Y, también, ha declarado la mayor cantidad de pruebas antidoping a su delegación previas a los Juegos (superior a las mil; ahora se le han practicado 36).

Son estos, solo algunos números y datos, conocidos y no, que conmino a mirar con el rabillo del ojo junto a los 16 títulos, las 12 medallas de plata y los 18 pergaminos de bronce para los cuales no faltará atención.

Esto sí, apartados de prejuicios y cultos, para poder justipreciar sin concluir en apologías o detracciones.