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Strike 3: Sobre estrenos, sorpresas y retornos

Olivera, clave en Santiago.

Olivera, clave en Santiago.

Al final, estuve cerca de vestirme de adivino con los clasificados al próximo tramo de la Serie Nacional, que ahora se toma unas fugaces vacaciones para entrar en su fase caliente a mediados de enero.

Por poco acierto con los ocho, y me satisface decirlo porque odio la falsa modestia, y porque cuando yerro en los pronósticos, soy el primero en admitirlo en público. Esta vez –las deidades del béisbol mediante- me tocó dar en el clavo.

Inclusive creí en las posibilidades de Artemisa y Holguín, para muchos, dos mansas ovejitas que serían devoradas de un bocado. Consideré que estaban en reales condiciones de estrenarse en la otra etapa, y allá van.

Con los artemiseños estaba más seguro. Venían de ocupar el lugar 16 en dos campañas sucesivas, pero entendí que la pelota es, como la vida, un juego de motivaciones, y que si un cuerpo técnico podía insuflarle ganas a su staff, habría de todo.

“Tengo fe en Artemisa. Si sus lanzadores recuperan la ambición, será un rival muy complicado”. Eso escribí el seis de noviembre, y Lahera, Jonder y Yuliesky González se encargaron de tirar del carro, a despecho de las inmensurables limitantes ofensivas de la escuadra.

A los Cachorros, mientras, los veía peleando por la plaza postrera con Santiago de Cuba y Ciego de Ávila. Pero los hombres de Bartutis excedieron mi cálculo y se clasificaron con menos urgencias, aunque eso sí, se cumplió con precisión el vaticinio de la lucha entre Avispas y Tigres por el último boleto.

Había equipos, por supuesto, que ningún loco habría puesto en duda para sobrevivir. Hablé entonces de Matanzas y Pinar como los clásicos trabucos a vencer, aseguré a Villa Clara e Industriales, y fue al enumerar a los más débiles cuando me equivoqué de cabo a rabo.

Dije: “Descartaría las opciones de Isla de la Juventud, Mayabeque y Guantánamo, y tampoco le ofrezco demasiadas a Cienfuegos, Camagüey y Las Tunas”. Sin embargo, la Isla se saltó ese libreto con un brinco sotomayoriano.

Yo sigo sorprendido gratamente con la actuación de los pineros. Se trata de un grupo donde no abundan nombres consagrados –como no sea el de Michel Enríquez, claro-, y que hacía muy poco había sufrido la baja de Raisel Iglesias, su pitcher de cabecera. Pero el grupo asimiló el golpe como un Joe Louis moderno y le guapeó de tú a tú a cada oponente.

El secreto del éxito, creo, se sostuvo en un par de factores esenciales: los del Municipio Especial han estabilizado a un manager que ya conoce cada interioridad anímica de sus pupilos, y lograron armar una batería de lanzadores jóvenes con más de noventa millas en la recta y una disposición a prueba de bombardeos atómicos.

Dejo para el final –y con toda intención- el retorno de Santiago a la parte más sabrosa de la Serie. Y aclaro, porque siempre aparecen malpensados: jamás fui radical a la hora de concederle o no boleto a los indómitos. En aquel comentario, yo apunté que “Santiago siempre es hueso, pero Olivera es una incógnita y su calendario termina con cuatro subseries en la carretera”.

Y era cierto. Es más: las Avispas llegaron muy exigidas a las subseries conclusivas, necesitadas de batir a Pinar y Matanzas en sus propios cuarteles generales. Lo que ocurre –y por eso nunca se puede ser radical con la excelsa novena del oriente- es que a la hora buena, justo en el instante en que se maduraban los mameyes, Santiago puso en el asador orgullo y casta y consiguió una clasificación que, por calendario y circunstancias, se presentaba adversa.

Buena, magnífica noticia esta del comeback de Santiago, una escuadra que le hace tanta falta al campeonato como la lluvia a la cosecha.