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Los libros que un día leímos

En un lugar del Pacífico de cuyo nombre siempre me acordaré, por las sorpresas recibidas, las experiencias de vida y mi “inmoderación”, según unos; he tenido el placer de releer los libros que algunas vez leímos y que ya casi nadie o muy pocos repasan.

Hace algunos años mi hijo, lejos de nuestra tierra, proclamaba a cuatro voces su aburrimiento y le “cayó” en sus manos Pelusín del Monte. Las carcajadas de Carlos Manuel me han hecho recordar el texto toda la vida, y ahora he vuelto sobre las hojas escritas por Doralina de la Caridad Alonso Pérez (1910-2001), Dora Alonso. Escritora cubana y Premio Nacional de Literatura; la autora de nuestra Isla más traducida y publicada en el extranjero en el género de literatura para niños y jóvenes; la que cuenta con el mayor número de ejemplares impresos de su obra. Su estilo literario sencillo y pleno de emociones, resalta siempre al campesino cubano, sus valores humanos y su amor por la naturaleza.

Pelusín del monte

Pelusín del monte

Dora ostentaba varios e ilustres premios además del ya mencionado. El primero ganado fue en 1919; y entre los otros se destacan, en 1944, el Premio Nacional de Novela; en 1961 y 1980, el Premio Casa de las Américas con Tierra inerme y con El valle de la Pájara Pinta, respectivamente; en 1971, el Primer premio en el I Festival de Teatro Infantil de Vallenar, Chile, con el texto Cómo el trompo aprendió a bailar así; y en 1998, el  Premio Mundial de Literatura Infantil José Martí.

Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, nació algún día de finales de 1956 en un modesto retablo animado por los hermanos Camejo[i], pero como todos los personajes infantiles que en el mundo han sido -Peter Pan, Matojo, la Pequeña Lulú- sigue y seguirá siendo un niño para siempre.

Dora Alonso encabezó el género infantil literario por la calidad de sus textos, por su tierno, conocedor y certero acercamiento al mundo infantil, y por la gracia y cubanía de sus personajes. Estos, que rodean al protagonista e interactúan con él, lo demuestran ya desde sus nombres: Gelasito Tirabeque, también llamado Tirabeco, Tontolina Perendengue, novia de Gelasito. Bebita Turulata y Ronquillo, también conocida por Turu, Gruñón de la Perreta y Huesos Pelados, llamado a veces “El Satico”, perro sato que vive en la casa con Pelusín y Pirula, quienes me han acompañado en días en que solo los vampiros y los bichos raros que se comen unos a otros existen, días de  muertos, reales y televisivos –aunque aquí no hay televisión hablo no solo de los recuerdos sino del mundo-, danzan sin par entre nosotros[ii].

En estos días, que algún día se irán, conducido por la elegante mano de Marie-Madeleine Pioche de La Vergne, condesa de La Fayette (1634–1693), más conocida como Madame de La Fayette, he vuelto a sentir las exquisiteces que el amor provoca en la relectura de La Princesa de Cleves, primera novela histórica francesa y una de las mejores obras de su tipo, que inauguró una moda y un modo de escribir en las letras no solo de esa ilustre lengua, sino en la literatura moderna. Fue publicada anónimamente en marzo de 1678 y con ella se inicia la novela sicológica.

Las acciones se desarrollan entre 1558 y 1559, en la corte de Enrique II de Francia, y la autora recrea con una especial precisión la vida de la misma, en la que todos los personajes, con excepción de la heroína son históricos, por lo que las intrigas que narra son factos acaecidos.

Mademoiselle de Chartres, de 16 años, se casa con el Príncipe de Clèves, pero la Princesa se enamora del Duque de Nemours y ¿quién puede con el amor?, nada se puede hacer “si es cosa de él”.

La novela fue un enorme suceso comercial para su tiempo y desató enconados debates públicos por el hecho de que la Princesa confiesa su adulterio y sus sentimientos a su esposo dando fin a toda la pléyade de matrimonios felices y comedura de perdices que antes le habían precedido en la literatura; usando a la vez un lenguaje introspectivo pleno de emociones encontradas e irreveladas, como es en realidad la vida misma.

La autora fue dama de honor de la Reina Ana de Austria, se casó con el Conde de La Fayette, enviudó, lo que no quiere decir que no tuvo después amantes, y nos legó, entre otros textos, La Princesa de Montpensier, que escribió en 1662 y la novela Zaida[iii].

