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Elpidio Valdés tiene una asignatura pendiente

Elpidio ValdezLa noche del miércoles 31 de julio estuve en una premier de cine cubano. Fue en el cine 23 y 12. El ambiente, algunos antiguos amigos y el tanto tiempo de no sentarme a disfrutar en una pantalla grande, me hicieron retroceder años atrás, cuando tener una invitación para entrar a una premier, a un estreno, a ver una película en su primera exhibición pública, era un suceso.

Recuerdo que siendo estudiante universitaria, ni soñar con conseguir una invitación. Teníamos la suerte, un grupo reducido, de contar en el aula con Lichi Diego, él tenía invitación, pues su padre era, es y será una gloria de la poesía y la intelectualidad cubana, y su hermano Rappi, trabajaba en el ICAIC, así y todo Lichi solo tenía una invitación, y nos la pasábamos por la rendija de los cristales de la puerta de la Cinemateca hasta que entrábamos todos. Pues la invitación se presentaba, y a nadie se le podía ocurrir quitarle un pedazo al cartón, como hacen ahora para que no la vuelvan a usar, pues eso era, y es, una falta de respeto al invitado.

Por nuestra pequeña travesura de pasarnos la entrada y por otras razones, el cine se abarrotaba, el público se sentaba en los pasillos, entre la pantalla y la primera fila, el caso era ver la película, conocer al director, los actores y el staff que participó en la obra artística.

Quienes peinan canas compartirán conmigo que aquello era por demás un festival de vestimentas desacostumbradas, bufandas, sombreros, collares largos, en fin hasta nos vestíamos (pues no voy a salirme ahora del grupo) con ropa de premier.

Pero esta noche todo fue bien diferente. El cine 23 y 12, recién restaurado (uno de los pocos que goza de esa suerte), debió sentirse muy mal: estaba casi vacío, pues solo acudieron unas 40 personas, contando al director, su familia, sus amigos y los trabajadores del cine.

Ni el director, ni la obra y mucho menos el tema, eran causantes de tanta ausencia de público. Pues se trataba nada más y nada menos que un documental dedicado a Juan Padrón y a Elpidio Valdés. No sé cuántos niños y cuantos adultos que adoran a Elpidio, hubieran deseado estar allí esa noche. ¡En plena etapa de vacaciones!

“Hasta la próxima caricatura”, un documental de la autoría (guión y dirección) de Miguel Torres, es una deliciosa narración de “nuestra historia patria”, es una lección para los niños y una forma agradable de saber cómo ese genio que es Juan Padrón concibió un animado que se enfrentó a los monstruos del Cartoon Network norteamericano y salió por la puerta ancha.

Supimos allí cuánto acerca de armas, de nuestras luchas independentistas, de la vestimenta, de cómo hablaban nuestros antepasados, necesitó estudiar Padrón para entregarnos esa joya multiplicada, pues cada Elpidio tiene una enseñanza, una emoción, absolutamente autentica. Nos enteramos que Juan Padrón y Frank Gonzáles (la voz de Elpidio) se conocieron mientras hacían el Servicio Militar, que desde entonces, fraguaron tantos diálogos que viven en la memoria de todo cubano que se precie de serlo.

A Juan Padrón, no tenemos con qué pagarle los padres y las madres cubanos, por mostrar a nuestros hijos la verdadera historia de la patria, por inculcar en ellos esos valores que tanto añoramos hoy, por hacernos reír y porque un mambí independentista sea la bandera del cine cubano de animación.

A Miguel Torres, quien desde el Noticiero ICAIC Latinoamericano, dedicó su vida al cine patriótico y enjundioso, ese que te deja al final una tarea para estudiar en casa, también debemos agradecer que a esta altura de su vida artística siga escudriñando en la historia, en la patria y en los valores, en un cine que deja mucha satisfacción y pero poco peso en los bolsillos.

Ninguno de los dos se sintió agraviado por la ausencia de público. En la sala había 40 personas que ovacionaron la obra al final.Saben además que el pueblo irá ver este documental y se reirá y aprenderá.

Una señora a la salida del cine abordó al director y le dijo: ¡Lo felicito, no sólo por el documental, sino por un acto de justicia a Juan Padrón, un hombre que tanto ha hecho por los niños de este país!

El tema de cómo es posible que un cine enorme (cuya restauración reciente no quiero ni saber cuánto costó), abra sus puertas, encienda un enorme aire acondicionado, luces, pague a los empleados, etc. para 40 personas, es un asunto a tener en cuenta además.

No queremos llorar sobre la leche derramada y lamentarnos al decir: cuántos niños y adultos se perdieron de disfrutar una excelente noche de cine sin pagar un centavo, pero es preciso anotar estos desafortunados detalles para que no se repitan. Una premier de cine cubano tiene que volver a ser un acontecimiento, al punto de que haya cola, tumulto, interés de la gente, pues si no defendemos lo que hacemos ¿quién lo hará? Una obra artística de cine por muy barata que sea y por muy mal que le paguen a sus autores, cuesta más de lo que cualquiera cree.

No obstante, la última palabra la tendrá el público, que irá al cine Yara y verá a Elpidio, Juan Padrón, Frank González, Irela Bravo, Paco Prats, entre otros, contando la “historia” de nuestra historia. Los 40 espectadores que la vimos en primicia, salimos del cine renovados por haber visto un documental dedicado a un clásico de nuestra cultura y de constatar que la cubaría no se ha marchado del cine cubano. Creemos que entre las muchas batallas que ha librado Elpidio Valdés, le queda una: rescatar las emociones que provocó siempre en los cubanos el cine nacional.

Nota de la Redacción: La Mesa Redonda pudo estrenar este documental el pasado viernes 17 por cortesía de su director.