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Bajo la Lupa: Designados, he aquí otro problema

Junco, un designado paradigmático.

Junco, un designado paradigmático.

Excepto porque siempre ocupa un lugar en la hoja de anotación, el bateador designado ya no suscita la atención del momento en que fue introducido en la pelota cubana y mucho menos de la época de oro del béisbol aquí (las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado), cuando los peloteros marcados en los libros estadísticos con las iniciales BD eran sinónimos de mucha, versátil y poderosa ofensiva.

Dígase bateador designado en Cuba y no media mucho esfuerzo de la memoria para nombrar a Lázaro Junco, Romelio Martínez y Orestes Kindelán. Dígase bateador designado y sin hacer un gran ejercicio de remembranza, aparecen los nombres de Reemberto Rosell y Amado Zamora.

Hablar de bateador designado aquí, era hablar de jugadores con el talento para causar grandes destrozos en más de la mitad de sus comparecencias, ya sea con ofensivas robustas, limpia bases, o con la habilidad de llegar sistemáticamente a las almohadillas y recorrerlas como si se tratara de un paseo por el Malecón de La Habana. Era hablar, ni más ni menos, que de ofensiva desequilibrante y decisiva, la legítima razón de ser del bateador designado.

(Igual a como ocurre hoy en la pelota profesional de Estados Unidos con la polémica en torno a definir cuál ha sido el mejor designado de Grandes Ligas, si David Ortiz, Edgar Martínez, Frank Thomas o Paul Molitor, también hubo aquí una polémica similar en aquel momento de esplendor).

Antes de convertirse en jugadores netamente ofensivos, Junco, Romelio y Kindelán, Reemberto y Zamora, se desempeñaron a la defensa con regularidad durante los primeros años de sus carreras, y solo porque mermaron sus habilidades con el guante, o porque aparecieron jugadores más virtuosos, solo por eso pasaron a la "pasividad" del designado.

Y siempre se pararon cuartos en las alineaciones de Henequeneros, La Habana y Santiago de Cuba. Y siempre aparecieron bien arriba de las ofensivas de Cienfuegos y Villa Clara.

Otros jugadores sobresalientes prolongaron la vida activa y agrandaron aún más sus números refugiándose en la posibilidad de actuar como designados. Pongamos por caso a Pedro Medina, Fernando Sánchez, Luis Ignacio González, Lourdes Gourriel o, para mencionar a dos del último decenio, Isaac Martínez y Enrique Díaz.

Hay una anécdota en Grandes Ligas que ejemplifica el temor por los destrozos que podría provocar un bateador designado. No la recuerdo con exactitud, pero es más o menos como sigue: lesionado Barry Bonds, un lanzador contrario a los Gigantes de San Francisco advertía que había que acabar con cada uno de los turnos ofensivos del bateador designado, antes de que reapareciera el toletero. "Cuando regrese de la operación dudo mucho que sea el mismo para correr en las praderas, pero en el DH tiene un lugar reservado para hacer temblar a los pitchers", dijo.

¿Se olvida que para hacer un line up más ofensivo, las selecciones nacionales, con Armando Capiró, Agustín Marquetti y Antonio Muñoz en sus plantillas, utilizaron a Muñoz como designado en el principio internacional del Gigante del Escambray? ¿Alguien puede negar que Jorge Fuentes logró una alineación más mortífera aún en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, al colocar a Lázaro Vargas como bateador designado?

De aquellos tiempos a esta parte, la verdad, el panorama cambió del anverso al reverso. Ahora no se sabe qué esperar de los bateadores designados. Tantos como son, advertimos una subvaloración de esa responsabilidad; tantas posiciones de importancia menor ocupan, que suponemos cierto menosprecio por su jerarquía; y hasta nos cuesta revelar muchas veces cuál criterio siguen los directores técnicos para colocar a un bateador en lugar del lanzador. Y eso que en Cuba, a diferencia de Estados Unidos, no hay cuestionamiento alguno acerca de su utilización o no...

La mudanza de los Astros de Houston de la Liga Nacional a la Americana en 2013, provocará la repartición de 15 equipos en cada uno de los circuitos de Major League Baseball (MLB, siglas en inglés de las denominadas Grandes Ligas), e indujo a la reconsideración especializada acerca de las virtudes y defectos del bateador designado para el juego, además de poner en el tapete la necesidad de establecer una regla única para ambas ligas.

