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Ucrania: un elefante se balancea…

El nuevo presidente, Petro Poroshenko, prometió en su discurso de investidura mantener la unidad de Ucrania, amenazada por la insurrección separatista en el este. Poroshenko, que ganó las elecciones el 25 de mayo con el 54.7 por ciento de los votos, prestó juramento ante el Parlamento y sobre la Constitución y el Evangelio. “Asumo la presidencia para preservar y reforzar la unidad de Ucrania”, dijo en su primer discurso.

El nuevo presidente, Petro Poroshenko, prometió en su discurso de investidura mantener la unidad de Ucrania, amenazada por la insurrección separatista en el este. Poroshenko, que ganó las elecciones el 25 de mayo con el 54.7 por ciento de los votos, prestó juramento ante el Parlamento y sobre la Constitución y el Evangelio. “Asumo la presidencia para preservar y reforzar la unidad de Ucrania”, dijo en su primer discurso.

Por Elsa Claro

Por incongruente ingenuidad, o para echar miel en las orejas de los dignatarios europeos, Piort Proshochenko dijo el sábado 7 de junio:” Para mí existe un valor europeo: la solidaridad. Ucrania necesita la solidaridad tanto como el aire”. De ceñirnos al sentido estricto de la palabra, solidaridad significa, según la Real Academia de la Lengua, “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros” y, en términos de Derecho, un deber, una obligación.

Me pregunto qué pensarán en Grecia de la solidaridad del Pacto Comunitario o del FMI y el BCE al cabo de 4 años de ajustes, una inmensa pobreza, y la desarticulación de los sistemas de asistencia ciudadana más indispensables.

¿Será diferente con Ucrania? ¿Por qué?

Según el recién investido mandatario, la asociación con la Unión Europea significa “una profunda y amplia zona de libre comercio, y un régimen sin visados con la UE: ése es el mandato que me han dado los electores”.

¿Será posible que el nuevo jefe de estado no sepa que si algo sobra en la zona occidental del Viejo Continente es desempleo, (solo en los 17 países de la zona euro, hay un 12% de paro, lo que equivale a más de 19 millones de personas sin trabajo) y que el rechazo a los inmigrantes es general y profundo? Lo demostraron las recientes elecciones para el Parlamento Europeo.

Por tanto, las aspiraciones de quienes piensan encontrar puesto de labor en naciones desarrolladas pasan por alto un doble y filoso obstáculo: la falta de plazas y las medidas restrictivas implantadas por las diferentes naciones, para impedir el ingreso de extranjeros. Así que la famosa libre circulación, está pasada de moda incluso entre los miembros plenos de la UE.

De Francia e Italia expulsaron a rumanos y búlgaros. Más discretamente discriminan a los “fontaneros polacos” como llaman tanto a los de esa nacionalidad que emigraron desde el cambio de régimen, como a los procedentes de otras zonas este-europeas. Incluso España solo tiene vacantes para las albanesas en el capítulo prostitución.

Como fuere, el recién estrenado mandatario puso rauda fecha a la incertidumbre. “A más tardar” el 27 de junio comienza la experiencia del trajinado acople con la UE, detonante, dicen, de unas protestas sobre cuya verdadera esencia y el tipo de pólvora interpolada, queda mucho por averiguar.

El nuevo presidente de Ucrania Petro Poroshenko pasa revista a la guardia de honor en la ceremonia de investidura celebrada en Kiev. Foto: EFE.

El nuevo presidente de Ucrania Petro Poroshenko pasa revista a la guardia de honor en la ceremonia de investidura celebrada en Kiev. Foto: EFE.

Y LOS “PRO-RUSOS” ¿QUÉ?

Pues bien, gracias. Disculpen la ironía, pero de creer a pie juntillas en lo expuesto por Poroshenko durante su discurso de aceptación del cargo, o existe una terrible ambivalencia en su mente ¿será solo en el discurso? o los problemas se deslizan de mal en peor.

Es ¡tan generoso!, que le va a permitir a los del este que hablen en su lengua, pero el ruso no va a figurar como idioma oficial junto al ucraniano. Aunque sugiere cierto clandestinaje filológico o una fatal discriminación lingüística, mirando panorama general tan denso, tener o no una forma de comunicarse entre personas que nacieron o habitan en el mismo territorio, sería el menor de los problemas actualmente.

El enfoque sobre las regiones que declararon su soberanía en marzo, tras realizar un referéndum popular (Donestk, Lugansk) está en el meollo del futuro cercano. Según Poroshenko emprenderá un gesto de paz con una visita a la zona, pero no conversará con los “bandidos y terroristas” insubordinados. Entonces ¿con quién? ¿Acaso solo con los oligarcas de la rica área?

Apenas supo su éxito en urnas expresó un criterio de tintes agresivo-extremistas: es preciso acrecentar la ofensiva militar, de modo que los inconformes sean sometidos no en semanas sino apenas en horas.

Enmendando la plana un poco, a su regreso de Normandía, donde, es de suponer, recibió pautas junto con las correspondientes palmaditas del caso, ahora plantea un proceso para restablecer la situación, pero, aparte de un interlocutor indefinido, se niega a la opción de federalizar el país como recurso que concilie las demandas y necesidades de los distintos grupos humanos.

“Las palabras sobre la federalización carecen de fundamento. Ucrania ha sido, es y será un Estado unitario”, afirmó, como si fuera una herejía lo que funciona en muchos países, comenzando por EE.UU. a quien dio las gracias (en la persona de Joseph Biden, quien asistió a la ceremonia) por la ayuda que Washington ha prestado para estabilizar el este pro-ruso del país. (¡Hum!, interesante ¿no?).

Como este es solo ¿el inicio? aseguró que “conserva” de premier a Arseni Yatseniuek. Hasta el momento el programa anunciando por Poroshenko es el mismo planteado antes por “Yats, nuestro hombre en Kíev”, según las famosas palabras de Victoria Nuland.

Un posible adelanto de las elecciones legislativas, quizás antes de que concluya el año, fue una buena idea expuesta. Afirmó, además, que va a poner en práctica una reforma de “descentralización política” (¿?) y bueno, que Ucrania “no podrá disfrutar de paz y seguridad mientras no tengamos arregladas nuestras relaciones con Rusia”.

Deseable que lo logren, y para comenzar, rebajando el tono de belicosidad verbal que quizás tuvo buen marco en el ambiente desatado por Barak Obama en el aniversario 70 del desembarco de Normandía, cuando hizo gala del peor gusto, homologando a las tropas aliadas de entonces con los soldados que regresan de Irak y Afganistán. Como si la tardía, pero legítima apertura del Segundo Frente contra el nazi-fascismo, fuera igual que invadir y ocupar países e imponer políticas.

Tela sobre tirios y troyanos hay mucha por cortar y suficientes tijeras para hacerlo también.

Investidura del presidente de Ucrania A