La escritora no publicó los libros con su nombre, no eran los tiempos, la sociedad no comprendería nunca como una mujer y menos una de su clase escribía esas “cosas”. Recientemente alguien muy querido, para referirse a un tema concerniente a los derechos de la mujer, los derechos sexuales y el amor, usó la frase de “el no derecho” a ser cómo y lo que se es. Me descubro gentilmente ante esa dama, tiene toda la razón y por eso nuestras sociedades deben ser constituidas por hombres cultos, que es el único modo de ser libres.

Y entonces en las lecturas le tocó el turno a Emilio Salgari[iv], que  escribió más de 200 historias de aventuras, todas acaecidas en lugares exóticos que nunca visitó, pues en vida nunca pasó del Mar Adriático. Sus héroes son de miembros de variadas culturas y de lugares distantes a su natal Italia.

Su inspiración venía de los libros, las enciclopedias, los periódicos y revistas que leía. Se destacan entre sus mejores libros Los Piratas de Malasia, El corsario negro y Los piratas de las Bermudas.

Salgari fue un férreo opositor del colonialismo y en Sandokan,el tigre de la Malasia lo deja muy claro, también en El capitán Morgan.

Emilio Salgari se dice fue uno de los pioneros de la ficción científica[v] y encantó a más de una generación. Se le considera el escritor más leído por la juventud en idioma italiano, después de Dante, y sus textos han sido traducidos a casi todas las lenguas del mundo.

Nació en Verona, en una modesta familia de mercaderes y desde joven tuvo el deseo de explorar y de conocer el mundo. Estudió para marino en Venecia, pero su rendimiento académico era tan pobre que nunca se graduó.

Comenzó escribiendo en un pequeño periódico local, La Nuova Arena, y su poder de convencimiento y reputación crecieron. Como le escuché decir a una amiga, la conocida sicóloga cubana y librepensadora, Carolina de La Torre, a propósito de alabar a un escritor amigo de ella, “…es una lástima, porque casi todos son pobres y se mueren pobres, a menos que escriban canciones”. Salgari, para ser regla y no excepción, murió pobre.

Se casó con Ida Peruzzi – nombrada Aida- tuvo 4 hijos y muchos problemas personales, su padre se suicidó, su esposa se volvió loca; su vida se fue oscureciendo y terminó sus días deprimido. Se quitó la vida imitando un ritual japonés. Uno de sus hijos también se suicidó.

El estilo de Salgari fue imitado por muchos escritores, en Sandokan…, por ejemplo, están presentes las grandes batallas, la fe en la victoria, el honor, el amor a la Patria, la sangre, la violencia y el humor, valores humanos que legan comportamientos relevantes.

Grandes personalidades y escritores de nuestra lengua admiraron a Salgari; en más de una ocasión el Dr. Roa se refirió a la riqueza que le aportó el haber leído muchas de sus obras, y no dejan de citarlo García Márquez, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. Según el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo, Salgari fue uno de los inspiradores del antimperialismo, en la etapa formadora, de un niño llamado Ernesto, y que después fuera más conocido como el Ché.

Y al final le llegó el turno entonces a Jules Gabriel Verne, escritor, poeta y dramaturgo francés  célebre por sus novelas de aventuras.

Nacido en el seno de una familia burguesa, en la ciudad portuaria de Nantes. Verne recibió una formación para continuar los pasos de su padre, abogado; pero muy joven decidió abandonar ese camino para dedicarse a escribir. Todos recordaremos Viajes extraordinarios, Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en 80 días, para solo citar los más conocidos.

Verne es uno de los más importantes escritores de Francia y de toda Europa, gracias a la evidente influencia de sus libros en la literatura vanguardista y en el surrealismo. Es el segundo autor más traducido en el mundo, después de Agatha Christie y es considerado, junto a Salgari y a H.G. Wells, el “padre” de la ficción científica.

Muchos biógrafos afirman que a los once años, se escapó de su casa para ser grumete en un mercante que viajaba a la India llamado Coralie, con la intención de comprar un collar de perlas para su prima Caroline (de quien estaba enamorado), pero su padre alcanzó el barco y bajó a Julio.

Escribió historias siempre, y el interés vino de una maestra, que le contaba anécdotas de su marido marinero.

En 1849 se graduó de abogado y nunca ejerció. Se dice que apenas le alcanzaba el dinero para comer y tuvo varios trastornos nerviosos que acabarían por desfigurarle la cara y provocarle una parálisis facial.

En 1857 se casó con una viuda, Honorine Deviane Morel, a quien nunca amó, la abandona al poco tiempo de nacer su hijo Michel. Fue un trabajador infatigable y  paralelamente a sus viajes, cultivó su primera vocación, el teatro, escribiendo y adaptando algunas piezas para la escena.

En 1863, a raíz del éxito de su tercera novela, viaja a los Estados Unidos en un ciclo de conferencias que dicta junto a su hermano Paul. Dos años después publica la historia de un viaje a la Luna en dos partes: De la tierra a la luna y Alrededor de la luna.

