¿Qué ocurriría si todas las fuerzas que se inclinan la izquierda se unen en España? La repuesta quizás pueda encontrarse en un despacho cablegráfico del montón, pudiera decirse, pero donde de modo sintético se da cuenta de una opción todavía inmadura pero de enorme peso… si cuaja.
En el trascurso de las negociaciones para forjar alianzas que permitan asumir las administraciones de autonomías y ayuntamientos, a solo días del varapalo recibido por el Partido Popular (PP), un ganador pírrico, en el escrutinio del 24 de mayo, surge un opción muy verde aún, pero no por ello inalcanzable, como diría la zorra, por holgazana o escéptica, a saber.
La posibilidad de conformar una candidatura progresista que junte a los partidos y grupos emergentes con los ya estatuidos que también comparten el propósito de inmovilizar el neoliberalismo para darle pie a un modelo menos abusivo y gravoso, se conversa y divulga.
Alberto Garzón, aspirante a la presidencia por Izquierda Unida (IU) es uno entre quienes no temen salvar distancias y admitir que en todas partes cuecen habas pues no todas las apuestas se ganan, dijo de modo público que se dispone a participar en candidaturas plurales para las elecciones de noviembre venidero.
Otro segmento de IU, el Partido Comunista de España (PCE) también se ha expresado a favor de ese tipo de convergencia que permitiría lo que comienzan a conocerse con el nombre de Unidad Popular. La fórmula, aún por configurar en sus distintos ángulos, tendría como bases unir fuerzas, desde luego.
Desde las existentes en los sindicatos y movimientos sociales que vienen luchando por reivindicaciones sectoriales (las conocidas como mareas en salud y educación, por ejemplo) y otras asociaciones dedicadas a exigir el fin de las privatizaciones, los desahucios y otros males generados por el neoliberalismo como modelo y las políticas de ajuste que están intensificando los daños.
Podemos, la ascenderte formación surgida a partir del Movimiento de los Indignados, acepta también integrarse a esa posibilidad, de cierta manera experimentada en las elecciones recientes, de las cuales participaron dando apoyo a sectores antisistema, pero no figuraron como listas con su sello o con candidatos aislados.
Posiblemente, las alianzas que se están entretejiendo ahora mismo, para poder crear las correspondientes administraciones autonómicas o municipales, perdidas por los conservadores en el poder, sirvan de tanteo y basamento para alcanzar la difícil y sana armonía que sí puede cambiarlo todo, o hacerlo menos malo.
Para llegar a momento tan promisorio como el que, sin duda, se puede construir, partiendo de este proyecto, será preciso hacer dejación de esquemas y juicios oxidados, que no lograron acumular los deseables resultados y nada mejor prometen.
El ex coordinador de Izquierda Unida, Julio Anguita, exponía semanas atrás, una valoración muy objetiva con respecto a la estrategia que se requiere actualmente. En un artículo que publicó Mundo Obrero expuso:
“En estos momentos es de urgente fundación una fuerza política de carácter marxista que beba de la tradición revolucionaria del PCE y del espíritu fundacional de IU. Una fuerza que necesita de comunistas y militantes de la izquierda…”.
Solo con Podemos, los integrantes de IU estarían en condiciones de crear un bloque de indudable fortaleza, confiable, al cual casi seguro estarían dispuestos a unirse diferentes corrientes decididas a modificar el tejido político español y las grandes costras de venalidad y vandálico deshonor que acumula.
Para que resulte exitoso el proyecto, envuelto todavía en pañales, será imprescindible predisponerse a sortear disparidades y encontrase en las coincidencias. No será la primera ocasión en que se haga en pos de un objetivo mayor y este lo es.