
Foto: Gerry Broome/AP.
Cuatro tazas, cuando tres ya eran multitud. ¿Quién hubiera predicho que los colegiales del norte, recién salidos de perder un tope contra sus similares japoneses, estarían a punto de barrer (y borrar) a la escuadra cubana? Cosas del deporte, que suele irrespetar el cálculo y la lógica.
Los muchachos de Jim Schlossnagle han vivido jornadas muy felices estos días. Mientras el tiempo no demuestre lo contrario, Cuba es un referente obligatorio en el mundillo, y ellos le han asestado cuatro golpes. Sin batear, porque la dinamita no es lo suyo, pero haciendo los otros deberes a la perfección.
Si no es record, se parece bastante: los norteamericanos han ganado un cuarteto de choques con apenas 17 imparables, ninguno de ellos más allá de los límites del parque. Y más escandaloso aún: para sus dos últimos triunfos solo han necesitado seis indiscutibles.
Lo que ocurre es que le han sacado el jugo a su velocidad en el corrido de las bases, hasta robarse 11 almohadillas en el duelo, y su pitcheo ha lucido impenetrable, con abundantes hombres que despiden llamas por el brazo. Han sido, sencilla y llanamente, productivos.
(Aunque distan bastante de la calidad de aquellos universitarios norteamericanos de finales de los años ochenta, estos muchachos, efectivamente, saben jugar a la pelota. Han interiorizado cabalmente el ABC, que son los fundamentos, pero yo insisto en que les falta el DEF, que tan solo despunta con los años. Sería absurdo pensar que el oficio les puede asistir con veinte abriles, porque entonces estaríamos desacreditando el rol de la experiencia en el deporte).
El resumen del juego del lunes tiende a dar la impresión de que hay algún error en la estadística: Estados Unidos, 3 carreras, 3 hits; Cuba, 2 carreras, 8 hits. ¿Cómo es posible esto? Pues muy fácil: el rival hizo el partido con exactitud, exprimiendo situaciones y concentrado a tope, mientras nosotros parecimos colegiales a los que les corrían impunemente, les sorprendían a un hombre en la intermedia o les picaba un elevado a un metro del spike.
Fue la única vez que bateamos de manera aceptable en el dual meet, y la única vez que nos vimos delante por dos anotaciones. Pero los anfitriones remontaron, se fueron arriba, y la oreja peluda de la imprecisión hizo entonces su agosto en la tropa del DT Víctor Mesa.
Así las cosas, los estadounidenses han logrado emparejar su mejor resultado en los topes, que data de 1995 en la otrora muy frecuentada ciudad de Millington, Tennessee. Y lo han hecho con categoría, imponiéndose siempre por una carrera, que es igual a tener la eficacia de preservar cada ventaja mínima, y el sadismo de dejar al adversario con la luz a la vista, ilusionado, para matarlo luego de un desengaño irremisible.
Poco camino queda ya para el tope 2013. Solo un juego, esta noche, donde Cuba tratará de zafarse del nudo marinero que la amarra, para evitar el crecimiento de la injuria. A eso le llaman, dicen por ahí, salvar la honrilla.
Positivo: Irait Chirino, que no se arrugó. Negativo: El trabajo de los receptores. Preocupante: Los pitchers lentos nos matan, y los rápidos nos asesinan. Incomprensible: El permanente desconcierto en las filas cubanas.

Foto: Gerry Broome/AP.

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