Verne fue marino y tuvo tres barcos, el Saint Michel, el Saint Michel II y el Saint Michel III. Entre 1868 y 1886 visitó diversas ciudades y lugares del mundo.

Su hijo Michel Verne fue recluido en un manicomio a petición de Julio. Después estuvo en un correccional por su mal comportamiento. El 9 de marzo de 1886, su sobrino Gastón, de 25 años, con quien se llevaba bien, le disparó con un revolver. La secuela de este incidente le provocó una cojera de por vida.

En 1888 Verne ingresó en la política y fue elegido concejal en la localidad de Amiens, donde abogó por una serie de mejoras en la ciudad, labor que desarrolló durante quince años.

El 24 de marzo de 1905, enfermo de diabetes, murió en su hogar. Su hijo Michel se encargó de publicar algunas de sus últimas novelas póstumamente.

En 1863, Verne había escrito una novela llamada París en el siglo XX, versaba acerca de un joven que vive en un mundo de rascacielos de cristal, trenes de alta velocidad, automóviles de gas, calculadoras y una red mundial de comunicaciones, pero no puede alcanzar la felicidad y tiene un trágico fin. Su editor pensó que el pesimismo de esta novela dañaría su carrera y sugirió que el texto esperase para ser publicado. El manuscrito estuvo en una caja fuerte muchos años y fue “descubierto” por su bisnieto en 1989 y publicado en 1994.

Sus héroes fueron hombres buenos y progresistas. Frente al Verne conservador por su educación -hijo de un abogado católico- y de su tiempo, sus concepciones radicalmente opuestas a las sugeridas en sus primeros textos, cambian a merced de sus contactos con círculos socialistas y anarquistas.

Verne fue innovador, con ideas frescas, con personajes que sueñan con descubrir nuevos mundos y llegar a donde nadie ha llegado en beneficio de la humanidad, desde los polos hasta la luna.

Algunos críticos señalan que los problemas en su vida privada -nunca fue feliz en su matrimonio y las malas relaciones con su hijo-, la derrota de Francia[vi], la Comuna de Paris y el imperialismo francés, lo llevan al final de su carrera a escribir relatos fríos y sombríos, cambiando su idea de que el ser humano iba a progresar en base a la ciencia. No obstante lo que pudo de haber de oscuro en su final, no mitigó la luz que dan los conocimientos que aportó y la notable obra literaria que se anticipó a muchos de los inventos que asombrarían al mundo posteriormente como el submarino y el helicóptero, entre otros.

Verne ha sido uno de los escritores que más homenajes le ha rendido el mundo, una de las montañas de la cara oculta de la Luna lleva su nombre.

¿Por qué nadie lee ya estos libros? ¿Qué es necesario hacer para que nuestros niños (soy de antes y también incluyo a las niñas, aunque no lo escriba) y jóvenes lo hagan? Los tiempos cambian, pero nos debemos negar a que sean para mal.

Por eso, en estos tiempos de medias verdades, de lejanías incontrolables, volver sobre estos libros ha sido como una oxigenante aspiradora para combatir el mar de comején, polvo y las dificultades en las que a veces nos sumergimos los adultos.

Retumban en mi mente las carcajadas de un niño de 8 años que lee Pelusín del Monte y recuerdo también las espetadas frente al televisor al ver La vuelta al mundo en 80 días, en  la versión de Frank Coraci del 2004, con Jackie Chan en el papel de Passepartout.

El dar vueltas en torno a[vii] estos textos, me han llevado a recordar el momento en que un obrero azucarero con apenas tercer grado, mi abuelo, puso en mis manos El corsario negro y me dijo: ya es tiempo. Entonces para mí se abrieron muchas “puertas”  que me han ayudado, en la cercanía y en la distancia, a aprender y aprehender, a enfrentar las circunstancias y a quererte más.

Notas


[i] José, Carucha, Berta y Pedro Camejo González, considerados los precursores junto a José Carril del teatro guiñol o de títeres en Cuba.

[ii] Ver a Artiles, Freddy en Pelusín del monte “títere nacional”  enhttp://www.lajiribilla.cu/2010/n461_03/461_17.html

[iii]http://en.wikipedia.org/wiki/Madame_de_La_Fayette

[iv] 21 de agosto de 1862 – 25 de abril de 1911.

[v] Uso el término sugerido para nombrar este tipo de literatura por los linguístas cubanos Max Figueroa Esteva y Rodolfo Alpízar Castillo.

[vi]  Se refiere a la guerra franco prusiana.

[vii] Volver no es regresar, según el Diccionario de la ilustre lengua que hablamos.