Aquí no es asunto de cuestionamiento. El bateador designado, introducido el seis de abril de 1973 cuando en el Yankee Stadium, el zurdo Ron Blomberg recibió una bola de Luis Tiant, se extendió por todo el planeta beisbolero y en Cuba se incrustó en las hojas de anotación hasta el día de hoy y, al parecer, para siempre.

"No conozco el béisbol sin designado. No viví los momentos en los que lanzadores bateaban en nuestra pelota. La referencia más cercana es la Liga Nacional en la MLB, y aunque me provoca cierta curiosidad, no me complace del todo. El designado, sin dudas, multiplica el espectáculo y aumenta la tensión de la principal batalla del béisbol: la que se establece entre lanzador y bateador", así lo ve el periodista Dayán García, especialista de deportes en la revista Bohemia.

"Yo me decanto porque haya bateadores designados. Me encanta la Liga Americana por sobre la Nacional, en la que los pitchers tiene que estar tocando frecuentemente; aquella es más ofensiva precisamente por el bien que le hacen los designados al juego", considera Yasiel Cancio, cronista de Prensa Latina.

Yo, además, pienso y digo lo que un conocido de estas páginas, el joven Carlos Manuel Álvarez: el béisbol ya tiene muchas tácticas, ya cuenta con suficiente escaramuzas y batallas estratégicas para pensar que será más rico porque se deje batear al pitcher.

Es opinión generalizada entre aficionados y especialistas de todas las generaciones, que el designado fue un revulsivo para el juego ofensivo y posibilitó a los pitchers, en una posición tan importante, olvidar su preparación ofensiva y especializarse en el arte de lanzar.

Llegado a este punto, puedo decir que el bateador designado, aquí y ahora, no está en peligro de extinción. Lo que sí resulta incomprensible, insisto, es que en las Series Nacionales se subvalore, menosprecie o desconozca su importancia en el juego de pelota.

(Antes de continuar, quiero poner entre paréntesis que, aunque apoyo la presencia de bateadores designados en los line ups, creo que ello es uno de tantos elementos que posibilitan la llegada al certamen de peloteros con carencias defensivas muy grandes o retrasos en el aprendizaje de los principios básicos de este deporte).

Alexis Rúa, otro joven dedicado a la crónica del béisbol, editor de la página web de Islavisión, tampoco concibe el juego sin bateador designado y explica su parecer de modo profuso: "Es un elemento importante dentro de la alineación, pues se puede emplear un jugador de fuerza, impulsador, o uno más de contacto, rápido entre bases y buen tocador. Creo que es más útil un bateador de largo alcance, capaz de remolcar hombres en circulación, pues el principio del béisbol es anotar tantas carreras como sea posible. En la Serie Nacional a veces se aprecian bateadores designados con bajos promedios ofensivos y poco impacto en la producción de carreras, lo que sin dudas les convierte, más que en una fortaleza, en una debilidad para el conjunto".

Y para concordar con él, para apoyarle, les propicio un botón de muestra. El primer martes de diciembre, en el juego que Mayabeque perdió ante Holguín en el Calixto García, los designados respectivos resultaron el novato Dariel Oliva y José Antonio Castañeda, colocados en los puestos siete y nueve de sus alineaciones.

Hay más. En apenas las dos primeras subseries, hasta 44 bateadores se enfundaron la casaca del designado, con un pobre bateo combinado de .245 (89 hits en 363 veces al bate), un jonrón, 16 dobles, 4 triples, 25 impulsadas, 37 anotadas, 58 ponches y 44 boletos.

Aunque no lo parezca, la tendencia es un signo de los tres últimos lustros, escandalosamente expreso en las más recientes Series, en primer término por la cantidad de beisbolistas con al menos una vez al bate como designado. A saber, en la Serie 47 fueron 174 jugadores, nada menos que 211 en la 48, 159 en la 49, hasta 173 en la Serie de Oro y, hace una temporada, en la 51, se llegó a 195.

Como puede suponerse, tamaño desfile no aporta los estándares de rendimiento exigidos, y técnicos y aficionados han quedado decepcionados por igual en los más de los juegos.

