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Punto penal: Un Diez... y poco más (+ Video) (+ Fotos)

Neymar celebra el primer gol contra Camerún. Foto: AP

Neymar celebra el primer gol contra Camerún. Foto: AP

"Yo no quiero ser el mejor jugador de la Copa, ni tampoco el máximo artillero. Lo que quiero es ser campeón con mi equipo". Esto dijo un “menino” de apenas 22 años, vísperas del arranque de la fase de grupos del Mundial, en conferencia de prensa celebrada en el Arena Corinthians de Sao Paulo.

Pero este “jovem” es frescura, talante y espíritu de su selección, es piedra angular del sueño de unos 198 700 000 brasileños y otros millones en los recodos de todo el mundo. Desde su imaginación, por sus piernas, en cada gambeta y disparo suyo, comienzan, se clarifican y consuman todas las jugadas, todos los goles de un Brasil que no quiere otro Maracanazo.

Aunque ha sido más grande la progresión mediática de su estrella, que poderosa la inserción futbolística en la elite a nivel de clubes, ha podido soportar la presión, la responsabilidad de cargar con un liderazgo reservado para consagrados y experimentados.

Neymar es la seleçao. La seleçao es Neymar… y poco más, ahora que el DT la convirtió en una brigada de orfebres y la condenó a la orfandad de los ornatos, los ritmos, los bailes, las ternuras, las elegancias, las gracias que están en el ADN del fútbol brasileño.

(Así ha sido, al menos, en los partidos contra Croacia, México y Camerún).

Para ganar el sexto título que codicia el propio Neymar, por tanto, Brasil precisa del culé, indistintamente o a la vez, no importa, su versión de aspirante a mejor jugador de la Copa y de candidato a máximo artillero.

Por lo pronto, ya es el líder de los goleadores. Suyos fueron los tantos que condenaron a Croacia y le quitaron herrumbre al debut; suyos, los que este lunes certificaron el documento de la anunciada defunción de Camerún y, lo más importante, perfilaron la conquista del Grupo A, primer objetivo de Luis Felipe Scolari.

Cuatro, de dos en dos. Los últimos, inscritos ya en su leyenda, en el partido cien de Brasil en Mundiales, contra unos Leones Indomables, en dos presentaciones previas más dóciles que nunca, con menos rugido que siempre.

Sin embargo, salió con mucha intensidad Camerún en Brasilia a chocar, a romper y, si así abrían camino, a por la puerta de Julio César, antes que a triangular o hacer diagonales para intentar borrar la magra imagen que dejaban en Brasil.

Se la jugaba el anfitrión, imposibilitado de especular con el resultado y las sensaciones de sus incondicionales. No podía dejar nada al azar, en sus botas tenían el primer lugar el Grupo A y la perspectiva de evitar a Holanda tan pronto como en octavos de final.

Y de las botas de Neymar salió el gol que inauguró la pizarra, provecho justo a la intención de apretar arriba, colocarse en las líneas de pases y quitar pelotas bien cerca del arco camerunés, en la cual Luiz Gustavo fue un artífice y, encima, el autor de la asistencia para el primer gol.

Parecía el inicio de una debacle africana. Pero menos de diez minutos después y sacando provecho del lado más flaco de la Canarinha, Joël Matip empató. Nyom superó a Dani Alves, que no puede frustrar casi ningún desborde, y Matip volvió a poner en evidencias las carencias de la zaga auriverde.

Brasil no tuvo en esos instantes dominio territorial, ni de los tiempos. Pero una vez sobrevino el empate, el equipo volvió a la primera página del libreto y tomó control del partido, que se desatascó con toda justicia en el minuto 35, por medio del Diez brasileño, en una jugada personal que dejó si opción al guardameta Itandje.

Ahora sí, estaba visto para sentencia. Antes del descanso decayó Camerún, dividido en el entorno desde el inicio del Mundial y, ahora, disminuido físicamente en el campo. Solo faltaba ver si el “ex Santos” lograba el hat-trick o continuaba haciendo méritos para seguir en la lidia por ser el mejor jugador de la Copa, que, en este inicio, lo enfrenta al holandés Arjen Robben.

No logró lo primero, aunque lo intentó. Sí continuó mostrando sus virtudes, vertebrando, solidificando y hermoseando el juego de los de Scolari, hasta que el técnico lo vio quejarse en el minuto 70 y mandó en su lugar a William. Para entonces ya con el marcador 3-1, hacía mucho que Brasil, contagiada por Neymar, no tenía rival, fantaseaba y se gustaba.

Tanto que hasta Fred, ese elefante en la cristalería, marcó el 3-1 apenas comenzó la segunda parte. Eso sí, en fuera de lugar, como para patentizar que él y el todavía inefectivo e individualista Hulk —pongámoslo donde va— pueden ser el borrón que se le escapa al mejor escribano.

Y Fernando Luiz Rosa, Fernandinho, cuando agonizaba el desafío, cerró el marcador del último juego preliminar. Cerró una etapa en la que el 10 no fue un número pesado en la aún imberbe espalda de Neymar y en la que resultaron evidentes las faltas de garantías de la defensa brasileña, incluso cuando todo está listo para bailar.

Una nota que con toda seguridad ya tiene en su agenda Jorge Sampaoli, el DT de Chile, una selección intensa y ordenada que, el próximo sábado, en el estadio Mineirão de Belo Horizonte, le subirá el listón a las aspiraciones de los brasileños de ser profetas en su tierra.

Foto: Reuters.

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