En el ecuador de su ronda clasificatoria, la Serie Nacional de Béisbol sigue observando boquiabierta la caída en barrena de la nave pinareña, increíblemente hundida en el antepenúltimo lugar de un torneo lleno de cenicientas.
Los pupilos de Urquiola han sido derrotados en 13 de 20 salidas al diamante, con un rendimiento patético en la carretera (3-8), menos carreras anotadas que todos sus rivales (64) y un average colectivo (.238) indigno de un equipo que defiende la corona.
Únicamente así, con los sluggers (Peraza y Saavedra) limitados a siete impulsadas a estas alturas del evento, es posible explicarse que Yosvani Torres acumule tres fracasos sin victoria pese a permitir menos de dos anotaciones limpias por encuentro.
Porque el pitcheo se ha comportado con niveles de excelencia (3.21), e inclusive blasona de contar con el líder en efectividad, Julio Alfredo Martínez, y el mejor relevista del país a día de hoy, Vladimir Gutiérrez. El problema es de corte netamente ofensivo, y se agrava dado que se trata de un equipo que no puede vivir de la velocidad en bases.
Visto con ojo crítico el asunto, es lamentable, porque Pinar siempre le hace falta al campeonato. La verdad sea dicha: da pena verlo navegando las aguas sotaneras de Camagüey y Mayabeque, y por debajo de un Cienfuegos que, desmantelado, encara la contienda a golpe de novatos.
Ahora mismo, el campeón tiene la guardia baja, y si no ocurre un milagro soberano va a rodar por la temible lona del escarnio.