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“Chico” y Steve

“El béisbol (…) nos ha deparado, a lo largo de toda su historia, momentos gratos e ingratos que recuerdan los aficionados por toda la vida”.
Eddy Martin

Por Nelson Rodríguez y Reynaldo Cruz

Un juego antiespañol y de tendencia insurreccional”, según la Metrópoli, comenzó a ser practicado por muchos jóvenes como Bellán. (Foto: Fordham University Libraries)

Un juego antiespañol y de tendencia insurreccional”, según la Metrópoli, comenzó a ser practicado por muchos jóvenes como Bellán. (Foto: Fordham University Libraries)

En el béisbol, se gana por carreras. Un elenco asegurará la victoria mientras “esté por la goma”. Esa es la esencia de dicho deporte, el cual esperó de 1839 a 1889 para conceder boletos mediante cuatro “malas” y hasta 1880 para “encenderse” de noche.

Había muchas veces, no una, un hombre al que todos le reclamaban jonrones e impulsadas. Admirado si limpiaba las bases a palo limpio. El cuarto madero tenía que darle en la costura. Debía responder con “la casa llena”.

Eso hizo el receptor Esteban Bellán (La Habana, 1850) el domingo 27 de diciembre de 1874, cuando conectó tres cuadrangulares en el triunfo de La Habana sobre Matanzas, 51-9 (siete entradas), en terrenos de la Estancia Blanca o El Palmar de Junco (nunca “del” Junco), en territorio yumurino.

Durante la tarde que oficializó nuestro pasatiempo nacional, sus siete corridas (anotadas) sólo fueron superadas por las ocho del patriota Emilio Sabourín – octavo en la tanda y patrullero izquierdo –, encarcelado por los colonialistas y fallecido en prisión en 1896.

A esta referencia de la pelota “paleolítica”, evolucionando e involucionando desde el strike cantado hasta el Clásico Mundial y la danza de esteroides, llegamos cuando en 2006 se cumplió medio siglo del debut de Osvaldo “Ozzie” Virgil en las Grandes Ligas norteamericanas.

Aparecía en ese circuito rentado el primer dominicano. Dos años después, rompió la barrera racial con los Tigres de Detroit, que tardaron en asimilar la valentía del nieto de esclavo Jackie Robinson, en 1947.

La Oficina del Comisionado de la Major League Baseball (MLB), en abril de 2011, reveló que 86 “quisqueyanos” estuvieron incluidos en los rosters de marzo, la mayor cifra de una nación extranjera en aquella temporada.

Contradictoriamente, el 72,3 por ciento de los peloteros fueron estadounidenses, pero los organizadores de la “Gran Carpa” se empeñan en el apellido terráqueo de la final. Ellos, con su absolutismo, desinterés y fe en la sentencia “dinero llama a dinero”, llevaron a la despedida olímpica, luego de Beijing-2008.

Por el homenaje a Virgil salió a relucir Bellán, primer cubano y latinoamericano que actuó en Grandes Ligas. Conocido como Steve, con 13 años, junto a su hermano Domingo, fue de los adolescentes de la Isla que viajaron a estudiar a EE.UU. a finales del siglo XIX y se fijaron en el entretenimiento surgido en Cooperstown, estado de New York.

A otro joven de aquella generación, Nemesio Guilló, le corresponde el mérito de haber introducido el béisbol en la Mayor de las Antillas, al ser portador de los primeros bates, guantes y pelotas[i].

Bellán comenzó en el seleccionado de la Universidad de Fordham, en eventos colegiales (amateurs) e inició como profesional en la National Association, el 9 de mayo de 1871, perteneciendo a los Troy Haymakers (también vistió la franela del New York Mutual), convertidos posteriormente en los Gigantes de New York y hoy los Gigantes de San Francisco, campeones vigentes de la MLB.

De piel pálida y ojos cafés, lo describe un artículo periodístico. Una foto en sepia, de las de daguerrotipo, datos de su estatura – cinco pies y seis pulgadas –, y peso corporal, 154 libras, son referencias del criollo que en las Mayores, entre 1871 y 1873, disputó 60 cotejos y promedió 252 a la ofensiva, custodiando la tercera base, el campo corto y el jardín central.

Conquistó tres torneos como manager-jugador en la Liga Profesional Cubana, fundada el 29 de diciembre de 1878, segunda del Mundo, antecedida por la Liga Nacional de EE.UU. (1876). Fue exaltado al Salón de la Fama de la Universidad de Fordham, en 1990. Un poco extraviada en el tiempo, la fecha de su muerte está registrada el 8 de agosto de 1932, en La Habana. Pero los cubanos no sólo dieron delante en Occidente.
AL OTRO LADO DEL PACÍFICO…

El carácter amigable de “Chico-san” le aseguró un futuro, al terminar su carrera deportiva. (Foto: Nikkan Sports / Aflo)

El carácter amigable de “Chico-san” le aseguró un futuro, al terminar su carrera deportiva. (Foto: Nikkan Sports / Aflo)

Casi un siglo después del estreno de Bellán,

Su arribo a “La Tierra del Sol Naciente” se produjo tras el primer contacto de la pelota nipona con la cubana – ese mismo año –, durante la visita a La Habana del conjunto Tokyo Giants (Gigantes de Tokio) para un tope de tres encuentros con los Havana Cubans, pactados para los días 4, 5 y 6 de marzo.

