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Una herida -¡por fin!- a Sato Ichi (+ Video)

Despaigne (derecha) celebra su jonronazo decisivo junto a Bell.

Despaigne (derecha) celebra su jonronazo decisivo junto a Bell.

Como la última impresión pesa sobremanera en la retina, ya me he encontrado a dos o tres vecinos lamentando lo sucedido en el noveno inning contra el Samurai Japan. Dicen que Víctor no debió relevar a Norberto, que faltaban dos outs, que “¿para qué inventar?”...

Juro solemnemente que yo apruebo la decisión del manager. Voto con las dos manos por esa alternativa de probar a los jóvenes en este desafío, en especial debido a que ganábamos por seis carreras a falta de tan solo un par de outs. Si no se hacía en esa circunstancia, ¿cuándo entonces?

Lo que pasa es que la apuesta salió mal. Lo que pasa es que Raicel Iglesias, autoritario ante los graderíos desiertos del choque con Brasil, no pudo controlar sus lanzamientos esta vez, a casa llena. Y que Darién Núñez continuó divorciado del plato. Pero eso, como dice mi buen amigo Adrián, está en el juego.

En lugar de quejarse porque la lechada se nos fue de las manos, debieran mis vecinos estar satisfechos –y bastante- con esta victoria, la primera que Cuba consigue en Clásicos Mundiales sobre su ‘bestia negra’ de Japón. El equipo que la venció en el duelo decisivo en 2006. El que le propinó dos golpes y la privó de estar en la semifinal de 2009.

Para mi gusto, fue un triunfo contundente. El bateo le anotó a cuatro de los cinco monticulistas japoneses, funcionó el abridor Wilber Pérez, funcionaron también Yander y Norberto, y el sofocón del cierre se debió –seguro estoy- a la amplia ventaja en el score. Mis amigos: con un choque reñido, o Norberto habría proseguido en la lomita, o Vladimir se habría encargado del reemplazo.

El ataque antillano, de diez hits, lo presidió otra vez la fuerza. Ese elemento que yo siempre dignifico por encima del ‘juego chiquito’ que tanto postulamos hoy. Un ‘juego chiquito’ al que no podemos renunciar en modo alguno, pero que no podemos aceptar en calidad de dogma o necesidad imperativa, como si fuéramos asiáticos y no lleváramos poder en las muñecas.

Los extrabases resolvieron la ecuación. Dos jonrones descomunales, de Tomás y Despaigne, sumaron cuatro anotaciones en la registradora. Un doble de Cepeda trajo otra. Y el tubey de José Miguel Fernández estuvo involucrado en la restante.

Al parecer resentido de su lesión en el dedo, Alexei Bell no alineó como titular –aunque se dijo que está apto para la próxima salida-, Yulieski ocupó la vacante en el segundo turno y Tomás patrulló el bosque derecho. No hubo más modificaciones en el line up de Víctor. En cambio, su homólogo Yamamoto introdujo cinco variantes con respecto al equipo que presentó en el debut versus Brasil.

Las ausencias más visibles fueron las del peligrosísimo Uchikawa, tercero en el orden, y Kakunaka, líder bateador de la División Pacífico en la última campaña japonesa. Mientras, la inclusión principal recayó en el catcher Shinnosuke Abe, capitán y estrella de la escuadra, que dejó el cuño de su categoría con dos largas conexiones a los jardines y un metrallazo que el camarero Fernández degolló brillantemente.

El mentor anfitrión también echó mano de Kazuo Matsui, el único jugador del grupo con experiencia en la pelota profesional estadounidense, quien fue tempranamente sustituido luego de errar en el intento de avanzar a un compañero. (Por cierto, el gigante Abreu engrosó hoy la relación de sluggers cubanos que han intentado inútilmente el toque).

En el capítulo de las consideraciones, quedamos en evidencia ante Tanaka cuando éste comenzó a depender del tenedor y la sinker (nos dio cinco ponchetes en fila); a Eriel volvieron a avanzarle impunemente con el robo; Yulieski siguió en deuda, víctima de la descoordinación en el swing; y Heredia, el hombre proa, se fue en blanco tres veces, con un pelotazo.

Tomás, un debutante en la plantilla, sentó cartas credenciales con un prolongado cuadrangular que desequilibró la pizarra, aunque posteriormente digirió dos estrucados (Cuba recibió un total de diez, tres de ellos a la cuenta del Grillo Arruebarruena). Por su capacidad para producir carreras, el fornido industrialista hace falta en la nómina, pero delante tiene a Bell, pelotero de la gorra a los spikes, experimentado y oportuno. ¿Sacrificar a Heredia? Yo lo haría. Usted, quizás. Pero el manager se llama Víctor Mesa, y es quien manda.

Párrafo aparte para el yumurino Fernández, que ha respondido de maravillas a la responsabilidad con cinco imparables en siete turnos oficiales. No se trata de un tercer bate natural, pero –todo sea dicho- dispone de un sistema de bateo muy completo. De los mejores del conjunto.

¿Quién nos espera en el camino? Holanda, el monarca universal vigente de la IBAF. Que no es la misma Holanda que apaleamos (11-2) en el primero de los Clásicos. ¿Y quién vendrá después? Algún rival del Asia, ora China Taipei, ora –otra vez- Japón. Lo seguro es que, contra cualquiera de esos oponentes, la tribuna será adversa, y la presión se multiplicará por tres.

Eso, conservadoramente hablando.

Positivo: Por fin se le ganó un juego a Japón. Negativo: El marcado descontrol de Iglesias y Núñez. Preocupante: Nos han robado ya tres bases (que serían cuatro, si el árbitro de segunda no se equivoca a favor nuestro en el duelo con Brasil). Incomprensible: Encomendarle el toque de bola a José Dariel Abreu.

Vea: Despaigne, tres carreras con un swing