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Video clip cubano: ¿Arte o pura mercancía?

videoclip-aPara la Dra. Ana María Sedeño, experta española, un video clip es “Un formato audiovisual fundado y alentado por la industria discográfica como estrategia de marketing para favorecer la venta de discos”.

Autora de “El videoclip como mercanarrativa” y “Narración y descripción en el videoclip musical”, entre numerosos textos; esta investigadora sostiene que el género tiene tres características fundamentales:

Por supuesto, el video clip responde a esta conjunción desde que en 1975 con Queen como protagonista apareció Bohemian Rhapsody que para muchos especialistas es el primer video clip de la historia, pues producciones como Paperback Writer y Rain en 1966 más Penny Lane y Strawberry Fields Forever en 1967, de Los Beatles, fueron considerados como videos conceptuales. Claro, para llegar a este punto se desandó un largo camino desde los años veinte cuando Oskar Fischinger y otros artistas sentaron en Europa las bases de la música visual.

Cuba tiene como antecedente del video clip moderno a Now esa obra maestra de Santiago Álvarez que aún conserva la vitalidad de un producto artístico. En los años ochenta hubo algunos esfuerzos por realizar videos clip a piezas musicales muy específicas, pero no es hasta la mitad de la década de los noventa que ese género empieza a producirse en una mayor cantidad.

En 1997 con el nacimiento del programa Lucas y de la entrega de los premios homónimos un año más tarde, es que esta forma novedosa de realizar el audiovisual tiene un crecimiento sostenido en Cuba.

A lo largo de este tiempo no son pocos los clip que han sentado pauta como algunos nacidos del talento de X Alfonso, Rudy Mora y Orlando Cruzata, Santana, Julio Cesar Leal, Ian Padrón, Alfredo Ulreta, Bilko Cuervo, Joseph Ross, Ernesto Fundora, Alejandro Pérez, Lester Hamlet, y Joel Guillian por nombrar a un grupo de realizadores.

Desgraciadamente, no siempre el tiempo y la experiencia caminan a favor de la calidad. Creo que este último año no ha sido muestra de aportes sustanciales en general, ni en piezas en particular.

El tratamiento de la mujer, por ejemplo, ha tenido un retroceso: de nuevo el movimiento pélvico de las caderas, los bikines, y “la venta” de la belleza femenina -no el canto a ella- está presente en una proporción que no favorece a las mujeres.

El uso del blanco y negro, como una onda retro, que en algún momento fue novedoso ahora ha proliferado de tal suerte que sin sentido se presentan piezas en esa tonalidad. Una excepción es El vuelo del moscardón, que usa el negro para insertarse de una manera artística en el cine silente y ofrecer un producto que aumenta los valores per se de la interpretación de Aldito López Gavilán.

Coreografías que en un momento fueron atractivas hoy se repiten como modelos recostadas a un poste en busca de una sensualidad que no aparece: demasiadas reiteraciones y pocos aportes.

En los temas de regguetón y hit hop abundan los solares, las tendederas y otros artilugios sin necesidad. Escenografías similares han sido concebidas con ARTE por X Alfonso, y esto sólo es un ejemplo.

Los más jóvenes realizadores de videos clip están “descubriendo el agua tibia” en formas que ya fueron usadas reiteradamente por otros artistas. Tengo la impresión que como el desarrollo es en espiral estamos en la recurva y no en la subida. Quizás sea bueno organizar un taller teórico con realizadores y críticos para escudriñar por donde andamos y que queremos de nuestros clip futuros.

Quiero detenerme en una pieza de Rudy Mora y Orlando Cruzata que no compitió en Los Lucas ¡y es una lástima!. Bajo el título de Te doy una canción el reconocido dúo de realizadores dimensiona tres canciones de Silvio Rodríguez. De nuevo la cámara es la protagonista de una historia femenina en la que aparecen rostros y quehaceres de mujeres científicas (Concepción Campa), músicas (Alina Urraca), actrices (Eslinda Núñez) y de otras manifestaciones en las que han sido reconocidas por su valía. Todas supuestamente tropiezan con una joven que corre por las calles habaneras buscándose a ella misma. Por lo menos esa es mi lectura.

Rudy y Cruzata demuestran una vez más que no existen géneros menores cuando se quiere hacer arte. Claro en esta realización determinan las piezas de Silvio (Llueve otra vez, Óleo de una mujer con sombrero y Te doy una canción) letras y músicas que vivirán toda una eternidad.

No dudo que en muchos de los clip que actualmente se filman, decida el criterio de las disqueras y los músicos. Son ellos los que pagan y por tanto mandan. Si el director necesita el dinero puede aceptar condiciones que lo lleven a un producto mediocre estéticamente pero que “está en onda” con lo que se produce en otros lugares, con más recursos pero banales y burdos.

Como optimismo siempre tengo, espero que en los tiempos por venir mejore la calidad de los videos clip porque buenos realizadores hay en Cuba, lo que se necesita es que quienes produzcan esas piezas tengan conciencia de que puede ser arte o… pura mercancía.

(Tomado del portal de la Televisión Cubana)

Now, de Santiago Alvarez

El vuelo del moscardón, de Aldo López Gavilán