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Punto Penal: Los sufrimientos de la joven Bélgica

Lukaku: misión cumplida.

Lukaku: misión cumplida.

Novatada: Bélgica tiene una generación dorada. Los elogios le llueven, y no precisamente por adulación. Hay calidad sobrada en cada línea, del guardameta al centrodelantero, y a ratos –cuando menos a ratos- sus botines juegan el balón con cierta gracia rioplatense. Pero aunque ninguno de sus hombres es grumete, tampoco llega a ser lobo de mar. Y ahí está el mayor problema: que la juventud gana partidos, pero la experiencia aporta campeonatos. Por eso, más que por limitaciones de otro tipo, los Baby Diablos no han podido deslumbrar en el Mundial, y en vez de depender del lucimiento de sus jugadores de ataque, han debido apoyarse en el hermetismo de la zaga. Kompany ha sido más que Hazard y por ahí se han enredado los encuentros, invariablemente decididos con el agua al nivel de las orejas. El de hoy, para colmo de nervios, en tiempo extra y gracias a Lukaku.

Revulsivo: Por más que se sucedían las embestidas, el gol no saltaba a la pizarra. Poseído sabe Dios si por Lev Yashin, Tim Howard repelía disparos rasos y por alto, achicaba en estado de gracia, se crecía como una secoya en la sabana de la Arena Fonte Nova. Era el héroe de la jornada, y acaso lo habría sido hasta el final si no fuera por Romelu Lukaku, que entró al campo con la inspiración a todo gas y le cambió la cara al desafío. No dejó de picar el moreno: la pedía llegando por la izquierda, por el centro, y aun la habría pedido si estuviera de portero, o a diez kilómetros del césped. Es lo que pasa cuando la calidad coincide con el tope del biorritmo futbolístico. Antes de él, Bélgica vivía en el apogeo de la ofensiva infértil, ora por Howard, ora por la ausencia del gatillazo preciso, la escaramuza exacta, la paciencia para la aniquilación. Después de él, por fin, se oyó sonar el grifo.

Do-Re-Mi: En ocasiones, más de las que pensamos, un obrero curtido sabe dar soluciones que no están al alcance del profesional recién graduado. Que puede llamarse, por ejemplo, Bélgica, y estar dotado de ambición, talento y energía. En ocasiones, Bélgica puede no encontrar la clave del asunto, y aparece un Estados Unidos –callosas las manos, calcinado el pellejo, escaso el pelo- que sopla la flauta y saca la nota necesaria. La nota del gol. El gol de la victoria, ese que pudo celebrar el once norteamericano si no fuera porque Wondolowski logró el imposible de no enviar la pelota hasta las redes en pleno tiempo de descuento de la mitad complementaria, cuando aún el choque estaba equilibrado a cero. Hasta ese momento el partido había presenciado un soliloquio belga, pero entonces la historia pudo ser revertida en un instante. La suerte, ya se sabe, siempre saca las uñas en el fútbol, que a menudo depara veredictos injustos. Esta vez no.