Ante una polémica permanente
Por José Dos Santos
Vivir la vida es una acción de suma complejidad que se acrecienta con el paso del tiempo. La mas simple, el succionar del seno materno, o aún la primera y espontánea –la del grito-llanto con la que nos anunciamos- se escalona día tras día durante nuestra existencia hasta planos en los que va primando cada vez mas la subjetividad.
Esa consecución de hechos que acompañan al ser humano, máxime si es de los que viven intensamente, puede hacer mas difícil el equilibrio entre el ser material y el espiritual.
Unos, se aferran al primer plano y sólo el estímulo de lo concreto y palpable, que priman en sus motivaciones, lo animan a empeños superiores, llámese ingresos materiales o fama (que le hagan mas rentables sus gestos y acciones).
Otros, se inspiran en lo trascendente e inmaterial, encarnados en conceptos como Patria, Humanidad, Amor y Justicia Social, hasta el punto de inmolarse por una causa o morir por un desengaño.
Esta reflexión algo filosófica me sirve de introducción a un tema recurrente en Cuba y que hoy está en el centro de análisis de diverso tipo y nivel que traduzco en una pregunta: ¿cuál es la motivación (o presión) que hoy tienen nuestros peloteros cuando enfrentan compromisos cimeros como ha sido el Clásico Mundial de béisbol que aún no concluye?
A mi juicio, como aficionado al deporte pero sobre todo al razonamiento, lo que debiera primar en la ponderación de defectos y virtudes es la necesidad de un balance, para que los deportistas (y sus directivos) desarrollen armónicamente todas sus potencialidades en una sociedad singular que no se rige por la posesión de riquezas como patrón de éxito social y tiende a sublimar el factor subjetivo a cotas sin paralelo en ninguna otra parte de nuestro planeta.
Tengo presente un titular de primera página que nombraba al nuestro como “el equipo de la Patria ” y así, en ese tono por esos días, se le trató en casi todos los espacios que se le dedicó –y fueron muchos- con escasas excepciones.
Ahora, en la No Victoria esperada y reclamada, los juicios que se emiten se inclinan mayoritariamente a elementos de índole funcional, que incluyen la concepción, hábitos y carencia de sólidas bases; han ido desde la falta de concentración o presión a ignorar el abc del juego (con esto último no estoy de acuerdo porque no es lo mismo no saber que no aplicar lo que se sabe –sabemos la gran mayoría de los cubanos sin ser peloteros semiprofesionales).
Pero no he leído ni oído un enfoque sobre lo pernicioso que puede llegar a ser la excesiva presión del factor ideológico-patriótico-propagandístico sobre nuestros representantes.
Y me nace un paralelo: si el equipo de béisbol venezolano decepcionó en este Clásico, a nadie se le ocurrió decir: Venezuela perdió; y ellos tenían razones, como parte del pueblo, para estar conmocionados y erráticos, aunque no todos fueran chavistas.
Hay muchas aristas para abundar en esta materia pero me limito a opiniones expresadas y a tener en cuenta como, en el campo subjetivo, “no juegan con alegría”; o el orden material, “garantizar condiciones básicas para el desempeño”; u otras que combinan ambas esferas: “alentar y formar peloteros desde la base infantil”.
Encontrar el justo medio para avanzar es el gran desafío (no sólo) del béisbol cubano.
Jds/14.03.2013