Un día de calor en 1983 lo visité en su casa en Buenos Aires –estábamos en la azotea, me dijo que estaba preocupado porque no había conseguido el pasaporte–, tenía que dar una clase para latinoamericanos preocupados por la arquitectura y la creatividad, el martes en Nueva York University. En la policía le dijeron que recién el martes le podían entregar el pasaporte, protestó y se fue indignado.
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