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Enaltecer al maestro

Una de ellas es que la labor del maestro se ha hecho más compleja, con cargas superiores a las permisibles. Foto: Efraín Cedeño.

Una de ellas es que la labor del maestro se ha hecho más compleja, con cargas superiores a las permisibles. Foto: Efraín Cedeño.

Como mismo la cultura es el alma de la nación, el maestro es el corazón de la sociedad.

En él laten el conocimiento y la responsabilidad de educar y preparar para el futuro, sin desdeñar desde luego, el compromiso que asume la familia.

Sería obvio referirme en estas líneas al reconocimiento que merecen por parte de la población y sobre todo de las instituciones vinculadas con su labor, las que son más de las imaginadas, pues las relaciones con las escuelas y los docentes van mucho más allá que las inherentes al Ministerio de Educación, aunque a él le corresponda el encargo mayor, desde luego.

Pero una cosa es lo que debe ser y otra lo que realmente es.

La labor educacional tiene que caracterizarse por la motivación, la consagración y la entrega. De eso no existe duda alguna y así está planteado en los propósitos. No obstante, el panorama actual no cubre todas las expectativas ni los requerimientos en ese sentido, por múltiples causas de influencia.

Una de ellas es que la labor del maestro se ha hecho más compleja, con cargas superiores a las permisibles, no solo desde el punto de vista escolar —que son bastante—, sino también sociales, inherentes a la vida misma. Así se ha evidenciado en las conferencias del Sindicato de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte.

Un planteamiento generalizado en esos encuentros ha sido la dicotomía existente entre el salario que perciben los docentes y los elevados precios de la mayoría de los producto comerciales y de los servicios necesarios. Las respuestas, por lo general, no convencen, pero son las existentes, las que tienen en sus manos quienes presiden esos encuentros, porque el asunto requiere de determinadas condiciones económicas y de decisiones que van más allá de las prerrogativas de un ministerio.

Pero hay acciones que pueden realizarse en aras de hacer más en la atención a los maestros y que no se ejecutan por falta de iniciativas, descuidos y hasta desinterés de los que pueden promoverlas y materializarlas.

Una reflexión concreta y objetiva al respecto hizo Ana Elsa Velásquez Cobiella, ministra de Educación, al intervenir en la Conferencia Provincial del sindicato de ese sector en la provincia de Cienfuegos.

Tras expresar que debe propiciarse que los trabajadores se sientan bien y exista la mayor unidad en los colectivos, precisó que hay quienes causan baja debido al salario, pero otros se van por la aplicación de malos métodos y “eso debe revisarse”.

Argumentó que existen escuelas que por años no tienen ni una sola baja y en otras, no sucede de igual manera. Reconoció que hay docentes con sobrecarga laboral, los que deben protegerse y permitírseles que se concentren en la docencia, sin darles otras tareas adicionales.

Señaló además, que los reconocimientos no solo deben hacerse cuando termina el curso escolar o durante la jornada de homenaje a los educadores, sino de forma permanentemente, y subrayó que la asamblea de afiliados es un espacio importante para materializar ese empeño.

Oportunas y lógicas palabras de la titular. No debe concebirse que la motivación y estimulación solo tengan raíces monetarias, sin restarle importancia, desde luego, al factor financiero en nuestra sociedad, lacerada por una economía familiar casi siempre en estado de coma.

Es cierto, como afirmó, que el éxodo no solo obedece al problema salarial presente, sino también a la aplicación de malos métodos de dirección y a incomprensiones por parte de directivos. Todos tenemos dificultades en medio de una vida compleja, con limitaciones notables de viviendas, transporte, adquisición de productos diversos y con horarios de servicios esenciales que coinciden con el laboral, a pesar de los tantos intentos para adecuarlos.

Citaré un ejemplo. Hay docentes que viajan diariamente desde las zonas llanas hacia las montañosas y viceversa, y recorren muchos kilómetros para llegar hasta las aulas y a los alumnos. Esos merecen algún reconocimiento con carácter especial, que no puede ser únicamente, como trató de afirmarse en la conferencia cienfueguera, la garantía de un ómnibus y la reparación de las escuelas y los viales. Eso significa andar por las ramas y desconocer que en los seres humanos son esenciales los sentimientos personales.

Como refrenda el Lineamiento 145 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, hay que jerarquizar “el enaltecimiento y atención al personal docente”. Ese propósito, desde luego, no está indicado únicamente para el ministerio del ramo. De algún modo, toca a muchos en cada territorio del país.