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Carta abierta a Marta Valdés

Gema Corredera sorprendió a Marta con un texto de Onelio Jorge Cardoso musicalizado por la compositora. Foto: Lynet Pujol/ Centro Pablo.

Gema Corredera sorprendió a Marta con un texto de Onelio Jorge Cardoso musicalizado por la compositora en concierto en el Centro Pablo, de La Habana. Foto: Lynet Pujol/ Centro Pablo.

Marta, yo también soy aficionado a escribir cartas y esa es la razón por la que me tienes aquí. En una conversación casual con Miriam Ramos me enteré que tu cumpleaños es este domingo y créeme que me sentí muy mal de solo pensar en la posibilidad de haberlo pasado por alto. Sin embargo, no me parece que levante mucha hojarasca con lo que ahora te voy a decir por tus 80 años, porque me inclino más por escribir con el mismo tempo de aquellas cosas tan intensamente silenciosas, pero imposibles de detener como sucede en el momento del cambio de la marea en nuestros océanos.

En los tiempos que corren nuestras vidas, la incertidumbre de perecer inesperadamente dista mucho de ser fantasía, pero hay otras muertes, no menos dolorosas como es el caso de la pérdida de la espiritualidad. Por suerte para nosotros, cuando alguien como tú llega a esa memorable edad, se produce el ancestral cierre de la experiencia vivida. No importa que los mercaderes del sentimiento, insistan en hacernos creer que habitamos en un mundo diferente. Ningún viento nacido de la falsedad de valores corrompidos, podrá llegar a ser huracanado. Nunca la oscuridad desplegada por mediocres, será capaz de apagar el resplandor en las predicciones de profetas. El cierre de la experiencia vivida, es el comienzo de un estado de gracia, donde nosotros, deudores de la sabiduría milenaria, nos inclinamos respetuosos ante tu presencia, por la legitimidad de la valiosa obra. Nada ni nadie, por mucho que lo intente, podrá opacar la belleza de tu palabra hecha canción para revelarnos el misterio que habita en cada uno de nosotros.

Si para el Maestro, la capacidad de amar es el verdadero pergamino de nobleza y Rey es el que ama mucho(1), entonces Marta, tu eres nuestra Reina! Y el tesoro de tus arcas reales, el que protegemos en el reinado de tu música, es el oro de canciones cuya redención en el acto de amar, no puede ser otra cosa que señal de vida.

¡Muchas Felicidades, Marta!

¡Gracias a la vida por tenerte entre nosotros!,

Te quiero,

Guille

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Nota:
1. Martí, José. Cuadernos de Apuntes. p. 210.