Strike 3: Ciudad naranja

Acabo de llegar a Santa Clara, bulliciosa y enervante como una Habana en miniatura, y siento que todo huele –y sabe- a béisbol. O mejor, a play off. En el asiento trasero de los autos: “Villa Clara campeón”. En las cafeterías: “Ahora sí”, en letras grandes y naranjas. En el barcito, ya con la voz gangosa, el tipo: “Voy a comerme, hip, al elefante”.