De modo global, los 195 designados de la campaña anterior rindieron para .275 (1 664 hits en 6 055 veces al bate), con 170 jonrones, 238 dobles, 25 triples, 880 impulsadas, 870 anotadas, 869 ponches y 732 boletos. Parecen números grandes, pero no lo son, se quedan por debajo de la media del campeonato en las estadísticas positivas y por arriba en los guarismos negativos.

Las hojas de anotación de las temporadas más recientes denotan que la mayoría de los designados no cumplen con sus cometidos y, lo que es peor, los directores no saben cuáles jugadores se desempeñan mejor como designados, o simplemente no le conceden importancia a dicho rol.

Cienfuegos, digamos, alternó maquinalmente a sus dos receptores en el puesto, a pesar de que hay matices en el rendimiento de uno y otro. Y tanto Osvaldo Arias como Adir Ferrán perdieron slugging las veces que jugaron a "tiempo parcial". Más crítica es la situación en Camagüey, novena que ha tenido hasta 69 designados en las cinco temporadas anteriores. Esto, sin que se hayan podido combinar para más de 41 impulsadas y ocho jonrones como promedio anual en todo el lustro.

¿Qué opinión les merece un designado que promedie .205 en 117 veces al bate, con dos jonrones, 11 impulsadas y 23 ponches -el doble más uno de los boletos recibidos? ¿Cuál fue ese jugador? Llámenlo Lerys Aguilera y colóquenlo en el line up del equipo Holguín de la Serie de Oro (sé que estuvo aquejado de lesiones entonces, pero esa peculiaridad solo desacredita la capacidad del DT para armar la alineación).

¿Cómo evalúan a un designado que promedió .231 en 260 veces al bate, con siete cuadrangulares y un número de ponches superior a los de impulsadas y anotadas? Es de los Indios de Guantánamo, rindió así en la Serie 51 y se nombra Vismay Santos.

Armando Johnson, el DT con más años de dirección entre los que trabajan en el actual clásico doméstico, cree que el designado es una pieza angular a la hora de construir una alineación, e incluso considera que un buen bateador designado ayuda al equipo en su puesto ofensivo y desde la banca.

"El bateador designado es una variante positiva, su implementación permitió darle un voto ofensivo a los line ups y a su vez cuidar a los lanzadores, ya que ellos son una parte más que importante en el juego, y exponerlos a un turno al bate pone en riesgo su continuidad en el choque. Yo en lo personal apostaría por un hombre de fuerza, capaz de traer carreras, un clásico cuarto o quinto bate, aunque esta decisión esta sujeta a las posibilidades que te da la banca", argumenta el estratega.

Por su parte, Alexander Ramos, ex segunda base y bateador de .339 de promedio ofensivo en la pelota cubana, lo ve de este modo: "Es una pieza importante dentro de un equipo de béisbol, es un jugador que debe estar muy concentrado en cada turno, debe ser observador, paciente y agresivo, no solo para ser capaz de traer carreras o llegar a las bases, sino también para ayudar a los compañeros a descifrar al pitcher. Tuve la oportunidad de ocupar ese turno como jugador, mi experiencia fue poca, pero siempre tenía que estudiar mucho al lanzador, algo que hice en toda mi carrera y sobre todo concentrarme en que lo que necesitaba el equipo en el momento de mi turno".

Escuchados estos testimonios, comprobado el fin práctico (ayuda a evitar lesiones de los lanzadores al tratar de batear o correr las bases), demostrado el fin deportivo (ayuda a dinamizar el juego y lo provee de espectacularidad ofensiva), no comprendo cómo el bateador designado ha caído en descrédito en la pelota cubana.

¿A qué se debe? ¿Ha bajado su valor ahora que las precariedades del pitcheo permiten que demasiados jugadores burlen las cercas y conecten .300 o más? Quizás la respuesta exija un estudio minucioso y hasta una encuesta a los directores técnicos y los propios jugadores. Pero yo respondo SÍ, con mayúsculas, a esa pregunta. Y agregaría que este bateador se ha convertido en una figura decorativa en muchas alineaciones, porque a las Series Nacionales ya no llegan la cantidad de sluggers y bateadores habilidosos que antes llegaban.

Entre tantas alarmas que salpican el torneo, el problema de los designados tiene derecho a la palabra.