El éxito sería para los anfitriones, que aventajaron a los visitantes en el primer desafío, 4-1, con trabajo de Raúl Sánchez, “Salivita”, y en el tercero, 11-1, ganado por Julio “Jiquí” Moreno; mientras caían en el intermedio, por blanqueada, 5-0, ante el estelar lanzador Takumi Ohtomo, quien solamente toleró tres inatrapables.

Ese plantel de la Liga Japonesa compartía escenario con otros 13 colectivos: seis en la Liga Central (incluyendo a los Gigantes) y ocho en la del Pacífico (actualmente son seis en cada una).

Pudo haber sido un impacto negativo para cualquier foráneo el hecho de que los juegos empatados contaban (y aún cuentan) como resultado oficial después del inning 11, y más sorprendente que los conjuntos del Pacífico disputaran 144 pleitos, 14 más que los de la Central (ahora se juega la misma cantidad de partidos en cada circuito).

Peor aún, cuando Barbón llegó a los Hankyu Braves, con 21 años, gracias al esfuerzo del promotor Abe Saperstein, la imagen inicial fue de los japoneses entrenando mientras caía nieve. “Chico-san” – como comenzaron a identificarlo – pensó que eso no estaba hecho para él, pero decidió arriesgarse, y como sus nuevos compañeros, calentó sus manos, colocándolas sobre carbones encendidos, ubicados por todo el terreno.

Su iniciación como intermedista regular fue de ensueño: encabezó la Liga del Pacífico en carreras anotadas (105), empató con Takuji Iida en la punta de hits conectados (163), disparó 13 triples (líder también) y estafó la friolera de 49 cojines en 63 intentos, haciendo gala de la velocidad que caracterizaría su carrera. Causó sensación por su carácter animado (siempre estaba riendo).
Sobre él, la revista The Sports Illustrated, al hablar de los extranjeros en el archipiélago asiático, publicó: “Su bateo es débil, pero su dominio del idioma japonés es bueno, y a los fanáticos de los Bravos (de Hankyu) les gustan sus simpáticas travesuras”.

En esa época, se daba mucho más valor a las habilidades en el corrido de almohadillas, y “Chico” Barbón, a pesar de promediar 241 de por vida, encajó a la perfección. No solo fue el primer latino en esa liga: fue también el primer extranjero en disparar mil inatrapables, y es el máximo robador de bases entre los occidentales, 308 (segundo entre foráneos, detrás de Shosei Go).

Fue además puntero en estafadas tres años consecutivos (1958, 1959 y 1960) y ha sido el último Gai-jin[ii] en “timar” al menos 50 en una temporada. Estuvo incluido en dos equipos Todos Estrellas de la Liga del Pacífico (1958 y 1959), y fue escogido para el Best Nine[iii] en 1958.

Tras su retiro, comenzó una carrera como intérprete, entrenador y funcionario con la franquicia en que debutó, los Kinnetsu Buffaloes (ORIX Buffaloes), tareas que desempeña hasta la fecha.

Hoy, la superestrella de Latinoamérica en esa Liga es el venezolano Alex Ramírez, jardinero de los Yokohama DeNA BayStars. Hasta Omar Linares – con Chunichi Dragons de 2002 a 2004 –, seguido de Juan Carlos Muñiz y ahora Michel Abreu, solo “otros cinco cubanos participaron en campeonatos profesionales de Japón: Humberto Fernández, Román Mejías, Antonio González ‘El Haitiano’, Zoilo Versalles y Orestes Destrade”.[iv]

Jackie Robinson abrió las puertas a los negros y Virgil a “Quisqueya”. Sin embargo, cuando se hable de pioneros, tendrán que mencionar a “Chico” y Steve: ellos labraron el camino a los latinos en las dos ligas más fuertes, a ambos lados del Pacífico.
Bellán y Barbón en cifras
Esteban Bellán National Association (MLB)
Temp JJ AVE HR SLU BR Equipos
3 60 .251 0 .305 5 Troy Haymakers/New York Mutual

Roberto Barbón Pacific League (NPB)
Temp JJ AVE HR SLU BR Equipos
11 1353 .241 33 .320 308 Hankyu Braves/ Kinnetsu Buffaloes
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[i] Martin, Eddy: “Hechos relevantes en la historia del béisbol”, Memorias a los setenta y…, Editorial SI-MAR, 2004, pp. 84
[ii] Palabra que significa “extranjero” en japonés.
[iii] Best Nine: Como en el Béisbol Profesional Japonés se hace un Todos Estrellas por las dos Ligas, el Best Nine viene siendo como un equipo más integral, aglutinando a todos los jugadores, y ubicando al mejor en cada posición.
[iv] Martin, Eddy: “El Béisbol Japonés”, Memorias a los setenta y…, Editorial SI-MAR, 2004, Ob cit. 1, pp. 181